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Se necesita un muerto


Carmen Torres Ripa

IzaroNews 16 de Noviembre de 2006

Quizás sea usted, o su amigo. Tal vez su hermano o su hijo. Hasta es posible que su padre. ¡Qué más da el nombre! Cualquiera sirve para ser el siguiente, el propietario de la barca sin pescador. Un ser anónimo, necesario y sin apellidos. De vueltas al globo de la tierra -a la geografía de su país, de su provincia, de su ciudad- y pose el dedo en el vacío. Allí, en ese punto que usted no conoce, morirá una persona. Morirá por usted. Hace falta un muerto, el que sea, para justificar esta locura colectiva que nos arrastra como una ola furiosa.

Usted, sin saberlo, pasea por la playa indiferente a la tormenta. Usted, un ser humano tranquilo, es molesto para el día y para la noche, para el viento y para la lluvia. Usted que no se mete con nadie, usted sirve. El anonimato borra las huellas en la arena. Nadie notará su ausencia y su cuerpo es tan necesario sin usted que será la próxima víctima.

Nada tiene sentido.

Cada uno de nosotros somos una pieza de puzzle que no se acaba nunca. Estamos en una tablero sin modelo. Es igual ser cielo, mar, campo verde, campanario de iglesia o abeto alpino. Somos fragmentos sin dueño. Pertenecemos a una comunidad sin entrañas.

¿Qué objetivo defenderán sin su cadáver?
¿Hacia dónde irán sin su funeral?
¿De qué hablarán desde la tribuna política?

La vida, la vida de cada día, para un gran número de seres humanos, no tendrá sentido si usted no está dentro de un ataúd. La bandera que lo envuelva es lo de menos. Los colores se difuminan con el fanatismo. Es urgente que dos tiros en el corazón o unos gramos de goma-2 en su coche lo eliminen cuando antes. Las reivindicaciones quizás despedacen su honorabilidad, pero a usted ya le dará lo mismo. Será de todos y de nadie. Se necesita un muerto. El autor será anónimo y usted, que siempre ha querido la paz, se convertirá en paladín de la guerra con el único objetivo final que la misma guerra.*

No, desengáñese, nadie quiere la paz.
La paz es incómoda, molesta.
La paz no interesa a nadie.
La paz no es rentable.
¡Viva la locura!

Vuelven las hogueras de la Inquisición, los juicios de Dios, los odios vengativos.
La paz no merece la pena.
La desilusión se ha comido las esperanzas.

Entre todos estamos preparando un patíbulo para quemar la paz y usted, un inocente que quiere la comprensión, será la antorcha que encienda la mecha.

Necesitamos un muerto.
Le necesitamos a usted.

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