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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia.
Juan Carlos
«El Rey»
La
utilidad de la Ley de Partidos
Javier Ortiz
Apuntes al natural 15 de Enero de 2006
El
asunto presenta varias vías de aproximación.
Primer
punto: que la ilegalización de HB, esencia de la Ley de Partidos, no sólo no
facilita, sino que representa un error jurídico y un obstáculo para la
resolución de los problemas reales de la sociedad vasca no es una idea nueva.
Fue expresada con mucha claridad ya en 1996 por el entonces candidato a la
Presidencia del Gobierno, José María Aznar, quien declaró a la revista Época
(número 575) que esa ilegalización le parecía «una cuestión
absolutamente estéril». Y añadió: «Hay que actuar contra las personas que
amparan, jalean o hacen apología del terrorismo, contra personas concretas».
Insistió en la idea: para él —para el él de entonces—, ilegalizar HB era
«un camino equivocado».
Segundo
punto: ¿es «un hecho sin precedentes en un país democrático» que un
Gobierno opte por aplicar de manera flexible —dicho más claramente: por no
aplicar en determinadas circunstancias— leyes restrictivas de las libertades
cuya estricta puesta en práctica se revela o bien políticamente perjudicial o
bien contradictoria con otras leyes, incluso de rango superior? En absoluto. Por
no hacer referencia sino a un ejemplo de género similar, sólo que mucho más
grave: es bien sabido que el Gobierno de Londres toleró durante muchos años
numerosas actividades que era público y notorio que estaban inspiradas por el
IRA, entre otras cosas porque aparecían encuadradas por personas encapuchadas y
metralleta en mano.
La Ley de Partidos ha demostrado que no ayuda en nada al encuentro de vías para la pacificación y la normalización de Euskadi. A lo que parece, ésa es la conclusión a la que está llegando —o ha llegado ya— Rodríguez Zapatero. No se me ocultan las dificultades político-mediáticas con las que puede toparse para proceder a la derogación de esa Ley, pero es por ahí por donde debería enfilar.
Del
mismo modo, y por las mismas razones, entiendo el empeño con el que los
dirigentes del PP defiende esa Ley. Porque lo que
quieren es que se mantenga el grado máximo de crispación y hostilidad. De eso
se han alimentado políticamente durante los últimos años. Y no quieren
quedarse en ayunas.