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Sin
ánimo de Borbón El
verano, que todo lo verde lo seca, actúa impasible de igual modo ante la
información cultural en la prensa. He observado, desde la distancia estival,
cómo algún diario no dedicaba ni una sola página a cultura algún día. En
Córdoba el 17 de agosto, por poner un ejemplo, una de nuestras cabeceras lo
hizo, o mejor dicho, lo dejó de hacer. El
verano se llena de festivales de música por toda la geografía peninsular o
exposiciones al aire libre de grandes esculturas. En el interior más caluroso,
apenas espectáculos para el turista casual que, sin presupuesto para safaris
por el continente más al sur, decide inspeccionar la fauna de grillos que nos
acompaña estos meses por la tierra de la alegría. Dos primeros párrafos que
no pretenden justificar mi inactividad en este tiempo, sino preludiar el cambio
de tema que voy a hacer. Tengo otra justificación: el descanso. El
cambio de tema se produce porque este verano, como cuando hay Olimpiadas, el
mundial de baloncesto de Japón nos ha refrescado a pesar del mundial de
fútbol. No suelo cambiar de tema, pero he aguantado estoicamente en silencio
ante la transferencia de inteligencia que Zidane le hizo a Materazzi en el
corazón, y quien me conoce sabe que de espaldas le doy un aire al dios galo... Hubiera
podido escribir un libro sobre ese momento cumbre para terminar una carrera
deportiva: cuando la generosidad del francés hizo que le transmitiera toda su
sabiduría al duro corazón cazurro italiano, pero me callé y hablé de
cultura. A pesar de la literatura deportiva que salió de la pluma de Vázquez
Montalbán entre otros, cultura y deporte unidos siempre. Pero
esta semana, cuando leí en una pancarta de la final de Japón “Metatarsiano
es griego”, comprendí que la literatura y la poesía sobrepasan el deporte, y
en esta ocasión tengo la licencia de comentar la magia del primer fin de semana
de septiembre, donde creo que hay que hacer una reflexión profunda sobre lo que
hemos creado con el fútbol y de dónde ha salido todo este concepto de
"equipo" del baloncesto. Y
la segunda reflexión es los comentarios sobre la no asistencia de la familia
real en la final. Gracias Majestad. Para una vez que no van a animar, y ganamos.
Que no digo yo que sea causa suficiente para proclamar la tercera república,
pero da un poco de yuyu que haya pasado así. No aparecen y machacamos a Grecia.
Que levante la mano quien haya visto a una selección española de cualquier
disciplina ganar así, sin sufrir, celebrando diez minutos antes del
final. Recordemos
que fue abandonar Urdangarín la selección de balonmano y ser por primera
vez campeones del mundo. Que no digo ni que sí ni que no, pero ¡buf! que mi
libro no lo compren.
www.cordobainformacion.com
7 de Septiembre de
2006