Lo que queda de
legislatura se va a centrar en dos cuestiones cruciales, vinculadas
entre sí por el protagonismo público de las víctimas. La más
urgente y concreta es el hoy encallado proceso de finalización de
la violencia, y la otra cuestión, más metafísica o abstracta, es
el debate sobre la reconstrucción de nuestra memoria histórica,
que por fin acaba de iniciar su tramitación parlamentaria tras
muchas vacilaciones gubernamentales. Es en estos dos procesos donde
el presidente Zapatero se juega su posible reelección. Pero como se
trata de problemas de difícil solución, la derecha ha optado por
hacerla imposible, a fin de explotar la debilidad del Gobierno. Y
para ello instrumenta a las víctimas de dos formas diametralmente
opuestas. En el debate del llamado proceso de paz, el PP sacraliza a
las víctimas del terrorismo reivindicando sus derechos para
obstruir la negociación política. Mientras que en el debate sobre
la memoria histórica hace justo al revés: se desinteresa de las víctimas
del franquismo negándose a reparar sus derechos en defensa del espíritu
de la Transición. Pero al hacerlo así, la derecha no sólo busca
su lógico objetivo de debilitar al Gobierno, sino que tiene además
otra intención oculta, dado su origen histórico como sucesora y
heredera de la dictadura franquista.