Importancia de los valores republicanos
Josep-María Terricabras
El Periódico 16 de Abril
de 2008
El 77° aniversario de la fallida
República Catalana proclamada por Francesc Macià me brinda la
ocasión de referirme a los llamados "valores republicanos", que nacieron
en la Roma clásica --Cicerón es uno de sus nombres--, fueron
olvidados hasta que resucitaron con el Renacimiento, inspiraron gran parte
de la guerra civil inglesa y de las revoluciones norteamericana y
francesa, y que todavía hoy, debidamente revisados, pueden ayudar a los
humanos a vivir con más dignidad.
La defensa de los valores republicanos va más allá de la defensa de la
república como forma de Estado: es una declaración a favor de la
ciudadanía, que no es meramente administrativa o retórica, sino que
consiste en el ejercicio efectivo de los valores de la libertad y la
igualdad. Teóricamente, esto hoy lo acepta casi todo el mundo. En la
práctica, pocos. Porque hay muchas formas de republicanismo, igual que hay
muchas de liberalismo.
Precisamente hoy, en una época de liberalismo dominante, a menudo
galopante, es bueno recordar que, en su versión conservadora, el
liberalismo entiende la libertad como la falta de intervención del Estado;
de aquí que, para este tipo de liberales --frecuente entre los poderosos y
los que aspiran a serlo--, cuantas menos leyes haya, mejor, dado que esto
les deja más margen para su libertad, aunque la de los demás salga
perjudicada. La idea republicana de libertad es muy distinta: la libertad
no significa que alguien ---sobre todo el Estado-- no interviene en mi
vida, sino que yo no soy una persona sometida, que no estoy en situación
de esclavitud o de dependencia, que no estoy a merced de los demás. Desde
este punto de vista, las leyes pueden ser la mejor garantía de libertad,
la mejor forma de luchar contra la arbitrariedad, el caciquismo y la
injusticia en todos los terrenos.
Ciertamente, esto es lo que tenemos que acabar de decidir: si queremos ser
súbditos o ciudadanos. El súbdito tiene la libertad del sometido. El
ciudadano aspira a la libertad del que se sabe igual, del que puede
decidir sobre su vida. Ser republicano debería ser exigente, como lo es
ser ciudadano.