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 Intervención de Armando López Salinas en el coloquio Por un Estado Laico celebrado

en la Fiesta del PCE de 2006

Por un Estado Laico

 Armando López Salinas *

UCR  Septiembre de 2006

 Si, han pasado años como estrellas fugaces sobre el revuelto calendario de una generación que se echó a la calle para salvaguardar la II república española frente a un general felón aupado al poder por una mafia de terratenientes, banqueros, militares y obispos. Generación republicana que quería salvaguardar la dignidad humana, ser ciudadanos y no súbditos, cambiar la vida como pedía Rimbaud, cambiar el mundo como señalaba Carlos Marx.

 Y  ya se que decir estas cosas no está de moda, que el que las dice le tildan de utópico o dogmático. Pero soy de los que piensan, con Don Antonio Machado, que ni el ayer ni el ayer ni el mañana están escritos, que nunca lo estuvieron, y que el viejo topo de la historia, la lucha de clases, sigue ahí, trabajando todos los días. 

Vale recordar, en esta fiesta del PCE, en esta reivindicación de la memoria histórica, que en nuestro país fueron asesinados por las hordas franquistas entre ciento cincuenta mil o doscientos mil españoles, republicanos todos, socialistas, comunistas, anarquista, sindicalistas, nacionalistas catalanes, vascos o gallegos, gentes sin filiación política alguna, luchadores por la libertad. Vale recordar, cuando la memoria es traicionada, que hace poco se han cumplido setenta y cinco años; 14 de abril de este año 1976, en que el pueblo español acogió con entusiasmo la proclamación pacífica de la II República. Se pensaba entonces que los caminos de la libertad quedaban abiertos y que ante el progreso social ya no se alzarían mayores obstáculos que los ya conocidos del Trono y el altar. Y la libertad necesaria para acabar con el caciquismo, la ignorancia, la explotación  laboral despiadada y el militarismo borbónico que atenazaban la voluntad popular y la modernización del país, comenzarían a abrirse camino. “la tierra para el que la trabaja” era el grito de tres millones de jornaleros sin tierra que esperaban su redención a través de una Reforma Agraria siempre soñada. “Aquellos días, Dios mío, tejidos todos ellos con el más puro lino de la esperanza, cuando unos pocos viejos republicanos izamos la bandera tricolor en el Ayuntamiento de Segovia. Recordemos, acerquemos aquellas horas a nuestro corazón. Con la primeras hojas de los chopos y las últimas de los almendros, la primavera tría a nuestra república de la mano”, decía el poeta.

Pero pronto, al entender amenazados  sus intereses, acabar con la República se puso al orden del día para las castas dominantes, para la “España de Trento, martillo de herejes”. De ahí la intentona de Sanjurjo en 1932, de ahí la repuesta obrera del 34 al intentar la CEDA implantar, a la manera del austriaco Dollfuss, una suerte de clerical fascismo por vía parlamentaria, de ahí,  y tras el fracaso de la derecha en las elecciones de febrero de 1936, el recurso al golpe de estado, a una guerra civil que la iglesia bautizó como Cruzada. Una derecha, una iglesia católica que reclamaba la insumisión contra la república  y el gobierno surgido de la voluntad popular. Insumisión contra las leyes republicanas, ya la reforma agraria, ya la separación de la iglesia y el Estado, ya la enseñanza laica, y la modernización del ejército, ya la ley de divorcio o los estatutos de autonomía.

Si, junto a los obispos, los dueños de la tierra, los dueños de las minas, los dueños del dinero, los terratenientes para los que hablar de reforma agraria o jornadas de ocho horas resultaba algo intolerable para sus intereses. Y ahí estaban los banqueros a los Juan March que iban después a subvencionar a los felones alzados, a los Queipo, Mola, Yagüe, Aranda, Fanjul, Goded, Franco y compañía. Y junto a los dichos, los caciques de los burgos podridos, que decía Don Manuel Azaña, reyes de la baraja en la partida del casino, cabecillas de los pucherazos electorales, de aquella “España devota de Frascuelo y Maria”, los de la casta militarista que habían perdido todas las guerras y que aspiraban a ocupar, como hicieron, su propio país venciendo a un ejército de obreros y campesinos en mono y alpargatas tras tres años de lucha desigual.

 Del otro lado “españolito que vienes al mundo, te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón”, frente a la España del “Vivan las cadenas”, del “lejos de nosotros la funesta manía de pensar”, los jornaleros que reclamaban tierra y libertad, la de los trabajadores de la ciudad y del campo, los mineros del grisú  y la silicosis a la vuelta de la esquina de los años trabajado, la España de los Ateneos Libertarios, Casas del pueblo, centros republicanos, partidos de izquierda, que reclamaban republica y cambios sociales y culturales. La España que recogía los viejos ideales de irmandiños, agermanados y comuneros; la España de la libertad, igualdad y fraternidad de la Revolución francesa, la soñada por los liberales de las Cortes de Cádiz, la España de la Institución Libre de Enseñanza, la del Pacto de San Sebastián, la de vascos, catalanes y gallegos que reclamaban fe respetaron sus derechos nacionales.

 No, señora vicepresidenta del gobierno Doña Mª Teresa Fernández de la Vega, no. No es de recibo, no se puede meter en el mismo saco de la historia a los que defendieron la República del Frente Popular y a los que se alzaron en armas para montar un régimen clerical-fascista que cercenó todas las libertades democráticas conseguidas un abril de 1931. No se puede meter en el mismo saco a victimas y verdugos. La reparación debida a los republicanos españoles no es, no puede ser un apaño, una compraventa de conciencias, sino un asunto de justicia histórica, de moral ciudadana, de talante ciudadano, si usted quiere, valga la palabra tomada del Señor Zapatero. La ley de la memoria que el gobierno Zapatero presenta es inaceptable e indecente.

Durante años y años, señores del gobierno, los españoles hemos sido convocados al silencio, esa perversión, es amnesia política que llega hasta nuestros días, aunque, ciertamente, la dignidad de muchos ciudadanos, que ya no callan, comienza a poner la historia española del siglo XX en pie, sin tergiversaciones. 

Primero fue el silencio provocado por el terror, por los años de la caza al “rojo” que duró hasta después de la muerte del dictador. 

Mas tarde, llegó el callar durante la transición a cuenta de que golpistas a lo Tejero, Millans del Bosch, Armada y compañía anidaban en los cuarteles. Historias, pactos de la transición cuyo alcance, en mi opinión, aún no están del todo aclarados.

Treinta años han pasado desde la muerte del dictador y pareciera que la ley de la Memoria  que nos ofrece al gobierno, a pesar de que nadie ha pedido procesos a los Nuremberg y sigue vigente una especie de ley de punto final a todas luces abusiva, a pesar de los años transcurridos, pareciera que nos se convoca a los demócratas no a la celebración de un acto de justicia debido, sino a un apaño con la derecha de toda la vida, esa derecha que con Franco a la cabeza aupó al rey Borbón y que aún añora al dictador. 

Callar, siempre callar, señores del gobierno, señores diputados,  señores senadores gubernamentales. ¿Por qué esa liquidación oficial de la memoria de los demócratas vencidos en la guerra civil, ese alzheimer en vena que supone ese bodrio de ley de la memoria que llevan ustedes  al Parlamento? Nadie reclama venganza, que yo sepa, sino dignidad, justicia para los luchadores republicanos, para los luchadores antifranquistas. Ustedes militantes del partido de Pablo Iglesias, de Largo caballero, de Negrín ¿no recuerdan lugares tales como la carretera de Málaga a Almería, fosas de Jinamar, pozos como el de Turón? ¿ Cárceles como la de El Coto, Oviedo, Cáceres, Saturraran, Ventas, Yeserías, Puerto de Santa María, Ocaña, San Miguel de los Reyes, Alcalá, Soria, Segovia, Burgos, pudrideros de hombres y mujeres?. Estoy seguro que algunos de sus afiliados si lo recuerdan. 

Como no recordar, días, meses, años en que se fusilaba en cunetas y tapias de cementerios de no importa que lugar de España. Se ha dicho que tras la guerra civil y para sustentar el sistema fascista, que entre 1939 y la muerte de Franco se fusiló a más de  150.000 personas, Paul Preston, cito de memoria, habla de 400.000 exiliados y de diez mil muertos en los campos de concentración nazis. Mirta Núñez documenta la ejecución de 2.663 presos políticos en el madrileño cementerio de la Almudena, lugar donde están enterradas, las “Trece Rosas”, y también los dirigentes comunistas que fueron entregados a los franquistas tras el golpe de estado contra el Gobierno republicano por los Casado, Wenceslao, Carrillo, Besteiro y Mera ente otros. 

Gibson y Sorel dan cuenta de los “paseados” en la Granada de Lorca. Y el teniente Coronel de la Guardia Civil, Aguado, cifra la muerte de 2.173 guerrilleros y 3.387 enviados a prisión, así como el envío a la cárcel o al paredón de 19.500 colaboradores son la guerrilla. ¿Cuántos españoles, mujeres y hombres pasaron por las prisiones? No se sabe su número real.

 Claro es que sabemos, señores del gobierno, que en los últimos años se ha producido una cierta derechización de la vida social y política española, que cierta es la presencia en las filas del Partido Popular de viejos y nuevos fascismos. Y que la Conferencia Episcopal aún no ha pedido perdón al pueblo español por su apoyo a la dictadura  fascista del General Franco. Iglesia que fue parte estructural del fascismo español, que legitimó sus desmanes y que hoy, año 2006, vuelve por donde solía, a hacer de los púlpitos tribunas derechistas llamando a ocupar la calle, a  utilizar su emisora la COPE  como una “Brunete” mediática que pasea por la ondas insultos y nostalgias dictatoriales…1Ay, estos teólogos del euro, del 0’8 por ciento de la recaudación del IRPF, que ponen cara de buenos chicos que no rompen un plato mientras hacen campaña Electoral  para los Fraga, esperancita, Acebes, Rajoy Aznar, Zaplana y compañía!. ¿Para cuando, señores del gobierno, una verdadera separación de la iglesia y el estado?' ¿para cuando la denuncia del Concordato con la Santa Sede que ponga en su sitio a manteos y sotanas, que parecen amar más el poder temporal el que perdieron sus Procuradores en Cortes tras la muerte del dictador, que guardar las llaves del cielo prometido?

Nadie ha pedido, lo dije antes, juicios a lo Nuremberg. ¿Pero que broma es esta de no querer anular de oficio todos los Consejos de Guerra del franquismo que como nos han dicho Martín Pallín y otros magistrados del Supremo son nulos de pleno derecho?. Cosa  juzgada dicen algunos son los procesos de la época franquista. Pero juzgadas ¿por quien, que legitimidad tenían ¿ . La Constitución del 78, de la que discrepo aunque la acato por imperativo legal dado que no devolvió al pueblo español su mentada soberanía, por ejemplo su capacidad de elección sobre la forma de estado y de gobierno, monarquía o república, significa, nos dicen muchos juristas una ruptura legal, jurídica, con la legislación franquista, legislación inaceptable a la luz de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional. Negar la anulación es, señores socialistas, no solo ciscarse en esos aspectos constitucionales aludidos, no cerrar las fosas de los fusilados que se están abriendo en nuestro país y que reclaman justicia, dignidad y ese republicanismo cívico que se alardea.

 ¿Por qué  maquillar lo sucedido ente el 18 de julio de 1936 y la muerte de un general golpista? ¿Qué broma, que desvergüenza es esta que nos habla d preservar el honor de los que tuvieron en los dos bando responsabilidades durante la guerra civil y luego durante la dictadura? No hubo dos bandos, señores del gobierno, sino un gobierno, el de la república y una banda fascista que ocupo el poder mediante las armas, mediante  la represión política permanente.

¿De que honor se habla? ¿Del de los componentes de Tribunales de guerra que no eran otra cosa, algún periodista nos lo ha recordado, que fábricas de condenas de muerte en serie por el delito, que sarcasmo, que cinismo, de adhesión a la rebelión para comunistas, socialistas, anarquistas, republicanos, masones, etc., que habían defendido la legalidad constitucional republicana? 

¿Nos hablan del honor de unos Tribunales, tal el de Orden Público, que no eran otra cosa que instrumentos al servicio de una dictadura clasista  de banqueros, terratenientes, empresarios y otros? Ahí estuvieron los Gabaldon, los Jesualdo, los Hierro, los Eymar, etc.,. Mas tarde, tras el fusilamiento de Grimau, anduvieron los Chaparro, los Hijas, los Mariscal de Gante y compañía gentes que mas parecían escuadristas del fascio que licenciados en derecho. Mugre jurídica dijo en alguna ocasión alguno de los juzgados que se amparaban en puñetas bordadas, togas y birretes para prevaricar a sueldo del poder. La Justicia era la caza del rojo.

 

Conviene, amigos republicanos, en esta Fiesta del PCE, llamar la atención a los compañeros socialistas, a sus  parlamentarios, no vaya a ser que sin quererlo se maquille a la Brigada Político Social, a los  Conesa, Yagüe, Creix, Pacheco; Caro, Ramos, “el Gafas”, Meliton Manzanas y compañía que reinaban en las ergástulas franquistas, en los habitáculos diversos del infierno de las torturas. Que llevaba a cabo trabajos tales como el de apagar cigarrillos en la cara, en el pecho o en el vientre de los detenidos, descargas eléctricas en la lengua, en los genitales. Presos políticos que podían orinar sangre días y días a causa  de los porrazos, de las patadas en el bajo vientre, tal como le ocurrió a Miguel Hernández. O al arrojar a un preso político por la ventana de la Dirección general de Seguridad en la Puerta del Sol madrileña. Tal como le sucedió a Julián Grimau.

 

Y, por ello, ciertamente hablando de la memoria histórica, porque la democracia en que hoy vivimos no vino llovida del cielo, ni traída por un Borbón cualquiera, padre o hijo, sino que fue conquistada día a día, por hombres y mujeres que mantuvieron la encendida la llama de la esperanza tras la derrota republicana en guerrillas, cárceles, exilios por medio mundo, piquetes de ejecución, largas clandestinidades. No, no fue traída por un Borbón que firmó el acta de aceptación de la corona ante  un Ministro de Justicia franquista  después de jurar cumplir las leyes emanadas de las Cortes de la dictadura  en virtud de los votos  de falangistas, obispos, militares y funcionarios del Sindicato Vertical su elección como sucesor del dictador a titulo de rey. Dijo Juan Carlos entonces “recibo de Su excelencia el Jefe del Estado la legitimación política surgida el 18 de julio de 1936”. Un rey que no firmó la Constitución  del 78 quizá porque esta dice en su disposición final que surgió por reforma de las Leyes Fundamentales del Movimiento que la Constitución derogaba, pero no a efectos retroactivos.

 

A veces cabe pensar y , que el olvido programado por los sacristanes del poder de turno, que si no hubiese sido por el movimiento obrero y popular, por todos aquellos que no arriaron  la bandera de la legitimidad y legalidad republicana, las libertades democráticas nadie sabe cuando se hubiera alcanzado. Hasta tiempos recientes, la libertad, valga la paradoja habitaba entre rejas y la democracia era algo por la que bastantes españoles se jugaron la vida muchas veces y siempre la libertad.

 

Señoras y señores, a los ya muchos años de la muerte de Franco y a los muchos de la actual Constitución, y rindiendo homenaje en este lugar a los luchadores republicanos,  desde  UCR queremos afirmar que dicha Constitución, la actual, adolece de un vicio de origen dictatorial, dado que la transición de la dictadura a la democracia no terminó con la devolución al pueblo español de su mentada soberanía. Se instaló la monarquía, el trágala monárquico, sin darle palabra alguna al pueblo español. Y ello porque como decía  el Gatopardo de Lampedusa era necesario que algo cambiara para que todo siguiera igual. Vale decir para que en lo esencial continuara bajo otras formas políticas el poder de las casas dominantes que habían sustentado antes a la dictadura fascista. El rey les sirve para ser la clave del arco del edificio que sustenta y cubre sus intereses.

En la transición, el bloque de poder encabezado por el Rey, ruido de sables por medio, ofreció libertades políticas y sindicales, indultos primero, amnistía después, y elecciones a sedicentes Cortes Constituyentes 

La forma del estado, monarquía o república, esa república por la que lucharon los asesinados por el fascismo en tantos lugares de España, no se sometió a la voluntad popular y aun no se ha sometido a dicha voluntad popular. Nada pues de manipulaciones históricas tendentes a presentar a Juan Carlos de Borbón como un Mesías democrático, rey que devolvió la libertad y soberanía al pueblo español y que en el mejor de los casos no fue otra cosa que un hábil comerciante político. El dictador que solo era responsable ante Dios y ante la historia fue quien nombro a dedo al rey Borbón. 

Entendemos que hora es llegada de plantear una alternativa republicana. Para nosotros, UCR, la III República, recogiendo las experiencias de la primera y la segunda, tendrá que tener sin duda diferencias con las dos para conseguir el apoyo mayoritario del pueblos español. Tendrá  que afirmarse en la necesaria expansión de los derechos humanos recogidos en la Declaración Universal de San Francisco, en la continua expansión de la democracia económica, política y social. Una republica laica y federal, mas allá de los limites del actual estado de las autonomías, vale decir en la que los trabajadores de la ciudad y del campo, intelectuales y profesionales y otros sectores no oligárquicos se puedan reconocer hablemos en vasco, catalán, gallego o castellano, en no importa que lengua de nuestro país. Un republica federal que tenga en cuenta el desarrollo desigual existente  hoy para poner remedio a dichas diferencias. Una republica que como la de 1936 renuncie a la guerra como instrumento de la política exterior y no emprender aventuras en Yugoslavia, Afganistán o Irak, pongamos por caso. 

Señoras y Señores, al reivindicar la memoria de los que fueron asesinados por defender la republica, al reivindicar las ideas de libertad, igualdad  y fraternidad, afirmamos desde UCR que el pueblo español  solo recuperara  su total soberanía cuando pueda elegir la forma de estado y de gobierno que hoy se le niega. Para UCR, la III República  

Señoras y señores, escribamos entre todos nuestra propia historia. Viva la III República

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* Intervención de Armando López Salinas en el coloquio Por un Estado Laico celebrado en la Fiesta del PCE de 2006

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