Lo que Bush no mencionó en su discurso
Robert
Fisk
La Jornada 27 de Mayo
2004
No puedo
esperar a ver la prisión de Abu Ghraib reducida a escombros por los
estadunidenses... a petición del nuevo gobierno iraquí, claro. La convertirán
en polvo para destruir un símbolo de la brutalidad de Saddam Hussein. Eso es lo
que nos dice el presidente Bush. Así pues, la rescritura de la historia sigue
adelante.
En agosto pasado fui invitado a Abu Ghraib, nada menos que por mi general
estadunidense favorita, Janis Karpinski, para ver el remozamiento de ese lugar
de abyección, el cual se realizaba entonces al costo de millones de dólares.
Celdas que rechinaban de limpias, tubos de dentífrico y pants nuevos para los
"terroristas" internos. Y ahora, de pronto, el armatoste ya no es un
centro de tortura estadunidense, aunque sigue siendo un centro de tortura iraquí,
y por lo tanto es digno de la demolición.
La rescritura de la historia iraquí se lleva a cabo ahora a velocidad supersónica.
¿Ar-mas de destrucción masiva? Olvídenlas. ¿Vínculos entre Saddam y Al
Qaeda? Olvídenlos. ¿Iraquíes liberados de las torturas de Saddam en Abu
Ghraib? Olvídenlos. ¿Ma-tanza de convidados a una boda? Olvídenla. Despejen
el área para la "plena (sic) soberanía" y para los
"acontecimientos caóticos". Así son las cosas, al menos para el
presidente Bush. Al escuchar la noche del lunes su vacilante pronunciación de
Abu Ghraib co-mo "Abu Grub", no pude más que estar totalmente de
acuerdo (* ).
Sin embargo, otra vez estamos en peligro de perder el detalle. Así como las
autoridades de ocupación describen a los mercenarios armados no supervisados
que murieron en Irak como "contratistas" o, en forma aún más mendaz,
como "civiles", así también están dejando que la responsabilidad
por los interrogatorios pornográficos en Abu Ghraib se aleje flotando junto con
la resolana veraniega sobre el río Tigris.
Por consiguiente, retrocedamos un mo-mento a las largas semanas en que el
Departamento de Manzanas Podridas permitió a sus gorilas poner cuerdas al
cuello a los iraquíes, obligar a los prisioneros a tener sexo entre sí y
violar a algunos jovencitos iraquíes en la cárcel. Y lancemos nuestra mirada
sobre esa pequeña pero sumamente importante cuestión de la responsabilidad.
Los verdaderos interrogadores acusados de animar a los soldados estadunidenses a
abusar de los prisioneros iraquíes trabajaban al menos para una compañía que
tiene extensos lazos militares y comerciales con Israel. Hoy se sabe que el jefe
de una em-presa estadunidense cuyo personal estuvo implicado en las torturas en
Irak asistió a un campo de adiestramiento "antiterrorista" en Israel,
y que a principios de este año recibió un premio de manos de Shaul Mofaz,
derechista ministro de Defensa de Tel Aviv.
Según la empresa CACI International, la visita a Israel del doctor J. C.
London, su propietario - patrocinada por un grupo de cabilderos pro israelíes
en el que figuran congresistas estadunidenses y otros contratistas de defensa-,
tenía el objetivo de "promover oportunidades de asociaciones estratégicas
y empresas conjuntas entre agencias israelíes y estadunidenses de defensa y se-guridad
interna".
El Pentágono y las potencias de ocupación en Irak insisten en que sólo a
ciudadanos estadunidenses se les ha permitido interrogar a prisioneros en Abu
Ghraib, pero tal definición no excluye a estadunidenses que tal vez posean
doble nacionalidad. El informe antes secreto del general Antonio Taguba sobre
las torturas menciona "nacionales de terceros países" involucrados en
el maltrato a prisioneros en Irak.
El general Taguba menciona a Steven Staphanovic y John Israel como participantes
en los abusos. Según Taguba, Staphanovic, quien trabajó en CACI -conocida como
"caqui" entre los militares estadunidenses- "permitió y/o
instruyó a los policías militares, que no estaban entrenados en técnicas de
interrogatorio, facilitar los cuestionamientos 'estableciendo condiciones' (...)
sin duda sabía que sus intrucciones equivalían a abuso físico".
Uno de los colaboradores de Staphanovic, Joe Ryan -a quien el informe de Taguba
no menciona-, afirma ahora que se so-metió a "un curso israelí de
interrogación" antes de ir a Irak.
Sabemos que el Pentágono solicitó a Israel sus "reglas de
compromiso" en Gaza y Cisjordania ocupadas. Oficiales israelíes han
adiestrado a sus pares y, según The Associated Press, "en enero y febrero
de 2003 soldados israelíes y estadunidenses entrenaron juntos en el desierto de
Negev, en el sur de Israel (...) El país hebreo también recibió durante una
semana a funcionarios policiacos y de procuración de justicia estadunidenses en
un seminario sobre contraterrrorismo".
Staphanovic, de CACI, quien probablemente es también australiano, fue acusado
en el informe de Taguba de hacer "una de-claración falsa al equipo de
investigación, referente a su (...) conocimiento de los abusos". Otro
interrogador externo, Adel Na-khia, tal vez de origen egipcio, fue testigo del
"empalamiento" de prisioneros desnudos en Abu Ghraib. John Israel
"engañó" a los investigadores al negar que hubiera atestiguado
conductas indebidas y señalar que no tenía "autorización de
seguridad".
Israel, según Titan -dos de cuyos em-pleados fueron mencionados en el informe
de Taguba-, trabaja en una de las "subcontratistas" de esa empresa,
cuyo nombre se negó a proporcionar. ¿ Por qué? Entre los antiguos directores
de Titan está el ex director de la CIA James Woolsey, uno de los arquitectos de
la invasión estadunidense de Irak, amigo de Ahmed Chalabi y prominente
cabildero pro israelí en Washington.
El doctor London sostiene que CACI "no condona ni tolera o promueve en
ninguna forma cualquier conducta ilegal o inapropiada de sus empleados, bajo
ninguna circunstancia ni en lugar alguno".
Resulta claro, sin embargo, que el rastro de la tortura en Abu Ghraib tiene que
ir mucho más allá de un grupo de brutales po-licías militares estadunidenses,
todos los cuales aseguran que "oficiales de inteligencia" les
ordenaron "ablandar" a los prisioneros para interrogatorio. ¿Eran
israelíes? ¿Sudafricanos? ¿O británicos? ¿Vamos a dejar que la historia se
esfume?
(* ) Juego de
palabras. "Grub" tiene el sentido de cavar hoyos, meterse en
profundidades.
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya