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presencia. Juan Carlos «El Rey» |
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Lo$ negocio$ de Blackwater
Jeremy Scahill
Sin Permiso 24 de Diciembre de 2007
Diecisiete
civiles iraquíes muertos a tiros en un incidente que los propios militares
han calificado como “criminal”. Varias investigaciones abiertas por parte
del Congreso. Un proceso judicial a escala federal, entre otras razones
por presuntos crímenes de guerra. Acusaciones de contrabando de armas
ilegales y de “evasiones fiscales significativas”. Demandas judiciales
interpuestas por familiares de empleados y de soldados estadounidenses
muertos que alegan que las de los suyos fueron muertes carentes de toda
justificación. Cargas de esteroides detonadas sin miramientos por parte de
mercenarios de gatillo fácil. Con un nuevo escándalo estallando
prácticamente cada día, uno pensaría que la empresa de seguridad
Blackwater, cuyos empleados son calificados por el gobierno iraquí
colocado por Estados Unidos como “asesinos”, debería de estar contra las
cuerdas, cortocircuitada en tanto que entidad jurídica y lista para ser
eliminada del mapa. Pero parece que los negocios de la compañía van mejor
que nunca: no en vano sigue obteniendo importantes contratos por parte del
Gobierno Federal, por mucho que el descaro y el engreimiento con que
presenta sus actividades ante el público siga creciendo día tras día. En lo que ha sido una de las acciones más extravagantes de la compañía hasta la fecha, el pasado 1 de diciembre miembros del cuerpo aéreo de Blackwater escenificaron un espectacular aterrizaje en el que no faltaron banderas y paracaídas con los emblemas de la empresa. Lo curioso del caso es que dicho aterrizaje no se produjo en Bagdad o en Kabul, sino en el Qualcomm Stadium de San Diego, en concreto durante el show de la media parte de un partido de fútbol americano. La localización escogida para tal espectáculo no deja de ser reveladora, puesto que Blackwater está actualmente teniendo que lidiar encarnizadamente con la oposición de grupos de vecinos que tratan de impedir que se lleven a la práctica los planes de la empresa de abrir un nuevo campo de adiestramiento, “Blackwater West”, en un espacio de
Durante las últimas semanas, Blackwater ha insinuado que podría abandonar Irak. “Hemos observado que el mercado de la seguridad va a la baja”, afirmó Prince al Wall Street Journal en octubre. Sin embargo, ello no fue óbice para que el 3 de diciembre, Blackwater hiciera públicas unas listas con ofertas de trabajo para “especialistas en seguridad” y francotiradores, listas que respondían a la ampliación de su contrato con el Departamento de Estado para misiones de seguridad diplomática. Pese a que entre los activistas pro-derechos humanos Blackwater cuenta con una reputación pésima, la compañía no sólo ha logrado ganar mucho dinero en Irak gracias a sus contratos con el Departamento de Estado (cerca de mil millones de dólares), sino que ha obtenido una gran notoriedad en tanto que cuerpo capaz de velar por la vida de los oficiales estadounidenses, y de hacerlo recurriendo a los medios que sean necesarios para lograr tal objetivo. El sucio secreto a voces que respecto a Blackwater recorre Washington es que la compañía ha cumplido su misión en Irak, pese a que, para lograrlo, haya tenido que valorar las vidas de los iraquíes muy por debajo que las de los VIPs estadounidenses que se ha encargado que proteger. La imagen de matones eficaces de los empleados de Blackwater será de gran utilidad para la expansión de la compañía a escala global.
Prince promete que Blackwater “será algo más que el proyecto comercial de amplio espectro que ya es”. Sin ir más lejos, y pese a toda la retahíla de escándalos que acompañan su andadura, Blackwater está tratando de ultimar un contrato de cinco años con el Pentágono que le reportará 15 mil millones de dólares y que tendrá como objetivo “luchar contra terroristas involucrados en el negocio de la droga”. Puede que la compañía se una en Colombia o en Bolivia al gigante mercenario DynCorp, o que sea enviada a México para poner en práctica “misiones de instrucción”. En cualquier caso, este contrato para llevar a cabo la guerra “contra la droga” situaría a Blackwater al nivel de los grandes del negocio de la guerra, entre los que cabe citar Lockheed Martin, Northrop Grumman y Raytheon.
Además de proseguir con sus rentables negocios en el terreno del respeto de la ley y de la garantía de la seguridad, tanto en Estados Unidos como en el campo de batalla, Blackwater está diversificando su oferta. Estos son algunos de sus proyectos e iniciativas más recientes:
§ Greystone Ltd., una filial de Blackwater registrada en el paraíso fiscal de Barbados, es una compañía tradicional de mercenarios que ofrece “personal militar de lo mejor que se puede encontrar en todo el mundo” presto para ser contratado por gobiernos y organizaciones privadas. Asimismo, Greystone presume de contar con un “programa multinacional de defensa de la paz” del que forman parte fuerzas “especializadas en el control de las masas y en el uso de técnicas y de personal militar preparado para operar en las áreas de menor estabilidad”.
§ La compañía Total
Intelligence Solutions, propiedad también de Prince y liderada por tres
veteranos de
§ Blackwater está lanzando al mercado un vehículo blindado llamado “Grizzly” que la compañía describe como el más versátil de la historia y que está tratando de modificar para que pueda convertirse en un vehículo de uso legal en las autopistas estadounidenses.
§ Blackwater está lanzando al mercado un vehículo blindado llamado “Grizzly” que la compañía describe como el más versátil de la historia y que está tratando de modificar para que pueda convertirse en un vehículo de uso legal en las autopistas estadounidenses.
§ La división de aviación de Blackwater posee unos cuarenta aparatos, entre los que cabe contar aviones con turbopropulsores utilizados para aterrizajes no ortodoxos. Asimismo, ha encargado el avión paramilitar brasileño “Super Tucano”, capaz de maniobrar eficazmente en acciones contra la insurgencia. Finalmente, en agosto de 2007, la división de aviación de Blackwater se hizo con un contrato de 92 millones de dólares con el Pentágono, contrato que le permitirá operar vuelos en Asia Central.
§ Recientemente, Blackwater
puso a prueba el dirigible no tripulado “Polar
§ Finalmente, la división
marítima de Blackwater está creciendo también a gran velocidad. En este
momento cuenta con un nuevo navío de
Al mismo tiempo, Blackwater se
ha unido al grupo que apoya la campaña presidencial del candidato
republicano Mitt Romney. Cofer Black es el asesor de Romney en materia de
lucha contra el terrorismo. En un debate reciente para CNN/YouTube, al
negarse a considerar el “waterboarding” (2) como un acto de
tortura, el candidato republicano pronunció las siguientes palabras: “No
voy a especificar los métodos específicos de lo que es y de lo que no es
tortura, porque no quiero que la gente que podamos detener sepa qué cosas
somos capaces de hacer y qué cosas no somos capaces de hacer. Y conste que
este consejo lo recibo de Cofer Black, que ha sido el jefe de
antiterrorismo de
Al mismo tiempo, Blackwater se
ha unido al grupo que apoya la campaña presidencial del candidato
republicano Mitt Romney. Cofer Black es el asesor de Romney en materia de
lucha contra el terrorismo. En un debate reciente para CNN/YouTube, al
negarse a considerar el “waterboarding” (2) como un acto de
tortura, el candidato republicano pronunció las siguientes palabras: “No
voy a especificar los métodos específicos de lo que es y de lo que no es
tortura, porque no quiero que la gente que podamos detener sepa qué cosas
somos capaces de hacer y qué cosas no somos capaces de hacer. Y conste que
este consejo lo recibo de Cofer Black, que ha sido el jefe de
antiterrorismo de
En resumen, Blackwater avanza viento en popa a toda vela. Claramente, los escándalos no han sido motivo suficiente para detener esta expansión. Los críticos de Blackwater que se sientan en el Congreso, que conviene recordar que está controlado por el Partido Demócrata, deben hacer frente a la raíz del problema: el gobierno se halla en medio del proceso de privatización de la administración más profundo de la historia. El hecho de que compañías como Blackwater se hallen cada vez más involucradas en el aparato de guerra de Estados Unidos da prueba de ello. Hasta que no se logre vencer esta tendencia, el único límite que el proyecto “Blackwater Worldwide” encontrará son los propios límites del mundo. Y esto Blackwater lo sabe.
NOTAS T.: (1)
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