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Lorca no eran todos

Manuel Rico 10 de Septiembre de 2006

periodismoincendiario.blogspot.com

 

Empecemos por la obviedad para evitar las críticas de algunos maleantes morales de la caverna: me parecen impresentables las declaraciones que realizó hace nueve meses Pepe Rubianes, con frases como la siguiente: "Que se vayan a tomar por el culo estos españoles, ojalá les exploten los cojones y vayan al cielo sus cojones, que se vaya a la mierda la puta España". Cualquier ciudadano tiene derecho a ser independentista, o nacionalista español, pero puede defender sus posiciones políticas sin ofender al adversario. Ahora bien, la retirada del madrileño Teatro Español de la obra Lorca eran todos es doblemente preocupante, ya que demuestra la gran eficacia de ciertas presiones de la extrema derecha y sienta un grave precedente.

Parece de sentido común afirmar lo siguiente:

1) La obra que iba a dirigir Pepe Rubianes nada tiene que ver con sus polémicas declaraciones (por las que, dicho sea de paso, ha pedido disculpas en varias ocasiones). Lo pondré en palabras de Albert Boadella, para que lo entiendan hasta los tontos vocacionales: "Hay que desvincular lo que hace y dice un artista de lo que es su obra".
2) Ya que estamos en Boadella, sería ciertamente interesante que la misma extrema derecha que se rasga las vestiduras cuando al cómico catalán le revientan un espectáculo en Barcelona, explique qué motivos le han llevado ahora a montar la campaña de linchamiento de Rubianes. En una sociedad realmente democrática, Boadella podría actuar en Barcelona y Rubianes en Madrid sin mayores problemas.
3) Es lamentable que políticos del PP, un partido que dice ser democrático, se dediquen a amenazar a un cargo público como el alcalde de Madrid. Es el caso de Santiago Abascal, impresentable dirigente del PP vasco que en sus ratos libres preside la Fundación para la Defensa de la Nación Española, quien en estado de aparente sobriedad afirmó que Gallardón se convertiría en "cómplice de un enemigo de España" si dejaba actuar a Rubianes en el Teatro Español.

El mal ya está hecho. Los cerditos de la caverna se revuelcan felices en sus pocilgas. Y el pobre Gallardón puede comprobar, una vez más, que ceder ante la extrema derecha no sirve de nada. Ayer mismo, los chicos de Esperanza Aguirre empezaron a despellejar a la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, Alicia Moreno. Nada menos que el secretario general del PP madrileño, Francisco Granados, le recomendó que dimitiese "si está en contra de los principios que defiende el PP".

Desde luego, hay que tener poca cultura para llamar "principio" a la censura...

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