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Sáhara, treinta años de dignidad
Eduardo Silva Bafaluy
Diario de León 25 de Febrero de 2006
Los cientos de niños
saharauis que cada verano son acogidos por familias leonesas nos recuerdan,
con su mirada profunda y sus cuerpos delgados, una deuda histórica que el
estado español tiene con el pueblo saharaui.
En 1955 España ingresó en la ONU con el compromiso de acatar todas sus
resoluciones, entre ellas las que garantizaban el derecho de autodeterminación
de las colonias africanas. Sin embargo, en 1958 le da el carácter de
provincia al Sáhara Occidental, intentando mantener ese territorio.
Entre 1954 y 1962 acceden a la independencia los países limítrofes:
Marruecos, Túnez, Mauritania y Argelia y ya en estos años 60 comienza la
reivindicación nacional en el Sáhara. El 17 de julio de 1970 los servicios
secretos españoles descabezan al movimiento clandestino saharaui haciendo
desaparecer a Sidi Brahim Bachiri, su líder, cuyo paradero se desconoce hasta
hoy. Aumentaba la represión, a través de la Legión, traduciéndose en
muertos y desaparecidos.
En ese mismo periodo, España se compromete ante la ONU a realizar un referéndum
de autodeterminación entre la población saharaui, pero paralelamente inicia
la explotación del fosfato en Buckraa, firmando créditos con entidades
financieras internacionales como la Banca Rockefeller o la alemana Krupp,
encargada de gestionar la línea transportadora de Fos-Buckraa desde el
yacimiento hasta el puerto, vigilada por los legionarios españoles.
En 1967 España instituye un «parlamento títere» local (la Yemaa),
eliminando las instituciones tradicionales de gobierno saharaui: el Consejo de
los Cuarenta o «Aid Arbain» (40 manos). Ante esta eliminación de su poder
tradicional, la población saharaui responde de forma pacífica y crea la OALE
(Organización de Avanzada para la Liberación del Sáhara).
Posteriormente, el 10 de mayo de 1973, se funda el Frente Polisario (Frente
Popular de Liberación de Shagía Al Hambra y Río del Oro). Por esa época,
Franco y varios de sus ministros viajan a El Aaiún y declaran que el
territorio y sus recursos pertenecen exclusivamente a la población saharaui.
Pero a la vez crean un partido fantasma, el PUNS (Partido de Unificación
Nacional Saharaui) intentando contrarrestar al Frente Polisario. El Secretario
General del PUNS acabaría siendo ministro marroquí y Alcalde de El Aaiún
ocupado por Marruecos.
En el verano de 1975 visita el Sáhara una Comisión de la ONU con el fin de
conocer las aspiraciones del pueblo saharaui. Dicha Comisión iba a ser
recibida por una gran manifestación preparada por las autoridades españolas
en El Aaiún. En el momento clave, todos los manifestantes cambiaron las
banderas del PUNS por las del Frente Polisario. El escándalo y la demostración
de fuerza del Polisario fueron enormes.
Eran años en que la situación interna en España era muy inestable; Franco
estaba agonizando y la coyuntura favorecía las ansias expansionistas de
Marruecos (apoyadas por Francia y Estados Unidos). El entonces príncipe Juan
Carlos viajó a El Aaiún y prometió a los saharauis que les apoyaría para
conseguir su derecho a la autodeterminación. Pero, tan sólo unos días después,
el 14 de noviembre de 1975, España firmó con Marruecos y Mauritania el
Tratado de Madrid, por el que se repartía entre estos dos países el
territorio del Sáhara Occidental.
Los saharauis, con el Frente Polisario a la cabeza, se levantaron contra esta
traición. En los días siguientes la mayoría de la población, escapando de
los bombardeos con napalm y fósforo blanco de la aviación marroquí, se ve
obligada a huir. Miles de niños, mujeres y ancianos tuvieron que recorrer a
pie kilómetros de desierto, sin saber a dónde dirigirse y acosados por los
ataques aéreos. Paulatinamente se van instalando en los campamentos de
refugiados de Tinduf, en el desierto argelino, donde intentan sobrevivir desde
entonces más de 200.000 personas en condiciones infrahumanas.
El Sáhara es dividido en dos: una parte ocupada ilegalmente por Marruecos (un
60% del territorio y la mayoría de las ciudades importantes) y otra parte
liberada y controlada por el Polisario.
El 27 de febrero de 1976, hace ahora 30 años, en la noche del desierto de
Birlehlu, se proclamaba la República Árabe Saharaui Democrática, en plena
guerra de liberación contra los ocupantes marroquíes y mauritanos. El Uali
Mustafa fue el primer presidente de la RASD, murió en una acción militar del
Frente Polisario el 9 de junio de 1976 en Nuackchott, Mauritania y es desde
entonces el héroe mítico de la resistencia saharaui.
El 14 de noviembre de 1976 visita los campamentos de refugiados Felipe González
y en Rabuni promete una apoyo incondicional a la RASD cuando fuese presidente.
En 1982, los saharauis pudieron comprobar de nuevo el escaso valor de las
promesas de los dirigentes españoles.
Mauritania se retira pronto del conflicto, ante las victorias de los saharauis
que se acercan incluso a su capital, y firma la paz con la R.A.S.D. Pero
continúa la guerra con Marruecos y sólo se firma un «alto el fuego» en
1991, auspiciado por la O.N.U. y con la garantía de celebrar un referéndum
de autodeterminación entre la población saharaui.
Desde ese momento han transcurrido 15 años y no se ha avanzado nada.
Marruecos retrasa, obstruye y dilata el proceso del referéndum con el
objetivo de legalizar su ocupación del Sáhara Occidental. Se siente fuerte y
ya no habla de autodeterminación, sino de una autonomía limitada para los
saharauis.
Mientras tanto, la represión marroquí se ceba sobre la población del Sáhara
ocupado: toda familia tiene un secuestrado, desaparecido, torturado o
encarcelado entre sus miembros. Se hacen tristemente célebres las prisiones
de Galat-Maguna o Agdis en el sur de Marruecos. Pero ello no ha impedido que
la «intifada saharaui» surja en la zona ocupada frente a la represión y a
la llegada de miles de colonos marroquíes a los que su gobierno pretende
entregar las casas y las tierras saharauis. Treinta años después, la RASD
forma parte de la Organización para la Unidad Africana y está reconocida por
80 países. Sin embargo, España, su antigua metrópoli, ha sido incapaz de
ejercer un papel similar, por ejemplo, al de Portugal con Timor del Este,
apoyando sin reservas el derecho a la autodeterminación de su antigua
colonia. Ésta es la deuda histórica de nuestro país con los saharauis y sólo
multiplicar la solidaridad y la presión de la ciudadanía sobre el gobierno
puede hacer que esa deuda se pague con justicia de una vez.