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Democracia liberal
Arturo Ferrín 28 de Octubre de 2006
La euforia por el derrumbe de la Unión Soviética y la proclama de George Bush de que el mundo asistía al inicio de un nuevo orden mundial, necesitaban el correspondiente alegato del pensamiento neoliberal; el varapalo consiguiente a las ideas socialistas.
Francis Fukuyama publica “El fin de la Historia y el último hombre” (1.992) anunciando que el proceso histórico de la humanidad ha culminado en la Democracia Liberal que se sostiene en la Economía de Mercado. El conflicto social se ha extinguido porque el motor de la Historia no es la lucha de clases; la Historia está dirigida por otras fuerzas. Una esencia natural en la conducta humana hace que, en su búsqueda de reconocimiento, el hombre se vea impulsado a desear el progreso material compitiendo en el mercado. La evolución científica y tecnológica facilitan la extensión del afán de libertad y progreso de los hombres.
Fukuyama,
antiguo funcionario del Departamento de Estado de los EEUU, se había alineado
en el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano de la mano de Dick Cheney &
Ronald Rumsfeld. Dicho proyecto diseñaba la ideología neoconservadora que
en 1.998 solicitaba al entonces
presidente demócrata Clinton una segunda guerra en Irak e inspiraría la futura
administración de George W. Bush.
Bien es cierto que la política unilateral de éste y su acción en Oriente
Medio provocaron el arrepentimiento posterior de Fukuyama al reconocer que “el
neoconservadurismo ha evolucionado en algo que yo ya no puedo apoyar”.
La
tesis oficial “neocon” sostiene que el crecimiento económico acompaña a la
democracia y dicha tesis se sustenta en el dato de que tres cuartas partes de la
riqueza mundial se encuentra en manos de las mejores democracias. El silogismo
neoliberal puede proponerse así: El crecimiento económico conduce a la
democracia, la democracia promueve el crecimiento económico; luego para
erradicar la pobreza hay que extender la democracia por el mundo.
La
calificación democrática de un país viene siendo otorgada por Freedom House,
una institución que desde 1.973 confecciona su informe anual clasificando como
“libre”, “parcialmente libre” o “no libre” -en función de la
observancia de derechos políticos y libertades civiles- las 192 naciones
analizadas. Nos consta que la citada institución goza de la confianza del
Presidente George W. Bush quien le ha dedicado una amplia cobertura en Marzo del
presente año durante una reunión en la Casa Blanca.
El último
de esos informes, correspondiente a 2.005, asegura que el 46 % de la población
mundial reside en sociedades
libres, el 18 % en “parcialmente libres” y el 36 % restante en “no
libres”. La evolución en los últimos siete años (desde 1.998) ha resultado
positiva pues un seis por ciento de la población mundial ha escapado de la
condición de “parcialmente libre” e ingresado en el club democrático.¿Cuales
son los más perversos países? Cuba, Libia, Corea del Norte, Sudán y Siria.
Algo menos China, Arabia Saudí, Emiratos árabes, Vietnam e Irán. No se libran
Argelia, Egipto, Irak, Pakistán, Rusia y Túnez. Son parcialmente libres, entre
otros, Bolivia y Venezuela. La India, por ejemplo, es libre.
Un espíritu
antihistórico domina el pensamiento neoliberal pues la historia nos ha enseñado
cómo gobiernos antidemocráticos similares al de Franco consiguieron fomentar
el crecimiento económico y que, por el contrario, en situaciones de bonanza
algunos países sufrieron retrocesos democráticos para convertirse en
dictaduras como la de Pinochet en Chile.
También
adolece de rigor estadístico; en la actualidad, ricas y democráticas regiones
disponen de grandes bolsas de pobreza, desigualdad asumida por el régimen
“democrático” de alternancia de unos partidos políticos que se sustentan
en el poder neoliberal. Democracias con libertades civiles y derechos políticos
de papel, oportunos para quienes se instalan en su complicidad, inútiles para
una apreciable parte de su población. Su rechazo y la abstención creciente,
pese a enormes recursos dedicados a las campañas electorales, son prueba de
ello.