Correo  

Alameda, 5. 2º Izda. Madrid   28014 Teléfono:  91 420 13 88 Fax: 91 420 20 04     

 

Destrucción creativa

Arturo Ferrín

4 de Noviembre de 2006

No me ha pasado desapercibida la publicación del informe realizado por Nicholas Stern para el premier británico Tony Blair, al mismo tiempo de la campaña ecológica con la que Al Gore -ex vicepresidente demócrata de EEUU con Clinton- irrumpe en los medios de comunicación. Ambas noticias llaman la atención sobre las consecuencias del cambio climático que sufre el planeta.

Ahora, cuando estos mensajeros del Poder mundial anuncian su apuesta por una revolución que mitigue el deterioro del medio ambiente, a un lógico optimismo no se le ocultan otras inquietudes, aún a riesgo de ser declarado antiecologista y depredador.

El primer avance conocido del informe británico sostiene que la humanidad debería invertir el uno por ciento de su PIB anual durante los próximos años si no quiere comprometer gravemente su futuro, pues la recesión económica que provocará el deterioro climático puede ser de proporciones gigantescas. La economía capitalista ha sostenido su crecimiento durante el último siglo  mediante la inversión en industrias dependientes de energías derivadas del petróleo, causantes del problema de medio ambiente que los señores Stern y Gore proponen corregir.

El austriaco Joseph Alois Schumpeter (1.883-1950), profesor de la Universidad de Harvard y estudioso del proceso de evolución del capitalismo, determinó su característica esencial con el concepto de “Destrucción Creadora“. Según éste, el impulso fundamental que pone y mantiene en movimiento la máquina capitalista es la inversión industrial que deriva de la innovación. En búsqueda de una ventaja competitiva, el empresario innovador pone en práctica la organización de nuevas funciones de producción, es decir distintas combinaciones de factores, métodos de producción, nuevos mercados o fuentes de aprovisionamiento y transporte que ocasionan la decadencia de las combinaciones anteriores. El mercado impone la sustitución de lo viejo por lo nuevo en un proceso de innovación al que toda empresa tiene que adaptarse para sobrevivir. Y esto sucede de la manera discontinua en que surgen las innovaciones; “a saltos” que originan los ciclos económicos.

De acuerdo con esto, actualmente nos encontramos en fase de auge del ciclo desarrollado por la revolución tecnológica de la información y las telecomunicaciones que permitió iniciar la expansión de la zona privilegiada de la economía mundial a finales del siglo XX. Pero una vez saturados los mercados, la inversión se resentirá y será preciso estimularla con nuevos alicientes para la expansión del capital acumulado. Además, la teoría del ciclo “político” recomienda medidas expansivas, previas a las elecciones, que promuevan la inversión, el empleo y -ad mayorem Dei gloriae- el optimismo ciudadano en materia ecológica.

Bienvenidas sean las intenciones de saneamiento medioambiental patrocinadas desde el corazón del Imperio (aunque me inclinen a pronosticar la “descolocación” de algún alto cargo de ONG), si bien me permito apuntar brevemente inquietudes que me asaltan. Las energías renovables pueden satisfacer sólo en parte las necesidades de ése crecimiento voraz y desigual, pues la dotación natural de muchos territorios las hacen inalcanzables. Si como se sugiere, los avances en el dominio de la energía nuclear permiten desactivar viejas reticencias relativas a su funcionamiento y acerca de los residuos radioactivos, cabe preguntar quién dispondrá de la llave de sus procesos y cementerios. En este tránsito de destrucción de la “vieja” a la “nueva” estructura industrial, necesariamente resultarán perdedores quienes no posean la tecnología de vanguardia y los capitales para implantarlo.

Limpio el aire, congelados finalmente los glaciares, ¿se habrán saciado?

Página de inicio 

  

Webstats4U - Web site estadísticas gratuito El contador para sitios web particulares