La
lección de Montenegro
Unai Zarreta *
elcorreodigital.com 28
de Mayo de 2006
Cada vez que le dan opción, el secretario general del
PSE, Patxi López, dice y reitera que su partido jamás aceptará el derecho
de autodeterminación de Euskal Herria. José Luis Rodríguez Zapatero vino
hace una semana a Barakaldo a decirnos a los vascos que claro que podemos
decidir nuestro futuro pero, eso sí, añadió una coletilla: «dentro de la
ley». En otras palabras, que tenemos derecho a decidir seguir siendo españoles.
¿Pues vaya birria de derecho!
Resulta curioso cómo entienden algunos la capacidad de decisión, pero más
curioso todavía es ver en qué sustentan los límites que nos imponen. A
Patxi López no se le ocurre nada mejor que alegar que ya decidimos «en el
pasado» aprobar la Constitución y el Estatuto -de eso habría mucho que
decir, por cierto- y que ya es suficiente, que ya vale de decidir. A los
vascos nos quieren rehenes de un pasado y de un marco legal que hoy rechazamos
muy mayoritariamente. El último Sociómetro lo deja claro. El 78% de los
habitantes de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa reivindicamos nuestro derecho a
decidir nuestro futuro libre y democráticamente, un sentimiento que también
es mayoritario (65%) entre los votantes socialistas. Bien harían López y
Zapatero en tomar en consideración ese dato y en acomodar su discurso al
pensamiento de sus bases.
Soportan su argumentación en el pasado y no caen en la cuenta de que las
sociedades, también la vasca, evolucionan. Y así se da la paradoja de que el
mismo día en que Zapatero pone límites en Barakaldo a nuestra capacidad de
decidir, a unos pocos cientos de kilómetros, sin necesidad de salir de
Europa, hay un pueblo, el montenegrino, que acude a las urnas con total y
absoluta normalidad y decide separarse de Serbia con el aval de la Unión
Europea. Montenegro es la prueba fehaciente de que hoy, en la Europa del siglo
XXI, es posible ejercer el derecho de autodeterminación.
La reacción del PP, del PSOE y de los medios de comunicación españoles ha
sido la esperada: cierre de filas y reiteración hasta la saciedad de que
Euskal Herria no es Montenegro ni se le parece y que, en consecuencia, aquí
no es posible un referéndum como el de allí. Ni hoy ni mañana ni nunca. Por
supuesto que no son casos equiparables, ni siquiera parecidos. El valor del
ejemplo montenegrino no estriba en sus mayores o menores coincidencias con la
historia de nuestro país. Quienes centran su argumentación en ese punto se
engañan a sí mismos por puro miedo a la democracia y sólo tratan de evitar
el quid de la cuestión. Aunque sobre Iparralde es seguro que no habría dicho
lo mismo, el diario francés 'Le Monde' no ha podido ser más certero en su análisis
al constatar que «no se puede obligar a vivir juntos a pueblos que no lo
quieren».
Más allá de la historia pasada, que explica y ayuda a entender las claves
del presente, lo verdaderamente importante es la voluntad de los pueblos y es
a esa voluntad a la que tienen que adaptarse las leyes y los marcos jurídico-políticos.
Ésta es la gran enseñanza del caso montenegrino. Allí todas las partes
implicadas han sido capaces de subordinar sus posiciones particulares a la
voluntad ciudadana, todas aceptaron el principio democrático básico del
derecho a decidir, todas asumieron el compromiso de adaptar el marco legal al
deseo expresado por la ciudadanía en referéndum y, por fin, todas han
aceptado con naturalidad democrática el resultado de la consulta.
En definitiva, todo se reduce a un problema de voluntad política y de respeto
a la democracia. Si hay voluntad política, las constituciones y los estatutos
dejan de ser un obstáculo. Al margen de sus diferencias con Euskal Herria,
muchas y profundas, la lección de democracia que nos ha dado Montenegro es
digna de ser tenida en cuenta. Allí han podido elegir; aquí todavía está
por ver que PP y PSOE vayan a ser capaces de asumir en su integridad todos y
cada uno de los principios democráticos de forma que en la futura Mesa de
Partidos logremos, entre todos, acordar un escenario político basado en la
asunción del derecho a decidir de la sociedad vasca.
Éste y no otro es el reto que nos hemos marcado en Eusko Alkartasuna:
contribuir en ese foro a construir una Euskal Herria en paz asentada en
principios de plena democracia que permitan en un futuro convocar un referéndum
por la independencia como han hecho en Montenegro. Con una salvedad: no es
necesario establecer requisitos a cumplir por la mayoría, ni un porcentaje mínimo
de votos, ni la obligación de superar los apoyos cosechados en consultas
anteriores. Es un error que a veces cometemos los abertzales, el de
autoimponernos unas condiciones que ni siquiera se llegan a plantear los
nacionalistas españoles. El 51% de los votos siempre será suficiente para
elegir un camino, el que sea; lo contrario sería tanto como otorgar a la
minoría el poder de imponer su criterio a la mayoría. Y eso no lo puede
permitir ninguna democracia.
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* SECRETARIO GENERAL DE
EUSKO ALKARTASUNA
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