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NUEVA MOVILIZACIÓN CONTRA EL TERRORISMO 

El peligro de mezclar

Luz Sanchís

El Periódico 26 de Febrero de 2006

 

 Las protestas de los colectivos de víctimas se confundieron con los gritos de odio dirigidos al presidente del Gobierno
• Algunos llegaron hasta a desearle la muerte

 

Cuando la pena se mezcla con la ira y la política contamina las quejas legítimas, las lágrimas de los que han perdido a un ser querido se cruzan con los gritos de odio. Es lo habitual en las últimas manifestaciones de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) y es lo que ocurrió ayer en Madrid. Los padres de un guardia civil, dolidos porque temen que su hijomuriera en vano con sólo 26 años, sollozaban al escuchar las voces que les repetían "No estáis solos". Unos metros mas allá, energúmenos que confesaban no haber perdido a nadie a manos de ETA blandían su bandera y añoraban las ejecuciones de la guerra civil. Coreaban el grito de "Con Zapatero, como con su abuelo" fusilado por los fascistas en 1936. Sin rubor.
Otros, más alegres, se arrancaron con el Cumpleaños feliz nada más ver a José María Aznar, que llegó en el autobús junto al resto de la cúpula del PP. Ver a gente aplaudiendo feliz y deseando al expresidente "que cumpla muchos más" mientras otros se desgañitan porque "España está perdida" y "la COPE somos todos", despista. Es lo que tiene mezclar.


En la línea 6 del metro, la que llevaba al punto de partida de la manifestación, también se daban combinaciones curiosas. Podía esperarse el convoy mientras se atendía a las palabras de Francisco José Alcaraz. El presidente de la AVT arengaba desde las pantallas del Canal Metro. Así, entre la megafonía que recomendaba "comprar el billete de vuelta en la misma estación para evitar esperas innecesarias" se colaban términos como "claudicación, rendición e indignidad".
Una vez se dejaba atrás el calor y las apreturas del suburbano y se esquivaban los roces de paraguas y mástiles de banderas, tocaba seguir protestando. Pero por otro motivo. "¿Quiere usted firmar por el referendo de la unidad de España?". Disciplinada, la marea humana que salía de la boca del metro se dividía en dos. Los que ya habían firmado para opinar sobre el Estatut pasaban de largo. Los que no, atendían a la multitud de voluntarios del PP que temían por la unidad de España.


Puestos a pedir, en alguna pancarta se solicitaba un nuevo referendo. Éste deberá ser "por la cadena perpetua para los asesinos, para que la sociedad decida". A su lado, un hombre enfundado en una caja de cartón llena de proclamas, decía al presidente del Gobierno: "Yo quizá pueda ser un crispador, pero no soy un traidor". Más allá, otro sujetaba un cartel en el que había escrito el nombre de una cóctel insultante pero que él daba por hecho. Ponía "zETAp".


A escasos metros de los tenderetes de la AVT, donde se daban camisetas a cambio de donativos, había un puesto de venta de libros. Según el rótulo, la causa era "contra el materialismo". Pero los libros expuestos sobre la mesa eran de Pío Moa. Por 20 euros te daban dos y la revista El manifiesto. Uno de los volúmenes parecía tener un error de imprenta porque el título era 1934: empieza la guerra civil. El subtítulo, clarificador: El PSOE y la Esquerra emprenden la contienda.


Desgraciadamente, en estas situaciones, cada vez es más difícil el trabajo de los periodistas. Hasta ahora, la gente respondía primero a la prensa y después preguntaba el nombre del medio de comunicación. A partir de ahí podían empezar los reproches. Ayer cambió el sistema. Primero el "¿De qué medio eres?" y luego las declaraciones. Con los helicópteros sí se podía hablar. Aunque no contestasen, se les decía lo mismo: "Cuenta bien, ¡cabrón!, que luego dirás que somos la mitad".

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