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El mundo de la tortura, en cadena

ALFONS PUIG

Cartelera Turia 24 de Octubre de 2006

La última perorata del conocido mesías imperial nos retrotrae a la antigüedad: recientemente insistió de forma explícita en legitimar «métodos duros de interrogatorio» léase tortura, aplicables para detenidos sospechosos, en la «lucha contra el terrorismo». ¿Cuántos años hay que retroceder para hallar la legalidad generalizada de tales métodos? Este hijo de… otro presidente, no propone medios concretos: corrientes eléctricas, grilletes, látigo, o el potro de tortura, quizá lo deje a gusto del oficio. Del santo oficio, naturalmente, autoasignándose el papel de iluminado, como él se siente. Potro o asno de tortura, este personaje se limita a proponer en público lo que otros presidentes imperiales han tolerado y promovido en la sombra a sus esbirros, matones y CIA. Con la colaboración inestimable de otros (des)gobiernos «amigos», que han albergado en territorio deslocalizado del imperio, cárceles secretas donde practicar tales métodos, así «exentos de responsabilidad» terrenal. Si es de público conocimiento el vergonzante caso de Guantánamo, ¿cuánta más crueldad pueden albergar otras cárceles, ocultas a la mirada ciudadana? Lo novedoso de la situación es doble: primero, que se haya aceptado públicamente la realidad de los traslados a tales prisiones secretas, ubicadas incluso en Europa (!), y segundo, que el mismo presidente del país más poderoso del mundo haya obtenido (Cámara de Representantes en EE.UU.) el refrendo para la aplicación de tales «métodos duros». Y si no surge una oposición enérgica: política y ciudadana, acabará el asno de la tortura y sus secuaces imponiendo instrumentos «normalizados» globalizados, y la figura del habeas corpus se reformularía como un «habeas torturus»: que la ley no permita torturar a un sospechoso durante más de x días, sin ponerlo a disposición médico-judicial. Un regreso a la legitimidad del santo oficio (Inquisición), vigente en España hasta el siglo XIX. En nuestro país, durante los dos últimos años ha aparecido otro tipo de tortura más sutil, pero cada vez más clara: la producida por la política de la bronca continua y la descalificación gratuita, con la comparsa del amarillismo periodístico: diversos medios afines, el mundo del miserable y farsante sensacionalismo (Pedro jeta y cía.), la cadena de obispos panfletarios exaltados (COPE)… 

Los mismos que no investigan los vuelos secretos de la CIA en Mallorca (sobrevolando la ilegal piscina del jeta), si, por ejemplo en una prisión, un etarra y un yihadista, radicados en celdas distantes, llegan a ser picados por la misma mosca, ya afirman tener la prueba de la conexión material e intelectual de ambos terrorismos, amparada por funcionarios públicos, que nada hicieron por impedir que el insecto volara libremente de una celda a otra: complicidad, dato que quizá fuera obtenido por un can, a la sazón mascota de un quinqui visitante. Y si en el Congreso no quisieran investigar ya a moscas, quinquis ni a canes, denunciarán una zoo-conspiración. El tricefálico partido y el centáurico Zaplacebes resultan patéticos en su manifestación de pobreza de ideas, rancio discurso de zafia oposición, enrocada en reiterados estribillos, comparsas, y falta de alternativas tangibles. Pero, como en el caso de Bush, en el PP se perfila que tratan abiertamente de legitimar lo impresentable, aquí con el apoyo del amarillismo pseudo-periodístico y la pseudo-denuncia, de demostrar lo inverosímil, ahora incluso incluyendo complicidad funcionarial pro-PSOE: un virtual «golpe de Estado». Es su última idea, que tratarán de arrastrar hasta las municipales de 2007, y luego hasta las generales de 2008, para hacer valer ambos comicios como ocasiones que puedan «corregir» el (inválido) resultado del 14-M. Van a caer en el mismo error que en el 11-M: ser víctimas de sí mismos al infravalorar la lucidez ciudadana que sabe discernir lo que ocurre y la conveniencia de votar a quién. Entonces contaban con los medios oficiales: Urdaci-TV, ministerios, etc., y ahora con los cuentos de el mundo de la miserable falsedad, de la sinrazón, y de insultos en cadena. Patético papel el de esta derecha, homologable en Europa sólo con testimoniales partidos de ultraderecha. De hecho es el PP un testimonio vivo del franquismo, al que no condena, y con uno de sus paleo-capitostes aún al frente. El largo período de su gobierno, entre 1996 y 2004, los instauró en añoradas prebendas que rabiosamente se resisten a perder en el ámbito nacional, porque en autonomías… Cada cual, se ve, pretende legitimar su peculiar uso de la tortura: sea como «método duro de interrogatorio» que anule la voluntad del detenido, sea en su duro formato mediático virtual contra la ciudadanía, para detener y anular su lucidez. Y es que la voluntad de lucidez, como la poesía, también es un arma cargada de futuro. Emplearla a tiempo es la cuestión.

 

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