Los crímenes contra los
palestinos en los territorios ocupados y en otras partes, particularmente
desde que los palestinos votaron "de manera equivocada" y dieron la
victoria a Hamas el año pasado, son tan escandalosos que la única reacción
emocionalmente válida es la furia y el pedido de acciones extremas. Pero
eso no ayuda a las víctimas, y es probable que les haga daño. Nuestras
acciones tienen que estar adaptadas a las circunstancias del mundo real,
pese a lo difícil que puede ser permanecer calmo al enfrentar crímenes
vergonzosos, en los cuales nosotros, en los Estados Unidos, estamos
directa y crucialmente implicados.
Nos estamos aproximando a la conferencia entre israelíes y palestinos
convocada por el presidente de Estados Unidos George W. Bush y que se
realizará en Annapolis, Maryland. Es la primera iniciativa diplomática
potencialmente seria de esta administración en relación al conflicto.
De manera ideal, las negociaciones de Annapolis deberían comenzar en el
punto que habían alcanzado en Taba, Egipto, en enero de 2001. Esa semana
fue el único momento en 30 años que los Estados Unidos e Israel
abandonaron la posición de rechazo que han mantenido en virtual
aislamiento hasta el presente. Y Taba estuvo a punto de llegar a un
arreglo para la creación de dos estados, con un razonable canje de
tierras. La idea convencional es que en Taba los palestinos rechazaron la
generosa oferta de Israel. De hecho, la conferencia terminó abruptamente
por decisión del primer ministro israelí Ehud Barak, cuando los
negociadores informaron que estaban a punto de llegar a un acuerdo.
Tal vez Taba estuvo al borde del éxito porque Estados Unidos no actuó como
mediador. La política de Washington hacia israelíes y palestinos ha sido
por mucho tiempo una contorsión.
"Cada administración (de Estados Unidos), desde 1968, cuando Israel ganó
la guerra y ocupó Cisjordania y la Franja de Gaza, ha favorecido devolver,
al menos en privado, casi todo el territorio a los palestinos con el
propósito de crear un Estado palestino separado", observó hace dos meses
el respetado analista de política Leslie Gelb en The New York Times Book
Review.
Observen la frase "en privado". ¿Por qué no públicamente?
Gelb no puede querer decir que la diferencia en la posición viene del
miedo al aterrorizante lobby israelí, pues intenta negar la tesis de que
se trata de una fuerza poderosa e intimidante. Entonces, ¿por qué
solamente de manera "privada"?
Tal vez porque ese tipo de interpretación apoya la cómoda autoimagen de
Estados Unidos como un "intermediario honesto", frustrado en sus nobles
esfuerzos por culpa de extranjeros violentos e irracionales. También se
asigna a los palestinos el rol principal en el drama.
Sabemos lo que la administración ha dicho públicamente. El gobierno de
Washington ha rechazado todo aquello que permita la creación de dos
estados. Eso viene ocurriendo desde 1976, cuando Estados Unidos vetó una
resolución del Consejo de Seguridad reclamando un acuerdo de dos estados
en la frontera internacional (la Línea Verde), incorporando todo el fraseo
relevante de la resolución de la ONU 242, de noviembre de 1967.
Los dos estados. Ahora, casi todo el mundo está de acuerdo con la creación
de dos estados, según las líneas en las que estuvieron a punto de ponerse
de acuerdo en Taba. Esto incluye todos los estados árabes, que proponen
una total normalización de relaciones con Israel. Incluye además a Irán,
que acepta la posición de la Liga Árabe. Incluye a Hamas, cuyos líderes
han pedido repetidamente y públicamente un acuerdo de dos estados, incluso
en la prensa de Estados Unidos. Incluye también a la figura más militante
de Hamas, Khaled Meshal, exiliado en Siria. Israel ha rechazado de manera
reiterada el consenso internacional. Y Estados Unidos apoya totalmente ese
rechazo.
El presidente Bush ha llegado a nuevos extremos en ese rechazo, declarando
que los ilegales asentamiento de la Margen Occidental deben quedar en
manos de Israel. Pero la línea del partido permanece imperturbable: Bush,
la secretaria de Estado Condoleezza Rice y el resto desean que se concrete
la "visión" de Bush de un Estado palestino, persistiendo en el noble
esfuerzo de un "intermediario honesto" de larga data.
El rechazo va mucho más allá de las palabras. Más significativas son las
acciones en el terreno: programas de colonización, el muro de anexión,
cierres, revisaciones y cosas mucho peores.
La historia continúa a medida que la conferencia de Annapolis se aproxima.
Sólo un ejemplo: Israel acaba de confiscar más tierra árabe para construir
una ruta de desvío por la que puedan circular los palestinos. El propósito
es "impulsar el tráfico palestino entre Belén y Ramalah hacia el desierto
e impedir de hecho que (los palestinos) tengan acceso a la parte central
de la Margen Occidental", dijo Gush Shalom, una organización de pacifistas
israelíes. Eso forma parte del proyecto de desarrollo E-1, al este de
Jerusalén, diseñado para incorporar el pueblo de Ma'aleh Adumim dentro de
Israel y, en efecto, para dividir en dos la Margen Occidental, señaló Gush
Shalom.
"Con este tipo de política que lleva a cabo el gobierno, la famosa
conferencia de Annapolis queda vaciada de todo significado, mucho antes de
que se realice", indicó la organización.
No se ha adelantado ninguna propuesta realista que tome como punto de
partida el acuerdo de dos estados, según las líneas generales de Taba.
Hubo negociaciones informales, que condujeron a varias propuestas
detalladas, especialmente el Acuerdo de Ginebra de diciembre de 2002,
aplaudido por la mayor parte del mundo pero descartado por "el jefe
disfrazado de socio", como el analista político israelí Amir Oren describe
la relación entre su país y Estados Unidos. Sin el apoyo de Estados
Unidos, Israel no puede conseguir sus objetivos expansionistas. Eso hace
que la responsabilidad recaiga en nosotros, los que vivimos en Estados
Unidos.
Hay un
montón de escollos por delante. Algunos de los asesores más cercanos del
primer ministro Ehud Olmert han respaldado una versión de la política de
"canje de tierras" de Avigdor Lieberman, el líder ultraderechista del
partido Yisrael Beitenu. Ese tipo de canje le daría a los palestinos
autoridad técnica sobre la región de mayoría árabe en Israel, el
"triángulo" que bordea la Línea Verde. A cambio, Israel anexaría los
asentamientos que abarcan preciados recursos de agua y valiosas tierras,
dejando el resto aprisionado y cantonizado, y con el valle del río Jordán
en manos de los israelíes. Los habitantes, por supuesto, no serán
consultados.
En las próximas semanas, y a largo plazo, hay gran cantidad de trabajo
educativo y organizativo para hacer, entre la población estadounidense,
que es ampliamente receptiva, aunque ha sido inundada de propaganda y
engaños. No será fácil. Nunca lo es. Pero tareas más difíciles se han
llevado a cabo con un esfuerzo dedicado y persistente.-
Noam Chomsky,
el intelectual vivo más citado y figura emblemática de la resistencia
antiimperialista mundial, es Profesor de lingüística en el
Instituto de Tecnología de Massachussets en Cambridge y autor del libro
Imperial Ambitions: Conversations on the Post-9/11 World.