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 No consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan  Carlos «El Rey»  

De izquierdas... y federalista

Fausttino Zapico Álvarez

www.lne.es  24 de Enero de 2006

Leo con estupor la tribuna de Avelino Alonso titulada «Los mansos», en LA NUEVA ESPAÑA, en la que el autor muestra su extrañeza ante la existencia de la izquierda federalista. Por lo que se ve, para el estupefacto Alonso la izquierda siempre fue jacobina, y ahora, por genial descubrimiento de Gaspar Llamazares, resulta que no es tal, sino federalista.

En realidad, más estupefacto quedó quien esto escribe siendo Avelino Alonso director de un Ateneo -el de La Calzada- en una ciudad, Xixón, de profunda tradición federalista. Y es que, aunque algunos no quieran darse cuenta o finjan no hacerlo, la primera izquierda que hubo en Asturies -y en España- fue la federal, nacida como reacción democrática al centralismo y al elitismo liberal. Republicanos federales fueron los que gobernaron en Xixón, Asturies y España durante la brevísima I República. Fueron el primer partido de la izquierda asturiana durante el último cuarto del siglo XIX y una fuerza considerable durante el primer tercio del XX. Fueron los primeros en organizar a los obreros como tales (¿no resulta llamativo que el director de un ateneo xixonés ignore que la decana de las instituciones culturales de la ciudad, el Ateneo Obrero, fuera fundado por los federales?). Fueron los únicos, junto a los socialistas, en oponerse a la injusta y desastrosa guerra de Cuba. Fueron los primeros en vindicar en nuestra tierra la Comuna de París (revolución obrera... y federalista).
El federalismo como modelo político no sólo fue bandera de los republicanos federales, sino que fue imitado en mayor o menor medida por buena parte de las restantes izquierdas asturianas. Así, a finales del siglo XIX las izquierdas tradicionalmente centralistas se sumaban a la iniciativa federalista de redactar una Constitución asturiana abiertamente federalizante, que incluía, aparte de la plena soberanía fiscal (ríase usted del Estatut), la entrega a las asociaciones obreras de las tierras incultas y las minas. ¿Serían unos liberal-conservadores disfrazados? El PSOE pasó a partir de 1918 a defender -sin mucho entusiasmo, eso sí- un modelo federal. Lo mismo haría el PCE tras su fundación, inspirado en el modelo soviético (¿O no recordamos que la URSS era una federación de repúblicas?). En 1919 el Ayuntamiento de Mieres, a iniciativa de su alcalde, el histórico socialista Manuel Llaneza, elaboraba unas «Bases para la autonomía de Asturias» de claro contenido federalizante, incluyendo otra vez la soberanía fiscal (quién lo diría, viendo la actual FSA). En 1931, cuando se proclama la II República, la bandera que ondea en el Ayuntamiento de Xixón es... la republicana federal (de cinco colores y no de tres, como la que sería bandera oficial), y once concejales de la nueva Corporación eran republicanos federales. Ese mismo año saldrían elegidos por Asturies tres diputados federalistas, uno por la Conjunción Republicano Socialista y otros dos en la candidatura de izquierda radical de federales y sindicalistas agrarios, que contó con el apoyo de la CNT. Entre esos diputados electos estaba Eduardo Barriobero, abogado, cenetista y presidente del Partido Republicano Federal desde 1936 hasta su fusilamiento por las tropas franquistas en Barcelona, en 1939. Por último, el alcalde de Xixón durante la guerra civil sería Avelino González Mallada, de CNT y federalista, vertiente libertaria. ¿Serían todos ellos reaccionarios?
Guste o no, las izquierdas asturianas del siglo XIX y buena parte del XX fueron federalistas, porque asociaban la federación con la democracia, con el poder de abajo hacia arriba, con la participación popular. ¿Será eso reaccionario? ¿Lo será entender que un Estado debe existir por la libre unión de sus habitantes?

Cuando murió Franco, toda la izquierda, desde el PSOE a la más radical, reivindicaba la República federal. Después, como otras tantas promesas, se contentó con este unitarismo descentralizado que consagra la Constitución de 1978 y que es fuente de agravios y discriminaciones. Asociar centralismo con solidaridad es un absurdo: el franquismo era centralismo en estado puro y era fuente de profundas discriminaciones y desequilibrios sociales y territoriales.

Parece que actualmente vuelve a estar de moda el federalismo. Hasta el presidente Areces dice serlo, aunque su práctica desmienta radicalmente esa afirmación, como tantas otras. Lo mismo pasa con el resto de la izquierda plural que nos gobierna, que aparca el federalismo cuando está en juego detentar un par de consejerías. Sin embargo, la misma necesidad de vestirse con el ropaje federal da una idea de que no es una idea ni exótica ni pasajera en la tradición de izquierda.
Es legítimo presentarse como de izquierdas (serlo es otro cantar) y defender el centralismo (incorrectamente entendido como sinónimo de jacobinismo), pero resulta absurdo presentar eso como la única forma posible de ser de izquierdas: básicamente, porque implica desterrar de ese concepto a la inmensa mayoría de las izquierdas que en este país han sido. Los que hoy en día seguimos siendo, entre otras cosas, seguidores de Pi y Margall sabemos que no estamos inventando nada, sino únicamente poniendo al día lo que la primera izquierda asturiana tuvo el buen sentido de ser: federalista.

Faustino Zapico Álvarez es historiador y miembro de la dirección nacional de Izquierda Asturiana (IAS).

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