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Flores republicanas

Ana Gaitero  

Diario de León 14 de Mayo de 2006


UN DÍA de noviembre de 1975 dieron una semana de vacaciones: había muerto el señor que mandaba en este país. Con diez años, el féretro de aquel personaje expuesto ante las cámaras de televisión se coló en la sala. Por primera vez me pregunté cómo serían los demás gobernantes o tal vez aquel señor, imaginé por un instante, mandaba en todo el mundo. Ese magnífico mundo, con todas sus capitales, montañas y océanos que acariciaba en el atlas. Quiero decir que poca nostalgia puedo sentir, por edad, del período comprendido entre 1931 y 1936, la II República española.

Sin embargo, siento admiración por los principios que la inspiraron: confianza en la democracia, auténtica valoración de la educación y la cultura como instrumentos de progreso de las personas y de la sociedad y reconocimiento del voto a las mujeres, la mitad de la población. Me despierta simpatía su anhelo de una educación laica, o neutra, para los institucionistas, algunos de ellos creyentes.

Edward Malefakis afirmó esta semana en León que la II República también cometió errores -entre ellos, dijo, «la estupidez de dejar quemar las iglesias sin hacer nada» o enviar a la legión extranjera con Franco al frente, que nunca antes se había utilizado contra españoles, a reprimir la revolución del 34 en Asturias- pero en conjunto fue «un régimen noble», el mejor en 141 años desde la época de Carlos III. «La democracia actual es descendiente directa de la II República», aseguró el historiador rodeado de la estupenda biblioteca legada por leoneses que también confiaron en la educación como medio de progreso.

De no haber sido porque el 18 de julio de 1936, unos militares se sublevaron contra el régimen democrático, la República habría cumplido al menos parte de su ideal. Fueron sólo cinco años, de mucha conflictividad social, tanta como la que hubo en Francia. La república francesa, sobrevivió. Queridas lectoras y lectores: Lo que no se nombra no existe. Y han sido demasiados años sin existencia para demasiadas personas.

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Flores republicanas 

Ana Gaitero  

Diario de León


REIVINDICAR los valores democráticos de la IIª República Española se ha convertido en herejía para los voceros de la España rancia y trasnochada que ni siquiera 75 años después son capaces de reconocer lo positivo de aquella Constitución. Son los mismos que se niegan a desenterrar y poner nombre a los muertos indignamente sepultados en las cunetas bajo la argucia de no reabrir las heridas de la Guerra Civil. Los voceros tienen buenos altavoces y hacen bastante ruido, pero en esta primavera han crecido muchas flores de orgullo para celebrar los aciertos de aquel período truncado.

Fue un tiempo en el que se pusieron en marcha proyectos de la Institución Libre de Enseñanza del XIX, como la apuesta por la educación laica como instrumento del verdadero progreso o la formulación de un estado autonómico. El programa de escuelas -se construyeron más de cinco mil- y la dignificación de maestros y maestras fue uno de los más ambiciosos. Y en ellos se cebó el aparato represivo del franquismo.

La huella republicana está detrás de muchos monumentos que hoy son Bienes de Interés Cultural en León: las iglesias de San Salvador de Palat de Rey y San Tomás de las Ollas, Peñalba, las mudéjares de Sahagún, el palacio del Conde Luna o las murallas de León y Mansilla de las Mulas, Las Médulas y los monasterios de San Pedro de Montes, Sandoval y San Esteban de Nogales. la villa romana de Navatejera, San Benito, el Castro de la Ventosa en Cacabelos y el castillo de Valencia de Don Juan.

Las mujeres accedieron por primera vez al voto con la Constitución de 1931; por cierto, con gran aplauso de las entonces llamadas derechas pues confiaban en el control de los sufragios femeninos a través de púlpitos y confesionarios.

La gresca contra el presidente del Gobierno, el leonés Zapatero, por reivindicar la herencia republicana suena a pataleta e intimidación y a falta de rigor histórico. Y huele un poco a podrido. Las flores republicanas, en cambio, perfuman la memoria tan dignamente recuperada. Salud y república.

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