¿Caos “patrocinado” en Iraq?

Alberto Piris
La Estrella Digital

 

Al considerar el grave deterioro de la situación en Iraq, es fácil dejarse llevar por las impresiones superficiales. Impresiones que a menudo conducen a conclusiones que contienen sólo parte de la verdad: el caos dificulta la reconstrucción de Iraq; pone en una embarazosa posición a Bush y a quienes decidieron la invasión y la apoyaron; actúa como fermento multiplicador del terrorismo; impide que Naciones Unidas intervenga en el esfuerzo pacificador; y, en suma, se imbuye la idea de que el caos reinante es algo sobrevenido, no deseado ni deseable, y mucho menos organizado o planeado.

No todos coinciden en esta apreciación. Como Mark LeVine, profesor auxiliar de Historia en la Universidad de California y autor de varios libros sobre política internacional. En la página web del Nation Institute escribe un provocador artículo titulado "Whose Chaos Is This Anyway?", que pudiera traducirse como: "Así pues, ¿de quién es este caos?". Su argumentación abre interrogantes muy dignas de consideración.

La prensa española del pasado viernes informaba de que dos importantes empresas (Siemens y General Electric) interrumpían sus actividades en Iraq, lo que suscitaba dudas sobre la capacidad de EEUU para reconstruir el país en medio de una creciente inseguridad. Pero, a la vez, el San Francisco Chronicle anunciaba que la multinacional Bechtel había alcanzado en el 2003 una cifra récord de beneficios, tras tres años de pérdidas continuas, gracias a los contratos para la reconstrucción iraquí. Así pues, el caos en Iraq puede crear problemas empresariales pero también ofrecer oportunidades sin parangón.

LeVine se pregunta si lo que está ocurriendo en Iraq es sólo debido a la incompetencia o si ese caos es ventajoso para algunos, que, en vista de ello, tienden a planificarlo y patrocinarlo. Parece difícil cuantificar qué parte del caos es producto de la guerra y la ocupación (es decir, debido a la planificación errónea, la arrogancia y la simple estupidez del Gobierno de Bush) y qué parte es aceptada, si no fomentada, por algunos órganos de ese Gobierno. Un psiquiatra militar iraquí vinculado a la Autoridad Provisional de la Coalición, aludiendo a la caótica situación existente, comentaba: "No pueden ser tan incompetentes. Tiene que haber en esto algo de deliberado".

Para LeVine, el caos se articula en tres círculos. El primero de ellos está formado por Bush y algunos de sus más altos colaboradores civiles y militares, a los que se atribuyen los principales errores de planificación y la equivocada percepción de varios factores (políticos, humanos, culturales y religiosos) del país a ocupar, de todo lo cual vienen tratando extensamente los medios de comunicación -incluyendo algunos libros denunciadores recientemente publicados en EEUU-, donde se juzgan los distintos niveles de la incompetencia gubernamental.

Pero hay otros dos círculos a los que es más difícil atribuir incompetencia: los ideólogos de extrema derecha de la Casa Blanca y del Pentágono y las poderosas corporaciones asociadas a éste. Para LeVine, ambos círculos están personificados y coinciden en el vicepresidente Cheney, antiguo secretario de Defensa y ex director general de Halliburton, apoyado por otros altos funcionarios que nunca creyeron que la ocupación de Iraq sería un paseo militar y no les importaban las dificultades en tanto que sirvieran para reconfigurar el mapa político de la zona.

Mientras subsista la violencia será difícil instaurar en Iraq la democracia y no podrán promoverse alternativas a la sociedad civil distintas a las dos actuales: o colaborar con el ocupante y arriesgarse a ser asesinado, u oponerse a él integrándose en la oposición de tinte religioso y fanático. Una ventaja de esto es que cualquier leve mejora en la caótica situación actual puede ser aducida por la Casa Blanca como prueba del éxito en la reconstrucción del país.

Sólo en el tercer círculo se empieza a apreciar la posibilidad de grandes beneficios en un mundo donde la violencia y la falta de leyes son la esencia del libre mercado. En un mundo de "caos patrocinado", las grandes corporaciones multinacionales y las empresas a ellas vinculadas -incluyendo las nuevas compañías de "seguridad"- esperan obtener cifras multimillonarias en Iraq y en la guerra universal contra el terrorismo, con independencia de la sangre que se vierta en el proceso. Afirma LeVine: "En cuanto aparecen las mafias, el caos se multiplica y, durante algún tiempo, es el modo más fácil y barato de prosperar para los que no mueren o sufren sus efectos". Así ocurrió en la desintegración de la URSS, y eso es lo que se empieza a observar ahora también en Iraq.

Así pues, puede haber incompetencia auténtica, pero también existe cierta incompetencia deliberada, y es difícil distinguir entre ambas. Para algunos, lo que buscan Cheney y sus adictos es "proyectar el dominio de EEUU en un plano geoestratégico", más que obtener beneficios empresariales. Pero la historia muestra que el dominio imperial va siempre unido al beneficio empresarial. Algunas realidades sustentan la provocativa teoría de LeVine: no hay exportación de democracia a Iraq, sino exportación de caos e inseguridad. LeVine afirma que el principal motivo de la invasión son los más de 100.000 millones de dólares que EEUU habrá invertido en Iraq a fines del 2005 -de los que no se puede saber qué parte irá a manos de Halliburton o Bechtel y no a los iraquíes-, unidos al fraude, los sobornos y el despilfarro (incluidos ya en los contratos como "cláusulas especiales"), sumados a los más de 250.000 millones de dólares en gastos militares. Para él, todo esto prueba que el caos está, en gran parte, planificado y patrocinado. El desarrollo de los acontecimientos en los próximos meses permitirá valorar la certeza de esta provocadora teoría.

Alberto Piris

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