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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia.
Juan Carlos
«El Rey»
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Ruido de sables
José A. del Valle Lavandera *
La Nueva España 16 de Enero de 2006
Después o -mejor
dicho- al calor de las declaraciones públicas en un acto de la Pascua militar
del teniente general Mena, una asociación militar, 50 militares en la reserva o
retirados de su promoción, mas algún militar a título individual, apoyan
estas manifestaciones claramente golpistas. No conviene excluir de este
correlato el papel, triste papel, del PP y de los obispos (estoy esperando que,
desde los púlpitos, convoquen manifestaciones contra el golpismo). En fin, los
que llevan pensando desde 1977 que al final todo se soluciona con las
metralletas o con tanques más o menos modernos, todos aquellos que auspician
tergiversando la historia, tratando de justificar los asesinatos del franquismo,
convirtiendo a las víctimas en verdugos, queriendo hacer ver que en realidad no
fueron asesinados vilmente por la dictadura miliar sino que prácticamente se
suicidaron, como en el chiste de Gila, yo les doy las balas y ustedes se las
reparten, en fin, esta derecha, extrema derecha en realidad, que suscribe con
alegría la frase de Millán Astray «¡Muera la inteligencia, viva la muerte!»,
matizo, la muerte de los demás, de los que no piensan como ellos, naturalmente,
sigue en sus trece, con Dios de su lado, con la clara intención de secuestrar
la voluntad popular, de encarcelar la voluntad de los pueblos, de convertir el
Estado español en un campo de concentración.
Ruido de sables, la democracia española sigue en libertad vigilada. Si pensábamos
que nuestra voluntad expresada en las urnas era el fin, el cierre del círculo
de la libertad, estábamos muy equivocados: es el Ejército, las Fuerzas
Armadas, el que en realidad tiene la última palabra. Ellos deciden qué es
constitucional o no, ellos deciden si un Gobierno sirve o no sirve, si sus órdenes
son justas o no. Ellos, armados hasta los dientes, y estos sí de armas de
destrucción masiva, son los que deciden la voluntad general, no los estamentos
con los que la sociedad se ha dotado para definir su ordenamiento jurídico. Que
nadie se equivoque, seguimos en libertad vigilada, nos dejan ejercer una serie
de elementos formales de libertad, siempre y cuando ellos nos den permiso.
Todo el esfuerzo que desde el 23-F de Tejero y los tanques de Miláns del Bosch
en Valencia se había realizado para contarnos las maravillas que realizan las
Fuerzas Armadas en el extranjero, las tareas de paz y de ayuda a los pueblos
necesitados, esta nueva versión de los ejércitos, ha saltado hecha añicos al
final. No todos, por supuesto, se ha visto la verdadera cara del papel de los
cuerpos de coerción del aparato del Estado, decía Gramsci en los «Cuadernos
desde la cárcel» que ante la situación por la que no se aceptaba el consenso,
por individuos o grupos, el aparato coercitivo del Estado establecía sus reglas
finales, sus elementos represivos que abarcaban a toda la sociedad y ahí se
acababa el consenso, no es una literalidad la cita, sino una síntesis del
discurso gramsciano. En último término siempre quedan los cetmes para meter en
cintura, no solo a los díscolos, sino a toda la sociedad. Encarcelar la
voluntad popular es una inclinación, parece ser que insuperable para ciertos
sectores de las Fuerzas Armadas, y todo esto en el siglo XXI, formando parte de
la Unión Europea, de una Europa en paz y en democracia, algunos quieren volver
al pasado, quieren hacer retroceder al Estado español a épocas que no serían
admitidas en la UE, quieren hacernos volver a la autarquía, en sus delirios de
dueños del cortijo, en realidad no les importan el Estado español ni su
sociedad civil, lo único que les interesa es el poder, el que marcan
personajes, también de uniforme, como Franco, Videla o Pinochet, uniformados de
renombre cuyo currículum de genocidios, asesinatos, desaparecidos y demás
tropelías, sería imposible reproducir aquí. Éstos y no otros son los ídolos
de un sector de las Fuerzas Armadas, más grande o más pequeño, no lo sé,
pero en última instancia, sector, parte de un estamento del Estado, de unos
funcionarios, que se creen en el derecho, cuando no en la obligación mesiánica,
de decidir en lugar de todos los españoles. ¿Se imagina alguien a los
funcionarios del Ministerio de Sanidad (es un ejemplo, que nadie se ofenda)
advirtiendo, que si no se hace lo que ellos quieren, invadirán Cataluña,
Euskadi o Galicia? No, nadie se lo imagina, es absurdo. ¿Por qué? Aparte de
que son parte de la sociedad civil, sean de la ideología que sean, pero sobre
todo porque no tienen tanques. ¿Invadirían Cataluña con sus ordenadores? ¿Se
imaginarían a los militares franceses, ingleses o alemanes decidiendo el modelo
de Estado? Claro que no, algunos españoles son diferentes, los que tienen los
sables, bueno, algunos por suerte, ése es el consuelo que nos queda, eso y el
saber que la gran burguesía española, verdadero poder del Estado, no está
para aventuras mesiánicas. Por suerte ya los March y compañía no quieren
golpes.
*José A. del Valle Lavandera es miembro del
consejo político de IU.