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El "Proceso" en Euskadi: El lugar de la Izquierda
Ángel Bao Pérez
Mundo Obrero 14 de Septiembre de 2006
Cuanto tiempo
conviviendo, mal viviendo, en esta tierra con el asesinato, la persecución y la
amenaza; todo él demasiado. Con una organización como ETA a la que sólo
debemos la victimización y desvinculación social, junto al dolor y sufrimiento
de tanta gente en el ejercicio de su trabajo o de la simple ciudadanía.
Demasiado tiempo también de tentaciones poco o nada democráticas,
excepcionalidad jurídica y penitenciaría. Han sido muchos, también
demasiados, los que han caído en la instrumentalización política de las víctimas,
las personas presas, las ideas y los proyectos sociales. El llamado
"problema vasco" ha sido el "tema" en España y el monotema
en Euskadi, el titular y el estribillo que tantos debates y necesidades sociales
ha conseguido acallar o imposibilitar. Pocas noticias, seguramente ninguna, han
despertado en Euskadi la unanimidad, como lo ha hecho la tregua y pocos deseos
son hoy tan mayoritarios socialmente como lo es nuestro "NUNCA MAIS - INOIZ
EZ".
Conviene no olvidar y recordárselo a quienes quieren paralizar el proceso
abierto con la cantinela de "derrota total de ETA"- y más de uno la
equipara con la del nacionalismo vasco-, que la tregua permanente y no
condicional de una organización terrorista es la manifiesta confesión de su
derrota. Si ETA no asesina, amenaza o persigue, ya sólo puede "piar"
en el desierto sus comunicados y hablar de su pasado y su gente. Otros hablarán
en su lugar y tendrán la legitimidad y fuerza que les dé la sociedad para
ello. Al fin, la tregua de ETA es cualquier cosa menos una dádiva de la
organización o una manifestación de fortaleza. Es, seguramente, lo único que
podía hacer después de lo que está pasando en el mundo, de su progresiva y
mayoritaria deslegitimación social, del fracaso por ella provocado en el
intento de acumulación de fuerzas nacionalistas habido en el Pacto de Lizarra y
del riesgo de la pérdida del espacio político abertzale por parte de Batasuna
tras su ilegalización, con la progresiva ocupación por parte de otras fuerzas
nacionalistas.
Dos procesos
Se abren hoy en Euskadi dos caminos que hasta el momento estaban sellados: el
Proceso de pacificación y el Diálogo Político para superar el conflicto
existente entre Euskadi y el Estado Español. Son dos procesos claramente
diferenciados en cuanto a sus interlocutores, objetivos y contenidos de la
negociación. No deben condicionarse formalmente el uno con el otro, sus ritmos
pueden ser diferentes, pero tampoco se puede poner en duda su relación: al
igual que la presencia de la violencia terrorista ha impedido abordar debates y
reivindicaciones presentes en Euskadi, también la ausencia de diálogo político
sería objetivamente un obstáculo para alcanzar la paz. Por eso, tanta ceguera
interesada tienen quienes hoy niegan la existencia y necesidad de uno de estos
dos procesos, como quienes a través de exigencias, condiciones previas y plazos
casi infantiles tratan de alcanzar un protagonismo de marcada orientación
electoral.
El proceso de negociación con ETA tiene sobre todo un punto de llegada: la
consecución de la paz en un contexto de progresiva "reconciliación"
social. Los interlocutores son el Gobierno del Estado y ETA. Las fuerzas políticas
deben ser facilitadoras y protectoras de esa negociación; a no ser, como le
ocurre al PP, que en su alucinatoria batalla final por recuperar el Gobierno,
conviertan el fracaso de la paz en su principal argumento electoral, o hagan de
la presión política al Gobierno del Estado una forma de alcanzar el
protagonismo que no les corresponde, como le ocurre a sectores importantes del
tripartito. Y las víctimas de todos estos actos miserables -fundamentalmente de
ETA, pero no sólo-, serán el público de primera fila, el que mejor ve la obra
y cuya reacción primero atiende el actor. Las víctimas de la violencia y el
terrorismo son acreedoras a muchas cosas, pero nunca a la instrumentalización
política interesada o a ser convertidas en sujetos políticos, cuando
seguramente tienen bastante con serlo humanos.
El punto de partida
El proceso de Diálogo Político se define sobre todo por su punto de partida,
porque del de llegada se encargará la soberanía popular. El punto de partida
es reconocer que la vertebración interna de Euskadi, y también de Euskal
Herria, y su relación "con o en" el Estado Español no se resolvió
en el marco de la transición y con el actual Estatuto de autonomía y que es
posible un nuevo acuerdo político que pueda superar en apoyo ciudadano al
entonces alcanzado. En ese punto de partida está pues la democracia, la
modificabilidad de las leyes, la legitimidad de todas las opciones y proyectos
políticos con igualdad para su desarrollo y ejercicio y, por supuesto, el
respeto a los derechos humanos. Se trata de un diálogo que deben protagonizar
todas las fuerzas políticas que representan a la sociedad vasca, sin
exclusiones salvo las voluntarias, que parte del marco y situación política
actual - Constitución, estatutos y actuales comunidades autónomas-, en el que
la dialéctica Gobierno-oposición y menos aún el pretendido liderazgo de un
gobierno en minoría sólo puede ser un obstáculo, que debe implicar un acuerdo
básico sobre el procedimiento interno y la temporalidad, deberá estar
suficientemente protegido y hasta blindado, con espacios diferenciados en
Euskadi y Navarra y con un mecanismo claro de refrendo institucional y social.
Un proceso de diálogo que habrá de ser real y no mediático, asemejándose a
un proceso "transicional" y no guiado por el protagonismo personal o
la coyuntura electoral.
El papel de la izquierda transformadora
Y ante este proceso, las gentes que transitamos por el carril de la Izquierda
Transformadora y la organización política en la que participamos, debemos ser
capaces de aportar nuestras propuestas y contenidos políticos y buscar el
protagonismo social y la articulación de mayorías a través de ellos. Nuestro
lugar no ha estado nunca en medio de otros ni menos aún detrás de ellos. En
toda situación, conflicto o acuerdo hay un lugar para la izquierda y no podemos
renunciar a encontrarlo:
- Definiendo y proponiendo un proyecto para un Estado Español Federal y
Republicano, que nos diferencie de los nacionalismos y trabajando por generar
las mayorías necesarias para promover los cambios constitucionales necesarios.
Reconocer derechos como la autodeterminación y la plena soberanía popular es
también una forma de democratizar y fortalecer el propio Estado.
- Ofreciendo a la sociedad vasca un proyecto que descansando en el
reconocimiento de la ciudadanía y sus derechos, y no en la historia o la
uniformidad identitaria, pueda ofrecer un modelo social plural e integrador. La
apuesta federal desde la libre decisión de la sociedad vasca es hoy el lugar
mejor preparado para superar las posiciones excluyentes o extremas del
independentismo vasco o el nacionalismo español.
- En este sentido, EBb podría jugar un papel de puente y agente transversal de
gran utilidad para el proceso de diálogo político en ciernes y que el
alineamiento cada vez más insostenible con sectores del nacionalismo vasco
conservador, está imposibilitando.
- La izquierda vasca y federal que representamos debe ser consciente que la paz
en Euskadi y la canalización del conflicto político es una de las principales
tareas pendientes de la transición y que lo que está en juego es derrotar a
una derecha que nos ha echado un órdago para cerrar el camino de cualquier
cambio constitucional.
- El diálogo político y el refrendo ciudadano son nuestros instrumentos. En
Euskadi para resolver y acordar nuestras diferencias. Con el estado, para
acordar también nuestra relación con él. Para una organización federal el
Estado es también un interlocutor, no un simple notario. Y si además es de
izquierda, la equiparación de derechos y la solidaridad federal son
fundamentales. Por eso muchos nos seguimos preguntando si podemos seguir
compartiendo estrategia política en este tema, con organizaciones y sectores
que trabajan para la construcción de un Estado propio y para las que el Español
es un simple obstáculo.
El reto que ha empezado con el Estatuto Catalán y continuará a través del
proceso abierto en Euskadi no es otro que el de una segunda transición. La
izquierda transformadora, en Euskadi EBb e IU en el marco estatal, está llamada
a poner en este proceso los contenidos políticos y sociales que la definen y
que aún están pendientes. Para ello necesitamos la fortaleza y el protagonismo
que a una le falta y una apuesta definida por generar acuerdos y mayorías de
izquierda también en Euskadi, que la otra no está siendo capaz de desarrollar.
El proceso político que se dibuja en nuestro país necesita una fuerza política
vasca y federal, que incorpore los contenidos políticos y las reivindicaciones
sociales que le son propias y sea capaz de contribuir para la articulación de
mayorías políticas desde la izquierda.
* Miembro de Ezker Batua Berdeak