Alameda,
5. 2º Izda. Madrid 28014 Teléfono:
91 420 13 88 Fax: 91 420 20 04
|
|
Diario ADN 19 de Junio de 2007
Repaso a la situación a los cuarenta años de fascismo desde la perspectiva femenina
| La
voz que leyó el parte del fin de la Guerra Civil el 1 de octubre de
1940 no dejaba lugar a dudas de lo que iba a suponer la nueva era
que se abría en España.
|
Mujeres del Auxilio social. Diario ADN |
|
|
Con su gran aliada del brazo, la Iglesia católica, el franquismo arrancó la
voz pública y el voto a las mujeres y les limitó su actividad a "coser y
cantar". El entrecomillado es de la escritora barcelonesa Carmen Domingo,
que lo utiliza para titular su nuevo libro sobre las mujeres en la dictadura.
Los dos bandos
La obra es un retrato de las mujeres que se situaron en el bando vencedor y se
dedicaron a adoctrinar desde la Sección Femenina o el auxilio social y de las
que perdieron la Guerra y malvivieron en el exilio interior y exterior.
Se trata de explicar "lo que pasó durante aquellos años pero desde el
punto de vista de la mujer", apunta la autora, que huye de calificar el
libro de "feminista". La originalidad del texto es precisamente, esta
ya que no hay muchas ocasiones para conocer de primera mano cómo vive la mujer.
Pero perder, perdieron todas. Vencidas y vencedoras, con lucha o
voluntariamente, tuvieron que pasar por el aro de una estrategia planeada para
hacer de ellas buenas madres y esposas sumisas.
Es una estrategia de feminización de la sociedad, pero no como se entiende hoy
en día sino de discriminarlas por el simple hecho de no haber nacido hombres a
través de la escuela, la cultura y el trabajo.
Chistes sin gracia
Como si la vida para la mujer a partir de entonces se tuviera que limitar a la
casa y al cuidado de los niños, con los que perpetuar modelos. Del cliché
franquista aún se mantienen chistecitos de dudoso gusto, y en nuestros días
políticamente incorrectos, como el que supone las vacaciones ideales de una
mujer en una enorme cocina.
De la cocina al dormitorio hay un paso. Porque el franquismo se metió sin
llamar en las alcobas, sostiene Domingo. Y de ahí se explica que la represión
moral en el sexo y el amor aún la arrastran las jóvenes de su generación,
criadas tras el franquismo pero por madres educadas por el nacionalcatolicismo.
Cierto es que entre las falangistas se alzaron algunas que reclamaron, a su
manera, derechos para la mujer. La abogada Mercedes Formica consigue en 1958 la
modificación del Código Civil que elimina la obligación del marido de llevar
a su mujer a casa de los padres o a un convento en caso de separación.
"Con el franquismo España retrocedió un siglo en el tiempo"
-sostiene la escritora- "Sólo conociendo la represión se pueden entender
los problemas que aún hay para conseguir la paridad de géneros". El peso
de la Historia.
Entrevista con Lola González, víctima del
franquismo
Quien le iba a decir a Lola González que a sus 89 años estaría trabajando
codo con codo con un cura para ayudar a unos jóvenes con problemas. Ni la
bautizaron ni hizo la Primera Comunión. Su primer contacto con la Iglesia fue
en 1937 al verse obligada por las nuevas leyes a casarse por segunda vez con su
marido, esta vez por el rito católico. Él estaba preso en Burgos y ni así
quiso saber nada de la unión eclesiástica, por lo que Lola se casó "por
poderes" y tuvo "de padrino al señorito".
Sesenta años después Lola vive en un piso del barrio barcelonés del Poblenou,
que a base de ladrillo está dejando de ser el barrio obrero que la acogió
cuando llegó a la ciudad en busca de una vida mejor. Por eso se conmueve con
los jóvenes inmigrantes que tratan de abrirse camino y se reúnen en un
parroquia cercana a su casa.
"Nadie sabe lo que es irte de tu pueblo, sin que alguien te ayude",
dice Lola. Y lo de los curas es secundario. "Son modernos y buena
gente", resume.
Seguramente que en la biografía de Lola se verán reflejadas muchas mujeres de
su generación y siguientes. De familia muy humilde y de izquierdas de toda la
vida, se puso a servir a los ocho años y en la adolescencia se enroló en las
Juventudes del Partido Comunista y se casó con un camarada militante.
"Mi señorito me dijo que prefería verme muerta a verme con él",
explica Lola rodeada de símbolos republicanos en el comedor de su casa.
"Yo moriré comunista", exclama para lamentar que "en España no
se ha hecho justicia y los que mandaban se han muerto en la cama".
Su marido fue detenido tras ser denunciado por los falangistas del pueblo y
condenado a muerte.
Fue el empeño de Lola lo que salvó al marido. Pero no le ahorraron los nueve años
de cárcel, que llevaron a esta mujer menuda a recorrer media España -de Murcia
a Burgos, en tren y sin dinero- para estar cerca de él. "Yo casi no comía
y todo lo que ganaba se lo daba a él".
Hacia Barcelona
En sus visitas a la cárcel Lola hizo de correo entre los presos y para ganarse
la vida servía en casas que, en general dice, que la trataron bien. "Pero
yo lloraba mucho, me añoraba ", se emociona.
Recién salido de la cárcel el matrimonio volvió a su casa murciana pero el
temor a ser denunciados de nuevo los llevó hasta Barcelona. Aquí, su historia
vuelve a mezclarse con la de miles de emigrantes que prosperaron con mucho
trabajo y esfuerzo.
Pero no dejaron su lucha contra el franquismo. El matrimonio organizaba cenas en
su casa para encontrarse con militantes del PSUC para gestar lo que se conoce
como la Assemblea de Catalunya.
A punto de alcanzar los 90 y viuda desde hace años, Lola aún conserva el ánimo
y para octubre planea un viaje a la Cuba de Fidel.