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Gana la democracia, pierde Bush

Luis de Velasco

La Estrella Digital 9 de Noviembre de 2006

En el momento de escribirse este comentario está confirmada la victoria demócrata en Representantes, pendiente de Virginia en el Senado, así como también victoria demócrata en las legislaturas estatales (hasta esta elección empatadas) y en la mayoría de los gobiernos de los Estados en juego. Si no es un tsunami es una victoria importante y, claramente, una derrota para Bush con el tema central, “su” ilegal e ilegítima guerra de agresión en Iraq, en juego. Esta vez ni una situación macroeconómica buena (otra cosa es la crecientemente desigual distribución de la riqueza y de la renta), ni los moral values, ni tan siquiera la inmigración, han sido tan importantes. Las últimas semanas presenciaron un notable aumento de las contribuciones de las grandes empresas y lobbies, los llamados special interests, a los candidatos demócratas. Todo un indicador de por dónde iban los tiros en un sistema en el que el dinero privado electoral es absolutamente clave, dinero que luego, una vez en el legislativo en este caso, hay que “reembolsar”.

El desastre de Iraq, ya muy asimilado en el imaginario norteamericano a la catástrofe de Vietnam, ha tenido influencia decisiva en el rechazo a un presidente crecientemente desacreditado entre los independientes e, incluso, entre los votantes republicanos. Pero aquí, como en otros temas, no hay que esperar cambios destacables. Los demócratas tampoco saben qué hacer con Iraq, aunque algo distinto al “mantra” favorito de Bush de stay the course, mantener el rumbo, se ira viendo. La comisión bipartidista para este tema presidida por Baker, gran amigo de la familia Bush, pasara a primer plano cuando entregue sus conclusiones. Las escasas voces que antes de estas elecciones pedían, en caso de triunfo demócrata, procesar a Bush, su impeachment, ya fueron entonces acalladas por la que va a ser la primera mujer que presida la Cámara de Representantes, la senadora californiana Nancy Pelosi, una mujer casi tan odiada por los republicanos como la senadora Clinton. Lo que es más probable es que los demócratas abran comisiones de investigación sobre decisiones de la imperial presidency de Bush, comisiones que son más eficaces y útiles que, por ejemplo, las pretendidamente equivalentes verbenas en nuestro legislativo. Lo que está claro es que la vida para Bush presidente va a ser más difícil en estos dos años que le quedan y que para otros —el secretario de Defensa Rumsfeld ya ha dimitido— parece próximo el finiquito.

Unas últimas reflexiones de urgencia. Una, esta victoria coloca a los demócratas en excelente posición de cara a las presidenciales del 2008, especialmente si los special interests los perciben como posibles ganadores. Dos, pocos cambios hay que esperar. El país es, especialmente desde la revolución reaganiana de los ochenta (revolución que se inicia, paradójicamente, con la derrota de Goldwater en los sesenta), profundamente conservador, y la última prueba es que una gran parte de los candidatos demócratas ganadores están en esas posiciones, intercambiables con los republicanos. Tres, tratar de averiguar en cualquier elección en este país la cifra de participación electoral es una aventura muy difícil. Lo que está claro es que sigue bajando, que en las últimas presidenciales fue de un escaso cincuenta por ciento y que en estas legislativas, si llega al cuarenta, será un éxito. Un agujero más de esta democracia tan peculiar y tan poco conocida desde fuera. Finalmente, y lo más importante, hay que felicitarse por el correctivo dado al, por muchos, calificado como el peor y más mentiroso presidente de la historia de Estados Unidos.

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