Robert Fisk
La Jornada / The Independent Traducción:
Gabriela Fonseca.
Exactamente
a un año de que las tropas angloestadunidenses invadieron Irak encontré, el
pasado viernes, a cinco jóvenes que se afanaban destruyendo lo que quedaba de
una estatua de Saddam Hussein, en la frontera de este pequeño poblado
polvoriento.
El torso y la cabeza del dictador habían desaparecido del pedestal, pero las
piernas y un brazo permanecían ahí en el suelo, junto a una batería de
misiles monumentales de acero brillante.
Dos helicópteros de combate se acercaban a la frontera -aún tratando de
encontrar a las hordas de Al Qaeda que, según Donald Rumsfeld, están
llegando como enjambres a Irak-, pero lo que llamó mi atención fueron las
cabezas de los jóvenes que martillaban, serruchaban y destrozaban los restos
de la estatua de Hussein. Cuatro de ellos usaban pasamontañas negros y el
quinto se cubría la cabeza con una capucha negra. Un año después de haber
derrocado a Hussein, ahora los iraquíes tienen que esconder su identidad
cuando atacan su imagen. ¿Qué nos dice esto del "nuevo Irak"?
Si uno se encuentra en Irak, circulando por sus peligrosos caminos, la
evidencia del colapso y el fracaso está en todas partes. Unas cuantas
organizaciones no gubernamentales desarmadas se encuentran aisladas en las
ciudades, sin poder viajar por las carreteras que se han convertido en dominio
de asesinos y bandidos.
Ahora, cuando viajo por estas carreteras utilizo una kuffiah, con todo y su
banda negra en torno de la cabeza. Mi chofer usa pantalones y camisa
occidentales, pero yo ando con ropa árabe para evitar ser atacado. Otros
occidentales están haciendo lo mismo. ¿Qué nos dice eso sobre Irak, a un año
de la "liberación"?
Muchos choferes se niegan a trabajar para reporteros occidentales. ¿Quién
puede culparlos después de lo que pasó a periodistas de la televisión Al
Arabiya, que murieron tiroteados por las tropas estadunidenses? No es de extrañar
que sus colegas se hayan salido de la jactanciosa conferencia de prensa que
dio Colin Powell en Bagdad.
Tres periodistas que trabajaban para una estación de televisión financiada
por Estados Unidos han sido asesinados por insurgentes. Un viejo amigo mío
iraquí -uno de los más acérrimos críticos de Hussein- me contactó esta
semana. El quería trabajar para un Irak "democrático". Pero ahora
desea que yo le ayude a tramitar un segundo pasaporte. Me preguntó si yo podía
hablar con la embajada australiana; porque él ya no cree que vaya a vivir en
un país estable. ¿Qué nos dice esto del "nuevo Irak"?
Para quienes pasamos tiempo en este país es difícil saber si hay que reír o
llorar mientras el coro bélico vuelve a aporrear los tambores de guerra.
Richard Perle, uno de los vulcanos neoconservadores que más presionó a la
administración Bush hacia esta invasión, estaba discutiendo conmigo en un
programa de radio, elogiando el que se haya reinstalado el servicio eléctrico
las 24 horas en la capital iraquí. Qué pena que casi no pude escuchar lo que
decía por el rugido de los generadores de emergencia que sonaban a mi
alrededor esa noche.
¿Cómo se explican los ejércitos de truculentos e insurrectos mercenarios
que ahora rondan Irak por órdenes de las autoridades angloestadunidenses de
ocupación? Muchos miles de ellos son británicos. Algunos están bien
entrenados; otros no. En mi hotel, docenas de ellos se pasean arrogantemente
por el lobby luciendo rifles y pistolas y hablando de "seguridad".
Todos ellos trabajan para empresas de seguridad privadas que han sido
contratadas por los poderes de la ocupación o por compañías, también
privadas. No siguen ninguna regla de combate y muchos beben demasiado. Cuando
le pedí a uno de estos pistoleros británicos, la semana pasada, que al menos
se pusiera una camisa que ocultara su pistola cuando entra y sale de nuestro
hotel, me apuntó con el dedo. "Mira, amigo", me gritó, "si
veo que alguien armado viene a dispararte, me voy a seguir de largo sin hacer
nada".
¡Pero si es él quien amenaza nuestra seguridad! Los iraquíes, por supuesto,
ven el ir y venir de estos jóvenes y sacan sus propias conclusiones, y me
temo cuáles son.
Los ataques contra tropas estadunidenses y civiles occidentales se incrementan
a diario en Mosul. Hace unos días, tres iraquíes fueron muertos en Basora
por un coche bomba dirigido contra una patrulla militar británica. Las tropas
occidentales ahora sólo viajan a Najaf por el norte, y siempre en
contingentes de 200 hombres. ¿Pero qué le pasó a ese "triángulo
sunita" tan claramente trazado?
No es de extrañar que las tropas españolas estén ansiosas por irse a casa.
Ahora que el primer ministro polaco ha dicho que fue "engañado" con
lo de las armas de destrucción masiva, ¿cuánto falta para que sus tropas
sigan a las españolas? Nadie informa que las fuerzas polacas son atacadas
casi todas las noches en los alrededores de la ciudad de Hilla.
Las declaraciones de David Kay (ex inspector de armas estadounidense) en una
entrevista con Le Figaro, en las que dijo: "tenemos que reconocer
nuestros errores y restaurar nuestra credibilidad", están teniendo
amplia difusión en Bagdad. "No creo que exista ninguna oportunidad válida
de comprobar la existencia de armas de destrucción masiva, porque la mejor
evidencia sugiere que nunca existieron".
Aún así, los poderes de la ocupación, la "Autoridad Provisional de la
Coalición", se niega a mantener estadísticas sobre las decenas de iraquíes
inocentes que mueren cada semana bajo su mandato; en ataques con autos bomba,
en asesinatos en las carreteras.
El ejército estadounidense catea los poblados sunitas, tirando las puertas en
el mejor estilo israelí de destrucción. Los constantes asesinatos de
inocentes a manos de estadounidenses está amargando a toda una nueva generación
de iraquíes. Y pronto habrá "democracia" en Irak.