Especulación
y corrupción: un desafío al Estado de Derecho
Francisco Altemir *
Atacc 11
de Noviembre de 2006
El
gobierno central debe recuperar las competencias sobre Ordenación del
Territorio y Urbanismo. Es más, debería crearse una Comisión Nacional de
Ordenación del Territorio y Urbanismo que aprobase las propuestas del gobierno
| La
presentación del libro de Ramón Fernández Durán, “El
tsunami urbanizador español y mundial. Sobre sus causas y repercusiones
devastadoras, y la necesidad de prepararse para el previsible estallido de
la burbuja inmobiliaria” originó un debate apasionado,
en palabras de Enrique Gil Calvo (El País, 2-10-2006),
al que no es ajeno el que esto escribe. Al triste panorama que describe Fernández
Durán se une el bombardeo de noticias sobre corrupción urbanística;
se nota que se aproximan las elecciones municipales, una de las últimas
ha ocasionado la dimisión del Director General de Urbanismo de la
Comunidad de Madrid, involucrado en un supuesto caso de corrupción. |
EL
ROTO |
Todo esto me llevó a
plantear la necesidad de modificar la Constitución, quitando las competencias
de urbanismo a las comunidades autónomas y corporaciones locales (Art 148
CE), mediante la presión de la sociedad civil promoviendo una campaña de
concienciación y recogida de firmas. Voces, mucho más autorizadas que la mía,
se han alzado contra este clima de corrupción que puede acabar con la cultura
cívica española (Gil Calvo). José Antonio Martín Pallín,
Magistrado del Tribunal Supremo, en un curso este verano en Santander: El
urbanismo, factor de corrupción, afirmaba que “el urbanismo es
algo demasiado importante para dejarlo en manos de los ayuntamientos”
por lo sería necesario “por lo menos” que existiese “una
planificación territorial mucho más amplia”. Con anterioridad Enrique
Gil Calvo, uno de los presentadores del libro, afirmaba en “El
mal de Marbella” (El País 24-4-2006): “... hace falta modificar
la Constitución para que el Estado central recupere su competencia plena
sobre la coordinación urbanística del territorio nacional en su conjunto,
que nunca debió perder.”
Llovía sobre mojado, en
marzo de 2005 tenía lugar en Marbella la llamado Operación Ballena
Blanca contra el blanqueo de capitales no sólo en Europa sino con
ramificaciones en Canadá y EEUU. El centro de operaciones residía en un
despacho de abogados por el que se canalizaban inversiones millonarias de
mafias o grupos relacionados con el crimen organizado, se contaba con la
colaboración de tres notarías para tejer una maraña de más de mil
sociedades que invertían preferentemente en el sector inmobiliario. La mala
fama de Marbella como sede gangsteril se hacía oficial. Hasta
entonces era solamente vox populi.
Las investigaciones
llevaron a que se llevase a cabo la llamada Operación Malaya que
empezó el 29-3-2006 y sigue abierta. Han sido imputados todos los ediles del
ayuntamiento así como numerosos constructores. El ayuntamiento fue disuelto
por el Consejo de Ministros de 7-4-2006, nombrándose una comisión gestora.
Los delitos por los que se les acusa van desde el fraude, malversación de
caudales públicos, delitos contra la ordenación del territorio, prevaricación,
cohechos, sobornos etc.
Como una ola por toda España
se han conocido más casos de corrupción urbanística de ayuntamientos,
especialmente en toda la costa mediterránea y ahora en Madrid. Algunos casos
de la Comunidad Valenciana han llegado a la Unión
Europea, por las actuaciones de los llamados “agentes
urbanizadores”, figura creada por la legislación de esa comunidad, que
pueden expropiar en aras de un llamado “interés general”. ¡Hasta aquí
hemos llegado! Han pensado 15.000 extranjeros con propiedades en el País
Valenciano que se han visto atropellados y que han recurrido a Bruselas para
que les defienda de los abusos de constructores sin entrañas que
acabarán devastando todo. De momento la UE reclama a la Generalidad
Valenciana la modificación de la Ley Urbanística Valenciana (LUV),
ilegal a los ojos de la Comisión Europea por no adaptarse a la legislación
europea. Como el gobierno valenciano insiste en que sí respeta las Directivas
Europeas el asunto terminará en el Tribunal de Justicia Europeo.
Anteriormente el Parlamento Europeo aprobó el 13-12-2005 el
llamado Informe Fourtou que consideró evidente el perjuicio sufrido
por muchos afectados por los desmanes cometidos por los “agentes
urbanizadores”.
Cada vez más
viviendas, cada vez peor alojados y cada vez más precarios
Es el título de uno de los
capítulos del libro de Fernández Durán. Efectivamente en España durante
2005 se han construido más viviendas que en Francia (410.000), Alemania y
Reino Unido juntos. Es un auténtico despropósito.
Al mismo tiempo cada vez es
más difícil el acceso a la vivienda a los jóvenes que ha dado lugar al
nacimiento de un movimiento en toda España reclamando una vivienda digna y
accesible.
¡¡No hay
derecho!!
Ante esta situación de
tamaña injusticia: enriquecimiento ilícito de unos pocos, corrupción
generalizada en ayuntamientos y comunidades autónomas, imposibilidad de
acceso a la vivienda a los más jóvenes y a los inmigrantes, con hipotecas a
40 y a 50 años (con las amenazas añadidas de precariedad en el empleo y de
subida de los tipos de interés) el grito: ¡no hay derecho! Se oye por
doquier. Es un llamamiento a la justicia y a la equidad. Pero acabará siendo
algo más profundo y de mayor alcance. “No hay derecho”
significa además que muchos ciudadanos sospecharán del Estado de Derecho que
tenemos, supondrá el descrédito de la organización del Estado y de las
competencias asumidas por cada nivel; supondrá el descrédito de las
instituciones y de los partidos políticos (sospechosos de corrupción o por
lo menos, de permitirla). “Se destruye la confianza en los demás y se
genera un clima de sospecha y desconfianza generalizadas” (Gil Calvo, El
eclipse del capital social).
Los españoles corremos el
peligro de dividirnos en dos una vez más: los que tienen patrimonio
inmobiliario y los que carecen de él. Los primeros están cada vez más
contentos y satisfechos al ver revalorizarse su patrimonio por lo que
consentirán toda clase de abusos y corrupciones de sus gobernantes. A los
segundos hay que escucharles, ayudarles y unirse a ellos en sus
reivindicaciones.
El descrédito de las
instituciones hace peligrar la democracia que hemos construido con tanto sudor
pero cuya degeneración no será admitida por las generaciones venideras que
sufren sobre sus espaldas las consecuencias, no deseadas por el legislador, de
la corrupción y de la especulación. Más vale prevenir antes de que sea
demasiado tarde y la Constitución no es inamovible, los legisladores
previeron sabiamente la posibilidad de su modificación. Es necesario que la
sociedad civil obligue a los políticos a modificarla devolviendo las
competencias urbanísticas al gobierno central, es una tarea que exige el
concurso de todas las personas con conciencia. La burla a una sentencia del Tribunal
Superior de Castilla y León por parte de la Junta, desoyendo los
informes de sus propios técnicos, es un escarnio al Estado de Derecho. El
Tribunal vetó la urbanización “Ciudad del Golf” en las Navas
del Marqués por violar espacios protegidos sin justificación. A
pesar de ello comenzó la obra talando más de 4.000 pinos. La actuación
inmediata de grupos ecologistas, que avisaron a los medios de comunicación y
se encadenaron a los árboles, ha detenido, de momento, los desmanes de
constructores sin escrúpulos y políticos garbanceros (García Pelayo).
Esperemos que las actuaciones posteriores de la Fiscalía del Medio
Ambiente y del Tribunal de Castilla León pongan las cosas en su
sitio.
No basta con las buenas
intenciones que anuncia Inmaculada Rodríguez-Piñero,
secretaria federal de política Económica y Empleo del PSOE en su artículo: “Urbanismo:
¿quién?, ¿dónde?, ¿cuánto? Y ¿cómo?” ( El País, 7-10-2006).
"La nueva Ley del Suelo que está preparando el gobierno remediará
todos los males causados por la ley vigente aprobada por el PP."
Olvida que el fenómeno GIL apareció en Marbella con anterioridad a la ley
del PP. Con el GIL empezó la corrupción en Marbella, ahora se ha extendido
por todo el país. Me temo que se haga realidad una vez más las palabras de Lampedusa:
“Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie.”
Hay que ser más ambiciosos
erradicando las causas. El gobierno central debe recuperar las
competencias sobre ordenación del territorio y urbanismo. Es más, debería
crearse una Comisión Nacional de Ordenación del Territorio y Urbanismo que
aprobase las propuestas del gobierno. En esa Comisión debería
entrar la sociedad civil, especialmente representada por organizaciones
ecologistas y observatorios que luchan contra el blanqueo de dinero y
especulación financiera. De esa forma la democracia
representativa sería reforzada por la participación de la sociedad civil. La
Ordenación de Territorio y el Urbanismo es el reto mayor que tiene planteado
la sociedad española.
*Francisco
Altemir, Attac Madrid
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