Robert Fisk
The Guardian
Traducido por Juan Amando Calvo Tijero y revisado por
Marcela Serra.
Obtenido de ZNet en español,
2 de Enero de 2004
En los barrios
residenciales de Bagdad y en las ciudades sunitas del norte, la política
militar estadounidense de "dispara primero y pregunta después" y el
colapso de ley y el orden público están cobrando un alto precio un pueblo
destrozado por la guerra.
En el Pentágono, han repuesto la aterradora película de Gillo Pontecorvo de
1965 sobre la guerra francesa en Argelia. "La Batalla de Argel", en
blanco y negro, muestra lo que les ocurrió a la guerrilla del FLN (Frente de
Liberación Nacional) y al ejército francés cuando la guerra se les fue de las
manos. Torturas, asesinatos, bombas trampa, ejecuciones secretas. Como reveló
el "New York Times", los folletos promocionales que se enviaron a los
militares del Pentágono para que viesen esta magnífica y dolorosa película
comenzaban con estas palabras: "Cómo ganar una batalla contra el
terrorismo y perder la guerra ideológica..." Pero a los estadounidenses no
les hizo falta ver "La Batalla de Argel".
De hecho, los estadounidenses ya han cometido muchos de los errores de los
franceses en Irak y la guerrilla iraquí sigue los pasos del FLN. ¿16
manifestantes asesinados en Fallujah? Olvídelo. ¿12 personas muertas a tiros
por los estadounidenses en Mosul? Agua pasada. ¿10 policías iraquíes
tiroteados por tropas estadounidenses en las afueras de Fallujah? "No
tenemos información al respecto", fue la respuesta proporcionada la semana
pasada por las autoridades de ocupación la semana pasada. ¿La bomba en la
embajada jordana? ¿La bomba en la sede central de la ONU? ¿Los 126 muertos de
Najaf? Olvídelo. Las cosas están mejorando en Irak. Han tenido suministro eléctrico
las 24 horas durante tres días seguidos y no ha habido bajas americanas en
cinco días, hasta que mataron a dos soldados americanos el viernes.
Así es como los franceses los franceses solían dar las noticias sobre Argelia.
Lo que no sabes no te puede preocupar. Esto explica porque nunca se comentan los
miles de incidentes violentos en Irak; los voceros de la autoridad de ocupación
no registran los ataques a estadounidenses que cuestan la vida a civiles a no
ser que impliquen la pérdida de vidas entre las "fuerzas de la coalición".
Basta ir a las morgues de las ciudades iraquíes para comprobar que todas las
noches se produce una matanza. Las potencias ocupantes insisten en que los
periodistas tienen para visitar los hospitales (Con suerte puede tardar una
semana obtener las autorizaciones pertinentes), pero las cifras que proporcionan
médicos veteranos indican que es otra la realidad. En Bagdad, cada día llegan
a los tanatorios 70 cadáveres de iraquíes tiroteados. En Najaf, por ejemplo,
las autoridades del cementerio registran un ingreso diario de hasta veinte víctimas
de la violencia. Se trata en parte de víctimas de disputas familiares, saqueos
o asesinatos por venganza. Sin embargo, parte de las muertes han sido producto
de tiroteos por parte de las tropas estadounidenses en puestos de control o en
las cada vez más brutales incursiones llevadas a cabo por las fuerzas de la
coalición en los suburbios de Bagdad y en las ciudades suníes del norte. Sólo
en la semana pasada, los reporteros que cubrían el caso de las muertes de los
policía de Fallujah se sorprendieron al ver niños heridos de gravedad ingresar
al hospital, tras ser alcanzados (según explicaron sus familiares) por un
tanque estadounidense que había abierto fuego en un palmeral en las afueras de
la ciudad. Como siempre, las autoridades de la ocupación no contaban con
información alguna respecto al incidente.
Pero si se considera el número de muertos de Najaf como cifra representativa
para otras dos o tres grandes ciudades, se suma el número de víctimas bagdadíes
diarias y se multiplica este resultado por siete, casi 1000 los asesinados cada
semana y esta cifra es prudente y a la baja. En algún rincón de las grandes y
oscuras salas marmóreas del palacio del virrey Paul Bremer a orillas del Tigris,
alguien debe estar calculando estas terroríficas estadísticas. Pero por
supuesto los estadounidenses no nos lo van a contar.
Es como escuchar la emisora de radio controlada por los estadounidenses en Irak.
Las muertes simplemente no se emiten, a no ser que se produzcan a gran escala
como las bombas de la embajada jordana, la ONU o Najaf. Ni siquiera se informa
de las bajas en las tropas estadounidenses al momento sino 24 horas más tarde.
Al conducir por las autopistas de Irak, me he visto obligado a escuchar la única
emisora que transmite en árabe desde Teherán noticias actualizadas sobre la
guerra de guerrillas de Irak: la "Alam Radio".
Es como si los moradores de las salas iluminadas por las lámparas de araña del
Sr. Bremer no considerasen a Irak como un país real, un lugar trágico y
desesperado cuyo pueblo "liberado" atribuye, de manera cada vez más
frecuente, la culpa de sus miserias a sus "libertadores". Hace seis
semanas, lo único que pudieron hacer los soldados estadounidenses tras perder
el control y ametrallaron a ocho civiles-incluido un niño de ocho años-en la
ciudad de Mansour fue declarar que estaban investigando el
"incidente". No significa sin embargo que se tratase de una
investigación formal, nos aclaró rápidamente un coronel estadounidense. Y por
supuesto los asesinatos pronto se olvidaron.
Lo que está ocurriendo dentro del ejército de ocupación estadounidense es
casi tan misterioso como la matanza de civiles que se produce cada noche. Mi
viejo amigo Tom Friedman, abandonando por un instante su papel de comentarista
mesiánico en el New York Times, hizo referencia a un acontecimiento
directamente vinculado con este misterio. En un puesto de control de un puente
preguntó a un soldado estadounidense por la ubicación del funcionario de la
ocupación con el que intentaba reunirse y la respuesta que obtuvo fue:"En
el lado enemigo del puente". El Enemigo. Así llegaron a ver los franceses
a todos los argelinos nativos. Hable con los soldados en las calles de Bagdad y
soltarán un montón de tacos al pueblo al que se suponía iban a rescatar de
Saddam Hussein en medio de sentidos pedidos por "volver a casa". Un
periodista polaco en Kerbala presenció con que facilidad se puede venir abajo
cualquier intento de contacto humano. "Los soldados estadounidenses saludan
a los transeúntes con un sonoro Salaam Aleikum (Que la paz este contigo).
Algunos niños iraquíes con un carro y una mula dicen algo en árabe y de
repente se pasan todos a la vez los dedos por el gaznate. '¡Hijos de puta!',
gritan los Marines antes de que su traductor les explique que los niños sólo
expresan felicidad por la muerte de los hijos de Saddam Hussein..." Aunque
están a años luz de las atrocidades cometidas por las fuerzas de seguridad de
Saddam, los militares estadounidenses se están volviendo tan indisciplinados y
brutales como el ejército israelí en Gaza y Cisjordania. La táctica de
"dispara primero y pregunta después", las letales incursiones en
viviendas de civiles, la muerte de manifestantes y niños durante los tiroteos,
la destrucción de casas, el encarcelamiento de miles de iraquíes sin juicio o
posibilidad de contacto con sus familias, la negativa a investigar los
asesinatos, el hostigamiento y asesinato de periodistas, la repetición
del"no hay información" sobre los incidentes sangrientos que conocen
perfectamente, todo esto suena como una cámara de resonancia del ejército
israelí.
Y lo que es más grave, la información proporcionada por los servicios de
inteligencia está tan tergiversada por la ideología como lo estuvo en la
invasión ilegal angloamericana de Irak. Al no recibir la bienvenida que merecerían
como "libertadores", los estadounidenses han tenido que convencerse a
sí mismos de que sus verdugos no pueden ser de ningún modo los iraquíes, a
excepción de los famosos restos fieles a Saddam. Deben ser miembros de
"al-Qa'ida", islamistas llegados de Irán, Siria, Arabia Saudita,
Afganistán o Pakistán. Entre los mil "presos de seguridad" detenidos
en el aeropuerto de Bagdad, 200 están clasificados como extranjeros, mientras
que el número de detenidos sin juicio en Irak ronda los 5500. Pero en muchos
casos la inteligencia estadounidense no puede ni siquiera descubrir sus
nacionalidades y es altamente posible que algunos detenidos hayan estado en Irak
desde que Saddam invitó a los árabes a defender Bagdad antes de la invasión.
En realidad, nadie ha presentado la más mínima prueba de que miembros de al-Qa'ida
están introduciéndose en el país. No se ha informado del avistamiento de
ninguno de estos misteriosos hombres, exceptuando la presencia de algunos iraquíes
armados en los alrededores de los santuarios de Najaf tras el atentado de bomba
del mes pasado. El presidente Bush y Donald Rumsfeld han hablado tanto de su
supuesta presencia que los habituales columnistas de derechas de la prensa
estadounidense y los periodistas en general escriben sobre ellos como si
tuviesen existencia real y probada. La inquietante cinta de Osama bin Laden del
11 de septiembre sugiere con ironía que él está tan ansioso por introducir
sus hombres en Irak como lo están los estadounidenses por creer que sus hombres
ya se encuentran en el país.
En la práctica, la fantasía supera a la realidad. Así, los estadounidenses
pueden afirmar que están siendo atacados por "extranjeros":los
infames agentes del mal contra los que el Sr. Bush libra su "guerra contra
el terror". Pero igualmente pueden dar a entender que el atentado suicida
en la sede de la ONU en Bagdad fue obra de los guardias de seguridad iraquíes
que la ONU había conservado del régimen de Saddam. Sea cual fuera la verdad,
-el conocimiento experto sobre atentados suicidas que implicó el ataque a la
ONU podría llegar a sugerir una combinación de miembros del partido Baaz e
islamistas- el mensaje es suficientemente claro: los estadounidenses están
siendo atacados por "terroristas internacionales" pero en cambio los
blandengues de la ONU están siendo atacados por los mismos asesinos iraquíes a
los que protegieron durante años de oposición a las sanciones contra Iraq.
Son numerosos los hombres y mujeres extranjeros en Bagdad, especialmente británicos
y estadounidenses, que trabajan duro para cumplir las falsas promesas hechas por
los señores Bush y Blair acerca de crear una sociedad iraquí digna y democrática.
Uno de ellos es Chris Woolford, cuyo relato de la vida en el palacio de mármol
de Bremer sólo apareció en el boletín interno de la Oficina de Regulación de
las Telecomunicaciones británica para la que trabaja de manera regular. El Sr.
Woolford insiste en que existen signos de esperanza en Irak: el pago de salarios
de emergencia a los funcionarios públicos y la reapertura de las escuelas y las
oficinas administrativas.
Pero merece la pena recordar más fragmentos de su reveladora descripción de la
vida bajoen Bremer. "La vida en Bagdad sólo se puede describir como extraña",
escribe Woolford. "Estamos emplazados en un gran recinto dentro del antiguo
Palacio Residencial de Saddam Hussein. El sitio está repleto de gigantescos
salones de mármol, salas de reuniones (que ahora se utilizan como comedores),
una capilla (con murales de los mísiles Scud) y cientos de habitaciones con
candelabros recargados, que probablemente eran muy apropiadas como salas de
visita pero que no resultan del todo adecuadas como oficinas y
dormitorios...Trabajo en el ala ministerial del palacio en el Ministerio de
Transporte y Comunicaciones. En este ala, cada puerta del pasillo corresponde a
un ministerio diferente. Por ejemplo, en la puerta de al lado está el
Ministerio de Sanidad y justo enfrente el Ministerio de Economía y Finanzas.
Detrás de cada puerta los miembros militares y civiles de la coalición
(principalmente estadounidenses con algún que otro británico intercalado) están
trabajando concienzudamente para tratar de resolver los problemas económicos,
sociales y políticos que enfrenta Irak en la actualidad.
El trabajo que se realiza es sin duda por una buena causa pero no deja de crear
cierta sensación de extrañeza cuando nuestro contacto con el mundo exterior,
con el Irak real es tan limitado." El Sr. Woolford describe las
dificultades que enfrentan a la hora de acordar reuniones con sus homólogos
iraquíes;"la APC (Autoridad Provisional de la Coalición o CPA en inglés)
sigue tomando decisiones clave a puertas cerradas mientras que las decisiones más
importantes se toman directamente en Washington DC." Tanto peor, entonces,
para el consejo interino o el "gobierno" iraquí nombrado
supuestamente para representar la "democracia" venidera de Irak. En
cuanto a los contactos con sus homólogos iraquíes, el Sr. Woolford admite que
en ocasiones se pide a los funcionarios iraquíes que " salgan al jardín
de su casa entre las ocho y las nueve de la tarde para poder llamarlos con
nuestros teléfonos vía satélite",un procedimiento al que sigue la marcha
del personal de la APC parte rumbo a su reunión "con chalecos antibalas y
Humvees (una especie de todo terreno reforzado) que escolta por delante y por
detrás a nuestro vehículo doble tracción..."
Así es como los Estados Unidos y Gran Bretaña intentan "reconstruir"
una tierra devastada que en la actualidad es escenario de una guerra de
guerrillas que se torna cada vez más cruel. Pero existe una sensación
persistente entre los iraquíes y los periodistas que cubren el conflicto: algo
va mal con nuestra respuesta occidental al Nuevo Irak. Nuestras vidas son más
valiosas que las suyas. El "terrible costo humano" de los meses de
verano (una frase de un artículo del New York Times de la semana pasada) se
refería únicamente a los soldados occidentales.
Lo que resulta evidente es que realmente no nos importan los iraquíes. Podemos
pensar que les queremos llevar la democracia pero, a nivel individual, no nos
preocupamos por ellos ni por sus vidas. Nosotros les liberamos. Nos deberían
estar agradecidos. Y si ahora mueren, bueno, nadie dijo que la democracia fuese
algo fácil.
Donald Rumsfeld, que tanto bromeaba acerca de las armas de destrucción masiva
antes de la invasión, admite ahora que ni llegó a hablar de las AMD [Armas de
destrucción masiva. En inglés, el acrónimo es WMD o "weapons of mass
destruction", N. de T.] con David Kay, el jefe del equipo liderado por los
Estados Unidos que buscaba el mítico armamento, durante su reciente visita a
Bagdad. Claro que no. Porque no existen. Asimismo, el Sr. Rumsfeld guarda
silencio sobre el número de víctimas civiles en este país. Ahora no se debe
sino publicitar a los seguidores de su Némesis Bin Laden.
Bin Laden debe estarle agradecido. Igual que los palestinos. La semana pasada en
los campos de refugiados del Líbano se hablaba de lo sucedido en Irak como un
mensaje de aliento. "Si los árabes pueden humillar a la superpotencia
aliada de Israel", me explicaba un funcionario palestino en uno de los
campos de Beirut, "¿por qué deberíamos abandonar la lucha contra los
israelíes que no son soldados tan eficaces como los estadounidenses?" Ésta
es la lección que los argelinos sacaron en claro cuando vieron rendirse al
poderoso ejército francés en Dien Bien Phu [Batalla de la guerra de
independencia de Vietnam librada en 1954 y que supuso la independencia la
colonia, N. de T.]. Los franceses, al igual que los estadounidenses, habían
logrado asesinar o "liquidar" a muchos de los argelinos que hubiesen
podido negociar un alto el fuego con ellos. Una de las tareas más difíciles
que enfrentó De Gaulle cuando decidió abandonar Argelia fue la búsqueda de un
interlocutor válido. ¿Pero qué harán los estadounidenses? La ONU podría
haber sido su interlocutor válido. Sin embargo, ahora se ha descartado a la ONU
como negociadora tras la bomba suicida en Bagdad. Y a los Bin Laden y demás
seguidores de la secta wahabí no les interesan las negociaciones de ningún
tipo. El Sr. Bush declaró "la guerra sin fin". Y parece que tanto los
iraquíes como los miembros de la coalición vamos a ser los protagonistas.