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la Legión no le gusta “el Estatú”
Joaquim Pisa 25 de Enero de 2005
Pocos días después de la asonada del 23-F, los máximos responsables militares del Ejército británico desplazado a Irlanda del Norte le pidieron audiencia a Margaret Thatcher, a la sazón primera ministra británica. En aquellos tiempos los atentados terroristas del IRA y los paramilitares protestantes teñían de sangre a diario las calles de Belfast y Londonderry, y la espiral de violencia sectaria parecía no tener fin. Con tono enérgico, el jefe de la fuerza expedicionaria británica le hizo saber a la primera ministra el hartazgo de los mandos militares ante aquella situación, y también que estaban decididos a tomar medidas para atajarla.
La Tatcher escuchó el rapapolvo en silencio, y con la mosca en la oreja –la “hazaña” de Tejero y compañía estaba muy fresca- le preguntó al indignado general qué medidas eran aquellas que pensaban tomar.
-Por supuesto no volver a votar por usted nunca más, y también recomendar a todos nuestros allegados y conocidos que tampoco la voten –respondió sin vacilar el interpelado.
En España las cosas son muy diferentes, también a la hora de expresar el disenso militar. Aquí, en cuanto un teniente general se arranca por peteneras, se dispara el consumo de papel higiénico hasta niveles estratosféricos. Y es que, por desgracia, nos conocemos el percal desde antes de las Cortes de Cádiz como mínimo: los espadones patrios no son gente que cuando se “pronuncian” estén pensando en cambiar su voto, sino más bien en dejarnos a los demás sin voto, sin voz y si nos descuidamos un poco, hasta sin pellejo.
En fin, que dado que lo del teniente general Mena ha salido prácticamente gratis y además ha sido jaleado a conciencia por la perrera mediática, la grafomanía parece haberse desatado entre los militares en situación de “reserva activa” –hasta 50 cartas parece que llegó a publicar ABC en un solo día-, sin mayores consecuencias para los abajofirmantes. Eso sí, al único militar que se le ocurrió discrepar también por carta del supuesto “heroísmo” de Mena –Fernando Abalo, un coronel destinado en organismos internacionales, en Bruselas-, le han metido un paquete como un castillo con la excusa de que él sí está en activo y, por tanto, no puede hacer esa clase de manifestaciones.
También los familiares de víctimas del Yak-42 entraron en el asunto, y preguntaron en voz alta a los uniformados que tan gallardamente se pronuncian ahora a favor de Mena por qué en su momento no hablaron en defensa de sus compañeros fallecidos, denunciando públicamente la repugnante gestión del caso que llevó a cabo el gobierno Aznar. Naturalmente, sólo obtuvieron las coces de costumbre por parte de los sayones periodísticos de guardia.
Por si las cosas estaban poco encabronadas, el señor Iu Forn, un simpático plumífero del diario AVUI, tuvo a bien hacer un chiste sobre las madres de los militares, tan gratuito como revelador de la cortedad mental del caballero en cuestión. La cosa fue obviamente aprovechada por la jauría mediático-pepera para desgarrarse en público todas las vestiduras habidas y por haber, intentando usar el inofensivo aunque estúpido rebuzno del señor Forn para tapar con él un hecho sólido como una roca: que un teniente general en activo nos acababa de amenazar a todos con un golpe de Estado. Ellos son así, qué le vamos a hacer.
Y en éstas aparece un capitán de la Legión destinado en Melilla y la acaba de liar enviando una carta a un diario local. De entrada, de la lectura de la misiva del arrojado legionario se deduce, entre otras cosas, que la inteligencia no es precisamente una de las virtudes que se exigen a la hora de ingresar en ése cuerpo. Y es que el redactado de la carta da vergüenza ajena.
El chusquero en cuestión, un tal Roberto González Calderón, además de manifestarse “enfadadito con el estatuto catalán” (sic) y en general por las cosas que según él le están (estamos) haciendo a su Españita, tiene a bien comunicarnos que a punto estuvo de presentarse en Madrid “al frente de su Compañía” (se supone que con la cabra incluida) para cantarle las cuarenta a Bono en la misma sede del Ministerio de Defensa. Si no montó semejante espectáculo fue, dice muy sincero él, porque “tiene una familia que mantener” (sic); de lo cual se deduce que el honor y todas esas zarandajas quedan en segundo plano, cuando de alimentar a los retoños se trata. A lo mejor la manera de acabar con el golpismo en España es que Pepe Bono obligue por ley a los militares a tener muchos hijos.
Aunque eso sí, tras la machada que acaba de hacer, el Roberto Alcázar y Pedrín en cuestión se ve a sí mismo con poco futuro en eso de llegar “a la cúpula de mando militar” (sic); otra cosa no, pero aspiraciones sí parece que tenía nuestro Novio de la Muerte, y también se ve que el hombre había dejado la boda para largo, que de capitán a teniente general no se llega en dos días precisamente. Esto me recuerda la respuesta que un capitán de la Guardia Civil, destinado en Murcia y comprometido con el golpe de Estado del 23-F, le dio a su esposa la noche anterior de la intentona golpista; al verle salir de casa a horas intempestivas, la mujer le pregunto que a dónde iba: “A Madrid, a buscar un ascenso”, le replicó el benemérito. Y es que cada cual se busca los ascensos como Dios y su ambición le dan a entender.
Total, que a la Legión no le gusta el “Estatú”. Lógico. No parece que la Legión y los estatutos de autonomía tengan mucho en común. Sin ir más lejos, la unidad que comanda González Calderón se llama nada menos que “1ª Compañía de la Bandera Comandante Franco”; con nombres así, ya me dirán ustedes. Entre paréntesis, ¿se imaginan que en el Ejército alemán hubiera una Compañía que se llamara “cabo Hitler”?. ¿inimaginable, verdad?. Otrosí: por ahí hay otra unidad legionaria que tiene como mascota un carnero llamado “Caudillo”, según nos enteramos en riguroso directo a través de TV3 durante el desfile militar del 12 de octubre.
Con estos mimbres ya me explicarán qué cesto democrático se puede hacer en esa institución que pagamos entre todos y que se llama Ejército español.
Y luego está lo de la agente de la Guardia Civil Alba Romero, que ha conseguido reintegrarse al curro tras una operación de cambio de sexo. La cosa tiene su intríngulis, porque Alba había ingresado en el cuerpo (el Benemérito, no el suyo) siendo un señor, y al cabo de un tiempo solicitó una excedencia para operarse. Ya convertida en señora pidió reintegrarse al servicio, pero un Tribunal Médico Militar la sometió a examen y la declaró “inútil para el servicio por falta de testículos” (sic).
Uno se pregunta de entrada qué tendrán que ver los testículos con poner multas de tráfico o perseguir terroristas, un poner. Aproximadamente lo mismo que el tocino y la velocidad, supongo. Porque claro, si para ser guardia civil hay que ir por la vida literalmente con dos cojones (y ustedes perdonen la manera de señalar), díganme qué pinta en la Benemérita el cada día más numeroso contigente de féminas. ¿Las tienen para hacer bonito? ¿Para barrer los cuartelillos y servir vermuts a los compañeros? ¿Para otros menesteres aún más inconfesables? Claro que bien pensado, igual resulta que a las chicas les implantan un par de testículos en cuanto ingresan en la Academia, y ya no hay caso.
Manda huevos, que diría
Trillo...