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| Manipulación
informativa en Iraq
Ecohispano 20 de Noviembre de 2006 |
La manipulación también contiene un elemento
de la más cruel discriminación y es que, como ha sucedido en otras
guerras libradas por Estados Unidos, los daños materiales y humanos
infligidos a los nacionales del país agredido son silenciados o
menospreciados, aunque el balance de esas contiendas bélicas prueba
que son infinitamente más catastróficos que los del ejército de
ocupación.
Respecto a las bajas estadounidenses hay
versiones, extraoficiales claro está, de que los principales
centros de recepción de ataúdes se encuentran en las bases aéreas
de Dover y Andrews, en los estados de Delaware y Maryland,
respectivamente, y en el polígono de Ramstein, situado en Alemania.
Dover se ha
convertido en un nombre fatídico para el Pentágono, porque también
fue utilizado como aeropuerto de escala en los años 70 para el
traslado de los militares muertos en el sudeste asiático.
Incluso algunos
políticos estadounidenses inventaron el término "prueba de
Dover" para medir el impacto que causaban en el electorado de
esa nación las bajas ocurridas en Vietnam, donde ascendieron a 58
mil.
El ex presidente Richard
M. Nixon fue uno de los más vapuleados en ese test, lo que
acarreó su intempestiva orden de retirada de los soldados ocupantes
de la península indochina.
El actual
mandatario, George W. Bush, evidencia que también vive obsesionado
por el "síndrome de Vietnam" porque nunca ha asistido a
un acto fúnebre por los caídos en Iraq, a diferencia de todos sus
predecesores en los anteriores desastres militares sufridos por
Washington.
Además, salta a
la vista que las informaciones sobre la resistencia que enfrentan
las tropas de ocupación están sometidas a una rígida manipulación.
En numerosas
ocasiones se omite en los partes la identidad del militar reportado
como muerto, herido o desaparecido; para lo cual se aduce que todavía
no han podido ser localizados los familiares para comunicarles lo
sucedido.
Un incidente
recientemente ocurrido sirve para hacerse una idea más exacta de cómo
actúan los censores:
El pasado 23 de
octubre, el soldado de origen iraquí Ahmed Qais Taayie,
quien servía como intérprete de las fuerzas norteamericanas, fue
secuestrado a la salida de la casa de "unos familiares" en
las afueras de Bagdad, según informó una fuente del comando de
ocupación.
Sin embargo, los
reporteros que rastrearon el suceso descubrieron que los
"familiares" de Ahmed, que no fueron identificados en el
comunicado militar, eran, ni más ni menos, que su esposa iraquí y
su suegra.
Y como revelación
adicional, se conoció que la víctima del secuestro contrajo
matrimonio con la joven hace alrededor de un año, pero lo hizo en
forma secreta ya que el reglamento prohibe a los alistados en el ejército
norteamericano casarse con nacionales del país ocupado.
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A la prensa
tampoco le resulta fácil conocer los casos de suicidio que se
registran en las filas de uniformados, aunque algunos datos indican
que el aumento de trastornos psíquicos ha elevado el número de
muertes por mano propia.
Las estadísticas
oficiales indican que una cuarta parte de las bajas se debe a
distintos tipos de accidentes, denominación que engloba tanto a un
soldado que se quema con una hornilla eléctrica como a los que,
bajo los efectos de la embriaguez alcohólica o el consumo de
drogas, resultan lesionados o perecen en el tránsito vehicular.
Otro aspecto muy
significativo es que raras veces se consigna la jerarquía o grados
militares de los caídos en combate, aunque por una simple lógica
aplicada a las contiendas bélicas es inconcebible que todas las
bajas sean de "soldados", como habitualmente informan los
boletines del mando de ocupación.
La suerte que
corren los heridos también es un dato manipulado por la censura
militar, aunque esta cuenta sobrepasó la cifra de 15 mil efectivos
en los primeros dos años y medio del conflicto.
En octubre del
pasado año, cuando las bajas norteamericanas llegaron a la cifra de
dos mil soldados muertos, el rotativo New York Times rompió uno de
los tabúes más celosamente custodiados por las autoridades al
publicar una descripción muy precisa de 995 caídos en combate.
Las fotos
individuales de esos hombres y mujeres, con sus nombres, edades y
lugares de residencia, ocuparon cuatro páginas de la edición del
27 de octubre del 2005.
El título que
acompañaba el despliegue fotográfico era contundente: "La
lista de la muerte".
Por su parte, el
Washington Post insertó en la edición de ese mismo día un gran
mapa de los Estados Unidos en el que se destacaban las ciudades
donde habían vivido los fallecidos y, como balance de las pérdidas,
podía apreciarse que todos los estados de la Unión norteamericana
estaban macados con cruces.
Está por ver cómo
serán las páginas de los diarios estadounidenses cuando llegue la
fecha, ya bastante cercana, en que las estadísticas oficiales
reporten tres mil bajas letales, con un 95 por ciento,
aproximadamente, registrado después de la invasión desarrollada
entre los meses de marzo, abril y mayo del 2003..
En materia de
manipulación, probablemente la más burda de todas la protagonizó
el mismo George W. Bush cuando anunció, el 1º de mayo del 2003,
que las principales operaciones militares en Iraq habían concluido,
"exitosamente", desde luego.
Pese a todas las
campañas propagandísticas, la censura y el engaño a la opinión pública,
las encuestas efectuadas en los últimos meses por las cadenas CBS y
CNN indican que el respaldo a la administración republicana es el más
bajo desde el comienzo de la guerra. Sólo tres de cada diez
norteamericanos consultados aprueba la conducción de Bush. (ANC-UTPBA-Nota
publicada en el portal Ecohispano)
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