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La
República Republicana
Iván R. Muñoz López
larepublica.es 5 de Septiembre de 2006
Desconozco la motivación del auge del sentimiento republicano que parece ser invade nuestro Estado. Quizá por el recuerdo de la II República traído al presente por la conmemoración del 75 aniversario de su proclamación, o tal vez por el hastío y apatía que provoca la Democracia actual, incapaz de dar solución a los problemas sociales de la ciudadanía excluida del ejercicio soberano.
Lo cierto es que aumentamos día a día el número de ciudadanos y movimientos sociales afines a la proclamación de la III . La sociedad española ha avivado el ritmo, durante años lento y cansino, de la marcha iniciada e interrumpida violentamente durante el siglo pasado. Sin embargo, con la misma rapidez que surgen movilizaciones y manifiestos pro-republicanos abandonamos la esencia de la República que deseamos, el republicanismo.
En algunos casos, convertimos los movimientos republicanos en meros estandartes antimonárquicos. No tenemos en cuenta que la oposición republicana a la Monarquía surge contra la dominación y la opresión que provoca en el ciudadano, despojado de su soberanía y convertido en esclavo de otro, y obviamos que una República que no asiente su sistema de gobierno en los principios de libertad e igualdad no dejará de ser un régimen tiránico por mucho que el Rey sea llamado Presidente. Nuestras propuestas para superar la Monarquía pueden llegar a alcanzar cuotas de despotismo similares a las del actual régimen si confundimos la causa republicana, la libertad y la igualdad, con la consecuencia del republicanismo, el antimonarquismo, y si aspiramos simplemente a la sustitución de un sistema hereditario de elección de Jefe de Estado por otro electoral, sin preocuparnos de que el modo en que queremos que sean ejercidos los poderes públicos constituya una verdadera soberanía popular.
En otros, nos apresuramos a adjetivar la República que esperamos con las propias tendencias ideológicas o partidistas de cada uno, sin saber si sería aceptado por el conjunto de la sociedad o, ni siquiera, por el conjunto del movimiento republicano. Obviamos de nuevo el republicanismo faltando a sus ideales y al verdadero significado de la República, el gobierno de todos para todos, que debería abrir un proceso constituyente en el que los ciudadanos libres e iguales decidieran qué tipo de República quieren otorgarse. Podríamos repetir nosotros mismos la farsa de la Constitución del 1978, excluyendo de la deliberación y consideración pública las corrientes que no sean de nuestro agrado y convirtiendo la Carta Magna en una carta de prescripciones legales impuesta, en este caso, a otros.
Sin duda es tan necesario seguir caminando como, para no andar en balde, detenerse y reflexionar sobre si queremos dirigirnos todos hacia una verdadera Republica, la republicana.
Salud y República