|
Alameda, 5. 2º
Izda. Madrid 28014 Teléfono: 91 420 13
88 Fax: 91 420 20 04
|
presencia. Juan Carlos «El Rey» |
|
Se quedarán en Iraq
Luis de Velasco
La estrella Digital 4 de diciembre de 2007
Los medios han informado recientemente de un acuerdo entre los gobiernos de Estados Unidos e Iraq para establecer, en el curso de los meses inmediatos, un marco nuevo de relaciones. El menor número de muertes y atentados en Iraq en estas últimas semanas parece haber fortalecido la confianza de ambas partes. El objetivo de ese acuerdo sería la presencia militar norteamericana permanente mediante la construcción de superbases militares, concretamente cinco que ya están en construcción, completadas con una superembajada, la mayor de EEUU en todo el mundo, también en marcha. En plena campaña previa a la elección presidencial en EEUU, ningún candidato demócrata con posibilidades ha hablado de retirada total. Todos ellos han hablado de dejar un contingente de tropas. Es absolutamente coherente que EEUU quiera permanecer en el país, otra cosa es que lo logre (habrá que contar con la resistencia iraquí). Desde esta columna, desde el principio de la invasión y a pesar de la catástrofe que supone Iraq para ese invasor, se ha sostenido que EEUU se ha embarcado en una guerra claramente de opción con un enorme coste humano, político y económico pero que, precisamente por ello, no iba a soltar la presa. Las dos razones centrales de esta guerra han sido y son el petróleo y tratar de obtener un diseño de la región más favorable para el invasor y su principal aliado en el mundo, Israel, con vistas a la contención del enemigo principal que es Irán. El periodista Jim Holt acaba de publicar, el 18 de octubre, un clarificador artículo en la London Review of Books titulado “Se trata del petróleo”, algo que también ha dicho Alan Greenspan en sus recientes memorias. La tesis de Holt es sencilla: las reservas de petróleo de Iraq suponen un cuarto de las mundiales con un valor, a precios actuales, de treinta billones de dólares. El coste total previsto de la aventura iraquí supone para EEUU un billón. Inversión acertada, negocio redondo. Para eso hay que asegurarse el control del petróleo y de sus beneficios, algo que, según Holt, está en marcha. El círculo se cierra con esa citada presencia permanente con cincuenta mil soldados y otros tantos mercenarios, capítulo este último siempre olvidado pero clave pues esos mercenarios gozan de absoluta impunidad ante los tribunales norteamericanos, como se ha visto en recientes casos. Ese control del petróleo es clave para EEUU a la vista de lo que pasa en Venezuela y del peligro siempre latente en el aliado clave en la OPEP, Arabia Saudí. Todo cuadra, al menos en teoría. Pero, como dice Holt, casi nunca este tipo de planes secretos y ambiciosos suceden luego en la realidad. El tiempo lo dirá, ese mismo tiempo que ha ido mostrando las grandes mentiras con las que se trató de justificar esta guerra.
|