Irak visto a través del espejo americano
Robert Fisk
The Independent
Traducido para Rebelión por Marina Trillo
Algo muy
desagradable está desatándose en Irak. Justo esta semana, un
comandante de compañía de la primera División de Infantería
estadounidense en el norte del país admitió que, para sacar información
sobre los guerrilleros que están matando tropas estadounidenses, era
preciso "inculcar miedo" a los aldeanos. Un intérprete Iraquí
que trabaja para los estadounidenses acababa de sacar de su casa a una
anciana para asustar a sus hijas y nietas y hacerlas creer que la
llevaban detenida.
Un comandante de batallón en la misma zona lo explicó aún con mayor
claridad. "Con una buena dosis de miedo y violencia, y mucho dinero
para proyectos, creo que podemos convencer a esta gente de que estamos
aquí para ayudarles," dijo. Hablaba de una aldea que sus hombres
habían rodeado con alambre de espino, sobre el que había un letrero
que decía: "Esta valla está aquí para su protección. No se
acerquen ni traten de cruzarla, o recibirán un disparo."
Intente explicar que este tratamiento -y estas palabras- ofenden la
misma humanidad básica de las personas a las que los estadounidenses
dicen que vinieron a "liberar" y se encontrará en Bagdad con
la misma explicación: que un "resto" muy pequeño de
"intransigentes" -leales al ahora capturado Saddam Hussein,
etc. etc.- tienen que ser apartados de los civiles a los que están
"intimidando".
Señalar que la intimidación procede en gran parte de las fuerzas
estadounidenses de ocupación -para horror de los ingleses en el sur de
Irak que temen, comprensiblemente, que la venganza Iraquí les visite al
igual que lo hizo con los italianos y españoles- es inútil.
Por el contrario, nos cuentan que las tropas estadounidenses se están
ganando esos famosos corazones y mentes con el espíritu de la Navidad.
Hubo un cruel ejemplo de ello - y del inherente racismo que impregna
incluso los reportajes de tales acontecimientos - en la agencia
Associated Press, justo esta semana.
Al describir cómo un soldado estadounidense con un sombrero de Santa
Claus repartía animales de trapo a los niños, el periodista Jason
Keyser escribió que un niño de 11 años "miraba desconcertado,
después sonrió" cuando el soldado le dio una pequeña cabra de
trapo. Después proseguía el reportaje: "otros de la multitud de
en su mayor parte Musulmanes asían codiciosamente la caja," añadiendo
la observación del soldado que: "Estos no saben cómo manejar la
generosidad."
No dudo del deseo del soldado de hacer el bien. Pero ¿qué va a hacer
uno con los "en su mayor parte musulmanes" que "asían
codiciosamente" los regalos? ¿O con los insensibles comentarios
del soldado acerca de la generosidad? Los periódicos iraquíes han
estado sacando en portada una postal navideña producida por las tropas
estadounidenses en Bagdad: "1er Batallón, 22ª Infantería ¡les
desea unas muy Felices Navidades!" dice.
Pero la ilustración es la de Saddam Hussein con su barba desaliñada
justo después de su captura, llevando un sombrero de Santa Claus en la
cabeza. Bastante chistoso para nosotros, sin duda -personalmente no
puedo pensar en mejor hazmerreír derrotado para hacer de San Nicolás-
pero un claro insulto a los árabes sunitas que, por mucho que puedan
aborrecer a la bestia de Bagdad, verán en esta tarjeta un deliberado
intento de humillar a los Musulmanes Iraquíes. Corresponde a los Iraquíes
degradar a su ex presidente, no a sus ocupantes estadounidenses.
Es casi como si las potencias ocupantes desearan mirar a través del
espejo de Alicia. Esta semana, tuvimos la extraña declaración del
General Británico Graeme Lamb de que Saddam podría comparase con el
Emperador Calígula. Aquí el buen general estaba basándose
probablemente en los Doce Césares de Suetonio al emitir sus opiniones
sobre Calígula. Pero hay que decir que, el romano era mucho mas loco
que Saddam e incluso más desconsiderado con la vida humana.
Con el loco Uday Hussein, hijo de Saddam, pudiera establecerse un
paralelismo más apropiado. Pero, ¿qué se espera lograr con todo esto?
Un juicio por graves crímenes de guerra - preferiblemente fuera de Irak
y lejos de la contaminada judicatura del país - es la manera de definir
la naturaleza del repulsivo régimen de Saddam.
Todas las comparaciones del ex dictador con Hitler, Stalin, Atila el
Huno o Calígula -así como todas las sugerencias de que Tony Blair o
George Bush son Winston Churchill- son infantiles. E insistamos, les
parecerán insultantes a los musulmanes sunitas de Irak, la única
comunidad que los estadounidenses deberían estar desesperados por
aplacar, puesto que son los sunitas los que principalmente están
resistiéndose a la ocupación.
Pero el efecto espejo parece haber calado en el seno de la autoridad
entera del procónsul estadounidense Bremer. Al igual que el presidente
George Bush, a Bremer le ha dado ahora por repetir el absurdo de que
cuanto mayor sea el éxito de Occidente en Irak, más frecuentes serán
los ataques contra las tropas estadounidenses.
"Personalmente creo que tendremos más violencia en los próximos
seis meses," dijo hace un par de semanas, "y la violencia será
precisamente consecuencia del hecho de que vamos camino del éxito."
En otras palabras, las mejores cosas surgen, cuanto peor sea llegar a
ellas. Y cuanta mayor violencia, mejor lo estamos haciendo en Irak.
No me preocuparía tanto por estas tonterías si no se reflejaran sobre
el terreno en Irak. Tómese la declaración estadounidense -ahora
considerada un absurdo- de que mataron a "54 insurgentes" en
Samara hace un mes. La verdad es que mataron al menos a ocho civiles y
ni pizca de evidencia de que mataran a nadie más. Pero todavía
insisten en referirse al cuento de su gran victoria.
La semana pasada, sacaron una versión similar del mismo cuento. Esta
vez hubo 11 "insurgentes" muertos en Samara. Pero cuando The
Independent investigó, solo pudo encontrar datos de cuatro civiles
muertos y muchos heridos. Ninguno de los heridos -presumiblemente
"insurgentes" si los Americanos se creen su propio cuento- había
sido visitado en el hospital por las fuerzas estadounidenses que podrían,
si no les cuestionaban, al menos haberse disculpado.
Una costumbre aún más rara se ha manifestado ahora entre los
portavoces de las autoridades de ocupación. Cuándo un tanque arrolló
a un prominente clérigo Musulmán Chiíta en el suburbio de Sadr City
en Bagdad hace tres semanas, declararon que se trató de un
"accidente de tráfico", como si pasar con un tanque Abrams
M1A1 por encima de un coche y de un prelado con sus vestiduras fuera el
tipo de cosas que pueden suceder en cualquier calle del centro.
A los pocos días, después de que un camión-bomba se estrelló contra
un coche y mató a 17 civiles, los chicos de la ocupación esparcieron
la misma basura otra vez. Fue, dijeron, un accidente de tráfico de un
camión cisterna. Pero no había ninguna cisterna conectada al camión.
Las primeras tropas estadounidenses en llegar a la escena encontraron
las granadas usadas para detonar la bomba y todas las víctimas estaban
destrozadas en pedacitos; no quemadas, como habría sucedido si el camión
cisterna simplemente se hubiera incendiado. Los que llegamos al lugar de
los hechos poco después de la matanza todavía pudimos percibir el olor
de los explosivos. Pero fue un "accidente de tráfico".
Justo ayer asistimos a un acontecimiento igualmente extraño. Informaron
de que aviones reactores, aviones C-130 con ametralladoras, y artillería
pesada estaban atacando a las "bases guerrilleras" del sur de
Bagdad en la operación Martillo de Hierro. Pero la investigación
demostró que los objetivos eran campos vacíos y que parte de la
artillería pesada disparaba ráfagas en blanco como parte de un
ejercicio rutinario de mantenimiento.
Así pues, tomemos nota. Los rebeldes son civiles. Los camiones bomba y
los tanques que aplastan a civiles son accidentes de tráfico. Y los
civiles "liberados" que viven en aldeas cercadas con alambre
de espino deben aguantar "una buena dosis de miedo y
violencia" para hacerles entrar en vereda.
En algún lugar del camino, probablemente también les hablarán de
democracia.