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Cautivas y desarmadas: las mujeres bajo el Franquismo

 

Marta Rodríguez

Diario ADN 19 de Junio de 2007

Repaso a la situación a los cuarenta años de fascismo desde la perspectiva femenina

La voz que leyó el parte del fin de la Guerra Civil el 1 de octubre de 1940 no dejaba lugar a dudas de lo que iba a suponer la nueva era que se abría en España.


El franquismo "cautivó y desarmó" no sólo al Ejército rojo democrático sino que borró a golpe de sangre y represión sin cuartel el trocito de libertad conquistada durante los breves años de la República.

Cuarenta años dan para mucho y más si son episodios de miserias morales. El régimen fascista se esforzó en poner a punto y engrasar los mecanismos para convertir y mantener la sociedad "como Dios manda".

Mujeres del Auxilio social. Diario ADN

 

 

 
Marta Rodríguez, Barcelona


Con su gran aliada del brazo, la Iglesia católica, el franquismo arrancó la voz pública y el voto a las mujeres y les limitó su actividad a "coser y cantar". El entrecomillado es de la escritora barcelonesa Carmen Domingo, que lo utiliza para titular su nuevo libro sobre las mujeres en la dictadura.

Los dos bandos
La obra es un retrato de las mujeres que se situaron en el bando vencedor y se dedicaron a adoctrinar desde la Sección Femenina o el auxilio social y de las que perdieron la Guerra y malvivieron en el exilio interior y exterior.

Se trata de explicar "lo que pasó durante aquellos años pero desde el punto de vista de la mujer", apunta la autora, que huye de calificar el libro de "feminista". La originalidad del texto es precisamente, esta ya que no hay muchas ocasiones para conocer de primera mano cómo vive la mujer.

Pero perder, perdieron todas. Vencidas y vencedoras, con lucha o voluntariamente, tuvieron que pasar por el aro de una estrategia planeada para hacer de ellas buenas madres y esposas sumisas.

Es una estrategia de feminización de la sociedad, pero no como se entiende hoy en día sino de discriminarlas por el simple hecho de no haber nacido hombres a través de la escuela, la cultura y el trabajo.

Chistes sin gracia
Como si la vida para la mujer a partir de entonces se tuviera que limitar a la casa y al cuidado de los niños, con los que perpetuar modelos. Del cliché franquista aún se mantienen chistecitos de dudoso gusto, y en nuestros días políticamente incorrectos, como el que supone las vacaciones ideales de una mujer en una enorme cocina.

De la cocina al dormitorio hay un paso. Porque el franquismo se metió sin llamar en las alcobas, sostiene Domingo. Y de ahí se explica que la represión moral en el sexo y el amor aún la arrastran las jóvenes de su generación, criadas tras el franquismo pero por madres educadas por el nacionalcatolicismo.

Cierto es que entre las falangistas se alzaron algunas que reclamaron, a su manera, derechos para la mujer. La abogada Mercedes Formica consigue en 1958 la modificación del Código Civil que elimina la obligación del marido de llevar a su mujer a casa de los padres o a un convento en caso de separación.

"Con el franquismo España retrocedió un siglo en el tiempo" -sostiene la escritora- "Sólo conociendo la represión se pueden entender los problemas que aún hay para conseguir la paridad de géneros". El peso de la Historia.


Entrevista con Lola González, víctima del franquismo
Quien le iba a decir a Lola González que a sus 89 años estaría trabajando codo con codo con un cura para ayudar a unos jóvenes con problemas. Ni la bautizaron ni hizo la Primera Comunión. Su primer contacto con la Iglesia fue en 1937 al verse obligada por las nuevas leyes a casarse por segunda vez con su marido, esta vez por el rito católico. Él estaba preso en Burgos y ni así quiso saber nada de la unión eclesiástica, por lo que Lola se casó "por poderes" y tuvo "de padrino al señorito".

Sesenta años después Lola vive en un piso del barrio barcelonés del Poblenou, que a base de ladrillo está dejando de ser el barrio obrero que la acogió cuando llegó a la ciudad en busca de una vida mejor. Por eso se conmueve con los jóvenes inmigrantes que tratan de abrirse camino y se reúnen en un parroquia cercana a su casa.

"Nadie sabe lo que es irte de tu pueblo, sin que alguien te ayude", dice Lola. Y lo de los curas es secundario. "Son modernos y buena gente", resume.

Seguramente que en la biografía de Lola se verán reflejadas muchas mujeres de su generación y siguientes. De familia muy humilde y de izquierdas de toda la vida, se puso a servir a los ocho años y en la adolescencia se enroló en las Juventudes del Partido Comunista y se casó con un camarada militante.

"Mi señorito me dijo que prefería verme muerta a verme con él", explica Lola rodeada de símbolos republicanos en el comedor de su casa. "Yo moriré comunista", exclama para lamentar que "en España no se ha hecho justicia y los que mandaban se han muerto en la cama".

Su marido fue detenido tras ser denunciado por los falangistas del pueblo y condenado a muerte.

Fue el empeño de Lola lo que salvó al marido. Pero no le ahorraron los nueve años de cárcel, que llevaron a esta mujer menuda a recorrer media España -de Murcia a Burgos, en tren y sin dinero- para estar cerca de él. "Yo casi no comía y todo lo que ganaba se lo daba a él".

Hacia Barcelona
En sus visitas a la cárcel Lola hizo de correo entre los presos y para ganarse la vida servía en casas que, en general dice, que la trataron bien. "Pero yo lloraba mucho, me añoraba ", se emociona.

Recién salido de la cárcel el matrimonio volvió a su casa murciana pero el temor a ser denunciados de nuevo los llevó hasta Barcelona. Aquí, su historia vuelve a mezclarse con la de miles de emigrantes que prosperaron con mucho trabajo y esfuerzo.

Pero no dejaron su lucha contra el franquismo. El matrimonio organizaba cenas en su casa para encontrarse con militantes del PSUC para gestar lo que se conoce como la Assemblea de Catalunya.

A punto de alcanzar los 90 y viuda desde hace años, Lola aún conserva el ánimo y para octubre planea un viaje a la Cuba de Fidel.

 

 

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