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Cuestionarlo todo
Jaume d'Urgell
UCR 25 de
enero de 2008
Con la sucesión a la vuelta de la esquina, abocados a una profunda y
prolongada crisis económica, con las Elecciones Generales en ciernes, la
ultraderecha anclada en las cavernas y la judicatura compitiendo con el
episcopado en su carrera por el premio Nobel de Salvajismo Medieval,
asistimos a un panorama de intensa inestabilidad política, que debemos
aprovechar en beneficio de la Paz, la Democracia y la Justicia Social, o
lo que es lo mismo: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Quienes vivimos y trabajamos en este
país de países llamado oficialmente: "Reino de España", asistimos a un
momento crítico de nuestra historia. La desmesura de la oligarquía
política y empresarial ha provocado un nivel de inestabilidad social sin
precedentes, lo que unido a una coyuntura económica desfavorable, supone
una oportunidad única para encauzar las reivindicaciones de la clase
obrera y propiciar la evolución hacia otros escenarios políticos, marcados
por la necesidad de introducir cambios en la organización del Estado, de
modo que en beneficio del interés común, la Libertad, la Igualdad y la
Fraternidad constituyan las verdaderas razones de ser de las instituciones
democráticas.
El actual contexto socioeconómico propicia
un aumento de la brecha entre clases
El pasado 18 de diciembre, el Tribunal
Superior de Justicia de la Comunidad
Valenciana, daba a conocer un informe
cuyos datos hablaban de un aumento del 50% de los casos de embargo
hipotecario (solo en la provincia de Valencia, el aumento alcanzaba el 82%
respecto al período anterior).
Esta misma semana (la del lunes 21 al domingo
27 de enero de 2008), la mayoría de los índices bursátiles de las
principales plazas de la Unión Europea
han registrado caídas inéditas desde 1940. La novedad: en nuestros días,
estas pérdidas se trasladan a los pequeños inversores o se provoca su
'absorción gradual por los mercados', eufemismo utilizado para evitar
reconocer públicamente que el poder adquisitivo de los asalariados
disminuirá todavía más, conjugando inflación, política monetaria y
moderación salarial, para garantizar que ni los pobres salgan de su
precariedad, ni los ricos vean amenazados sus privilegios.
La creciente injusticia social no es un fenómeno aislado,
sino que forma parte de la estrategia del neoliberalismo,
consistente en excluir al pueblo de la toma de decisiones
En 2003, durante la campaña de
movilizaciones sociales a favor de la paz, hubo un lema que se coreó con
frecuencia, decía: "Esto nos pasa, por un gobierno facha". Bien, ya no
tenemos un gobierno facha y sin embargo, "esto" nos sigue pasando, es
decir, gobierne quien gobierne, los problemas siempre los pagamos los
mismos, y entre nosotros, los más indefensos son los que se llevan la peor
parte. Es triste, pero es así: nosotros mismos, que mantenemos castas en
nuestras propias casas, mantenemos también subclases en el seno de nuestra
clase. Deberíamos alegrarnos de que la Bestia se contente con robarnos el
techo y amenazar con quitarnos el pan… de haber nacido en otro lugar no
muy lejos de aquí, además de eso, nos matarían y encima nos tacharían de
insurgentes… como si eso fuera algo malo.
"Esto nos pasa por un gobierno facha" era un
buen lema, movía a la reflexión, conducía a imaginar que otro gobierno era
posible… uno en el que la injusticia social o el militarismo fueran más
fáciles de sobrellevar. Los estrategas del Partido Socialista Obrero
Español no dudaron a la hora de elaborar el
slogan para la
campaña electoral de 2004: "Merecemos un gobierno mejor; merecemos una
España mejor".
Con todo, nada es más terco que la realidad y
la realidad es que seguimos mereciendo un gobierno mejor. Necesitamos un
poco de verdad. No importa cual de los dos rostros del bipartidismo ocupa
nuestros palacios, en una suerte de alternancia decimonónica, que recuerda
a la lógica de un partido de ping-pong… lo que de verdad importa, es que
desde hace al menos siete décadas, en España se legisla, juzga y gobierna
de espaldas a la ciudadanía.
Ante eso, se impone la necesidad de
analizar los hechos: el conflicto no radica en quién ocupa el gobierno de
España, sino en ésta España en sí misma, que avanza como un tren sin
ventanas, cuyo maquinista no puede o no quiere ni ver, ni escuchar a los
hijos que atropella.
No es cierto que "esto nos pase por un
gobierno facha", la verdad, la auténtica verdad
es que el
problema no es el gobierno, sino el Sistema propiamente dicho. No se trata
de quién manda, sino de cuánto poder tiene y de cómo lo ejerce, bajo qué
control, qué límites y transparencia… el error se debe a la enorme
distancia entre la administración y los administrados, una lejanía que no
se acorta por la mera elección indirecta del legislativo, a intervalos
dados, sino a través de la asunción de un cambio de modelo, más justo y
equitativo, de raíz.
La ruptura democrática sigue pendiente
Cuando las cosas debieron cambiar,
todo siguió más o menos igual. Tenía razón
Raúl Calvo Trenado, al afirmar que "la
ruptura democrática sigue pendiente". Esta sensación consciente de habitar
en un gran timo, no solo procede de la vergüenza ajena que se siente al
recordar que la Jefatura del Estado se encuentra en manos de un soldado
–en pleno 2008–, un militar no electo, vitalicio, hereditario,
irrevocable, jurídicamente irresponsable y con mando supremo sobre las
Fuerzas Armadas… no, la impresión de que se gobierna en contra del interés
de la mayoría no es por los símbolos, sino por lo que éstos representan:
innumerables aspectos que alcanzan otros tantos elementos clave de nuestra
vida cotidiana. Por citar algunos ejemplos:
El "Reino de España", de facto,
todavía es un estado confesional
PRIMERO. La sumisión del Estado a la
jerarquía de un fenómeno antropológico en vías de extinción supone un
grave insulto a la conciencia colectiva, pero ahí está. Superar esta etapa
de integrismo a la occidental, implica la efectiva adopción de políticas
muy firmes en materia de laicismo, desamortización, enseñanza y cierre del
grifo de las arcas del Estado. Esta receta no es nueva, como tampoco lo
son los intereses para mantener este preciado instrumento propagandístico.
Al tiempo de escribir estas líneas,
recibo noticia de un comunicado de la organización "Jueces para la
Democracia", por el que los magistrados denuncian la existencia de
presiones y demás injerencias injustificables del estamento clerical sobre
la judicatura.
A la vista de todo eso, no es de extrañar que
mientras la cúpula eclesiástica continúe satisfaciendo los intereses de
una derecha ideológica que en España no solo es conservadora sino
abiertamente feudal / medieval, nadie se atreverá a ponerle el cascabel al
gato.
Por ello, se continuará evadiendo la
aplicación la Ley Orgánica
de Proceso de Datos, dando lugar a espacios de impunidad basados en la
conculcación de principios de Derecho como el de "Igualdad ante la Ley".
Seguiremos encontrando crucifijos en el interior de nuestros colegios
electorales. Se continuará aleccionando a los menores de edad acerca de
cosas que son mentira y seguiremos destinando dinero público a pagar los
sueldos de los catequistas que imparten esas enseñanzas inconstitucionales
en el interior de los edificios que entre todos levantamos con el
propósito de preparar a nuestros hijos para que el día de mañana de
desenvuelvan con conocimiento e independencia. En fin,
Spain is different…
y lo peor es que luego nos atrevamos a juzgar los usos y costumbres de
culturas que ignoramos. ¡Qué fácil resulta señalar a los demás!
El Poder Judicial actúa como una
marioneta
en manos de los representantes del poder económico
SEGUNDO. Gracias de la actitud
golpista de los miembros del Tribunal Constitucional designados por la
ultra derecha en la época de Aznar, los vínculos entre la judicatura y el
politiqueo resultan hoy más evidentes que nunca. Desde hace meses, la
máxima instancia judicial del Estado viene acusando una situación de
bloqueo que causa sonrojo entre las instituciones homólogas del resto de
Europa, donde cada vez con más frecuencia se nos agrupa junto a los
sistemas judiciales turco y saudí.
Todo eso, por no citar situaciones tan
difíciles de calificar como el hecho de que nuestro Tribunal Supremo posea
una sala dedicada oficialmente a ilegalizar partidos políticos. O el
sometimiento jerárquico, funcional y operativo de
la Fiscalía General
del Estado a la voluntad del Ejecutivo (incluyendo
la Fiscalía Especial Anticorrupción).
El hecho de que el Tribunal de Cuentas crezca de cauces, competencias y
presupuesto para desenvolverse con verdadera autonomía. O la pervivencia,
todavía en 2008, de una corte especial de justicia, cuya jurisdicción se
superpone a la de los juzgados y tribunales de verdad.
El Estado español se muestra
insumiso
al Derecho Humanitario internacional
TERCERO. Esta misma semana, los
periódicos de mayor difusión se han hecho eco de que nuestro gobierno
sigue comerciando con la dictadura alauita, al efecto de suministrarle
armas prohibidas por la Comunidad
Internacional (fundamentalmente bombas
tipo "cluster" o de racimo), armas que han sido, son y serán utilizadas
contra la población civil saharaui. Organizaciones como Amnistía
Internacional, Human Rights Watch, el Comité para la Prevención de la
Tortura o las propias Naciones Unidas vienen denunciando desde hace tiempo
que el régimen dictatorial de Rabat incumple sistemáticamente los acuerdos
internacionales en materia de Derechos Humanos, así como diversas
resoluciones tendientes a la pacífica resolución del conflicto provocado
por la anexión ilegal de la República Árabe Democrática Saharaui. Se da la
circunstancia de que el 100% de los ciudadanos saharauis mayores de 33
años, nacieron en suelo español, cuyo Estado suministra hoy los
instrumentos para doblegar su razón o exterminarles… poco más que decir al
respecto.
En la práctica, el "Reino de
España" únicamente
es capaz de ejercer su soberanía contra los débiles
CUARTO. ¿Se puede decir que el "Reino
de España" es hoy un país independiente? Si la ciudadanía española
adoptara la resolución de abandonar las instituciones europeas… ¿Nos lo
permitirían? ¿Convertirían en deuda externa el montante de los fondos de
cohesión estructural recibidos fundamentalmente de Francia y Alemania a
través de Bruselas y Estrasburgo? ¿Qué pasaría con el euro? No hablo del
nombre de la moneda, sino de su tipo de cambio y estabilidad respecto a
las divisas de referencia… ¿Recuperaríamos nuestra soberanía en materia de
política monetaria?
Asumiendo que no sea posible abandonar
Europa ¿Cómo se elige y quién ejerce control sobre las personas que día a
día determinan las políticas económicas que nos afectan? ¿Hemos trocado
soberanía por una vaga ilusión de estabilidad? ¿Qué fundamenta esa idea?
¿Cómo evitamos que nuestros mercados se vean afectados por los efectos de
crisis que deberían sernos ajenas?
¿Somos libres para diseñar la política
migratoria que estimemos más acertada, prescindiendo de los intereses de
la "Europa
de los 27"?
Las bases militares extranjeras
ubicadas en el territorio del Estado… ¿Tenemos capacidad para
"expulsarlas"? Si la respuesta es negativa: ¿podemos decir que se han
convertido en enclaves permanentes, sometidos a una soberanía extranjera?
¿Podemos disponer de nuestro territorio, por ejemplo, para conceder la
apertura de una base militar cubana, bolivariana, persa o norcoreana?
¿Puede alguien ajeno al Estado español, condicionar nuestra capacidad de
decisión respecto de los usos dados a nuestro territorio jurisdiccional?
A la vista de todo eso, ¿es el "Reino de
España" un Estado independiente?
El árbol y sus frutos
Hace ya algún tiempo, una parte de
nuestras Fuerzas Armadas se convirtió en una banda terrorista, pero no una
normal, de las que los gobernantes suelen agitar ante nuestras narices
cada vez que suben los tipos de interés o deciden reunirse para tomar
jugar al Risk™ o al Monopoly™.
Ésta no era una banda terrorista al
uso, sino una muy especial: puesto que con el apoyo de otras
organizaciones terroristas llegadas de Italia y Alemania, consiguieron
subvertir el orden democrático, constitucional y de derecho, e imponer lo
que más tarde se dio en llamar "la dictadura del general Franco", quien a
su muerte legó el cetro a su fiel becario: un joven italiano, de
ascendencia gala, criado en Portugal y casado con una griega cuya familia
sufrió el destierro… todo muy europeo e internacionalista.
Ilegitimidad institucional: o cómo afrontar la construcción de
un Estado de Derecho, sobre la base de un lodazal franquista
¿Y eso a qué viene? Pues todo eso
tiene que ver con una ceremonia de coronación celebrada en la sede del
poder Legislativo, en presencia de obispos, cardenales, empresarios,
militares, falangistas, procuradores a cortes y otros hijos de puta, valga
la redundancia.
Tiene que ver con la supuesta refundación de
un régimen que no destituyó ni un solo juez, ni un solo policía, ni un
solo responsable político después casi cuatro décadas de despotismo
uniformado.
Nada cambió: los núcleos de poder
permanecieron intactos, concentrado las decisiones y sus beneficios en muy
pocas manos, patrimonio exclusivo de una discreta élite empresarial que se
sirve de caras públicas para manejar a su antojo y beneficio el producto
del trabajo de la ciudadanía.
Estamos en 2008… pero los objetivos del éxito
militar de 1939 siguen vigentes: en el flanco territorial, las armas
garantizan la unidad de la patria y en lo tocante a la estructura
económica de la sociedad, todo sigue igual: banca, industria, empresa,
ejército, secta y medios acaparan todo el poder efectivo, acostumbrados a
adoptar decisiones por nosotros; decisiones que nos afectan en el día a
día: en nuestra capacidad adquisitiva, en la estabilidad laboral, en la
calidad de nuestros servicios sociales, en la socialización de la cultura,
en la incorporación de la mujer al mercado laboral –a cambio de nada–, en
el obsequio puntual de derechos –siempre que no amenacen los privilegios
de los "dueños-de-todo-esto"–; decisiones orientadas a garantizar el
statu quo
de la oligarquía, sin pensar jamás en nuestra felicidad, salvo en lo justo
para mantenernos a raya. Pan y circo… que todo siga igual. Que nada ni
nadie perturbe el sueño de Morfeo.
¿Qué mayor muestra de continuidad que
mantener el escudo franquista hasta bien entrada la década de los 80? El
ejemplar de honor de la propia Constitución
Española que permanece expuesto en la
Sala del Reloj del Congreso de los Diputados, impreso en oro, muestra
claramente el escudo oficial de Franco en su portada, y además, es la
firma de su pupilo la que sanciona dicho texto, para mayor vergüenza de
los ciudadanos que realmente vieren y entendieren.
¿Quién se atreve a negar el continuismo? Los
últimos presos sociales abandonaron las cárceles hasta 18 meses después de
aprobarse el actual texto constitucional. En 1979 era ilegal llamarse
Jaume. Por supuesto, Derecho y Ley no son la misma cosa: legales eran los
campos de exterminio del Tercer Reich, tan legales como el actual artículo
543 del Código Penal, o los artículos que niegan a la mujer la capacidad
para decidir sobre su propio cuerpo; legal es
todavía el Título II de
la Constitución Española
de 1979… una verdadera afrenta a la
Declaración Universal de los Derechos
Humanos. No, Derecho y ley no son la misma cosa.
Ante la hegemónica supremacía del poder económico,
nos queda la confianza en el caos y la firmeza de
nuestras convicciones. Por eso, tenemos la obligación
de aprovechar cualquier ocasión que se presente.
El Sistema es caótico porque su
comportamiento está condicionado al sutil equilibrio entre los intereses
particulares del gran número de "pirañas" que habita en nuestra pecera: el
comportamiento de los mercados, de la sociedad, los hábitos de consumo, la
sostenibilidad del modelo de desarrollo industrial, la geoestrategia, etc.
Al coexistir inmersos en este caos general, no es extraño que de vez en
cuando, surjan escenarios propicios para la lucha de aquellos que
reclamamos un mayor grado de justicia social, paz y libertad.
Bien, este es uno de esos momentos.
Aquí y ahora, la clase obrera se enfrenta a un compromiso ineludible, un
compromiso consigo misma, con el conjunto de
la Comunidad Internacional y con las
generaciones que habrán de venir:
La espera terminó. Estuvimos esperando
durante mucho tiempo, pero esperábamos a hoy. Es preciso aprovechar que el
hambre conduce a que los trabajadores piensen, para levantar nuestra voz y
exigir un cambio de base, de nuevo y para siempre.
Ante nosotros, tenemos la grave
responsabilidad de cuestionarlo todo, para refundar los cimientos de otra
forma de organizar nuestras instituciones públicas para ponerlas al
servicio de la ciudadanía. Ya
está bien de que asistamos expectantes al juego de los comisarios
políticos del Capital. El espectáculo debe terminar. Es hora de tomar
nuestras propias decisiones. Sin miedo.
Debemos ser capaces de mirar al rey a la cara
y decirle: "¿Qué haces con mis cosas? ¡Largo!". Debemos atrevernos a
conocer para reflexionar por nosotros mismos… atrevernos a superar nuestra
adicción al consumo de pensamientos prefabricados. Debemos conocer
la Ley Electoral. Debemos
saber por qué nos suben el precio de la casa de nuestra familia, años
después de haberla comprado. Tenemos la obligación de conocer el
funcionamiento de nuestras instituciones públicas, para ser conscientes de
hasta qué punto vivimos dentro de en un engaño masivo.
La República no es solo un sentimiento antimonárquico.
No confundamos la parte con el todo: el rey no importa.
Por supuesto, se le despide de inmediato, pero ese cambio
es tan solo un detalle dentro de todo el proceso democratizador.
En todo esto, la existencia de un rey
es solo un pequeño detalle, cierto, el papel del monarca se reduce al de
otra cortina de humo, es –por así decirlo–, la guinda del pastel
antidemocrático.
Está claro que el régimen es mucho más que el
autócrata que lo encabeza. Sabemos que su existencia responde a un
complejo entramado de estructuras de poder que se fundamentan en una
falsedad tan grande, que bien pudiéramos llamarla "religión". La monarquía
es una religión y como tal, se desvanece con conocimiento y razón crítica.
Es correcto afirmar que el rey es un
símbolo: el monarca simboliza justo lo contrario de lo que nos han
contado. El rey es el emblema de la
injusticia. Por definición
etimológica, la monarquía –o "el gobierno de uno"– es el antónimo de de la
democracia –o "el gobierno del pueblo–. Y por si eso no fuera suficiente,
en el caso particular del "Reino de España", la cumbre de la ilegitimidad
procede precisamente de un dictador golpista y genocida. Desdramaticemos:
el rey sobra, pero no solo sobra él, sobra él y todo lo que representa: un
estilo de gobernar de espaldas a la ciudadanía.
Quitar al rey no supondría el advenimiento de
la Utopía, cierto, repúblicas las hay de muchos tipos, desde los regímenes
expansionistas-genocidas como el alemán de los años 1940 o el
estadounidense de nuestros días; hasta Estados más cercanos al ideal de
felicidad, libertad, igualdad, justicia, fraternidad, austeridad,
transparencia y pacifismo.
Los republicanos no somos estúpidos,
por supuesto que sabemos que no basta con quitar al rey para que todo se
arregle… no es eso, no es eso, como tampoco se trata únicamente de meter
un color más en la bandera. La República
es otra cosa:
¿Qué queremos? ¡República!
Al hablar de República, hablamos de
una mayor separación y recíproco autocontrol de los poderes públicos;
hablamos de garantías democráticas tangibles… de no conceder espacio a la
impunidad; hablamos de un mayor control, transparencia y austeridad en el
gasto público; hablamos de poner el Estado al servicio de los
trabajadores; de recuperar la legitimidad institucional; de sentirnos
orgullosos de reconocer nuestra capacidad para decidir sobre los asuntos
que nos afectan, sin imposiciones, ni miedo ni más límite que el alcance
de la razón.
Cuando nos devolvamos la República,
recuperaremos algo que nos pertenece. Algo sobre lo que nadie podrá
reivindicar de su exclusiva propiedad, porque esa propiedad corresponderá
a todos por igual.
La República no yace en Montauban, ni
en el coso de Badajoz… algunos no se dan o no se quieren dar cuenta, pero
lo cierto es que podemos ver a la República durante el afeitado, o al
desperezarnos; vemos la República cada vez que entramos en el metro o
subimos a un tren de cercanías; al entrar en el aula, en el taller o en la
oficina: allí está la República. En
cada amigo, un ciudadano y en cada adversario, tan solo un voto más.
La impostura toca a su fin. Ya es hora de que
alcemos nuestra voz para gritar bien alto que nuestro Estado tiene
44.000.000 de monarcas, o esos, o ninguno, pero no estamos dispuestos a
seguir permitiendo que la voluntad de una sola familia se imponga a la de
15.000.000 de ellas, diversas y humildes, pero tan dignas como la del
mejor amigo del extinto dictador.
¿Cuándo la queremos? ¡Ahora!
Por eso, debemos dejar de confiar; no
es cuestión de esperar más… ¿Esperar? ¿Esperar a quién? ¿Esperar a que un
comandante mande parar? ¿Cuánto falta para eso? ¡Ahí fuera están muriendo
trabajadores! ¡Están cerrando partidos! ¡Secuestran publicaciones!
¿Esperar cuánto más? ¿Por qué esperar? ¿Quiénes se han beneficiado y a
quienes han perjudicado estas siete décadas de paciente espera? ¿Esperar?
¿Cuánto más?
Llegados a esta situación, debemos
cuestionar, formarnos, organizarnos para avanzar, recuperar espacios para
la palabra, la razón y las urnas. Juntos podremos… tengamos por seguro que
todo cuanto hace falta está en nuestra mano. Necesitamos honestidad,
necesitamos permanecer unidos, hacen falta inconformistas, necesitamos
ciudadanos insolentes, personas libres de cualquier parte y condición,
solo hace falta despertar, darnos cuenta de que somos más, y que aunque
pueda parecer lo contrario, cuando menos tenemos, solo nos queda lo que
nunca nos podrán quitar: la razón, la confianza en la mayoría, el espíritu
desprendido, la sincera disposición para poner el bien común por encima
del interés particular… y todo eso está en nuestra mano.
La voluntad de escapar a la opresión es un
regalo, un efecto secundario de la desmesura del Capital… ahora, solo
necesitamos talento, honestidad, organización y firmeza para recuperar la
libertad, sin ira ni más mentiras.
Entonces, ¿qué hacer?
En primer lugar: ignoremos los efectos
del golpe de Estado de 1936:
Renunciemos a la idea de que la fuerza
contra las personas proporciona la razón a quien
la ejerce. En
consecuencia, renunciemos al uso de la violencia como instrumento de
política.
Asumamos la tarea de retirar los símbolos
propios o apropiados por el franquismo: retiremos las banderas
antidemocráticas de los lugares públicos: edificios, embarcaciones y
demás. Sin violencia ni odio, como un gesto normal: arriemos las banderas
rojas y amarillas y entreguémoslas en los museos de Historia Natural.
Eliminemos cualquier referencia al
símbolo de la corona, antónimo natural de las urnas, para dejar claro que
aquí nadie es más que nadie, y que, con el debido respeto a las minorías,
debemos estar a lo que mande la mayoría.
Ignoremos cualquier autoridad en la persona
del rey. ¿Un rey? ¿Un rey por qué? ¿Para quién? ¿Por cuánto? ¿Por quién?
¿Hasta cuándo? ¡Seriedad, por favor! Estamos en 2008.
Boicoteemos cualquier acto público de
exaltación de lo antidemocrático. Neguémonos a recibir al soldado
designado arbitrariamente por uno de los mayores genocidas del S. XX.
Hagamos como los griegos: ellos descubrieron la Democracia, y descubrieron
también que a los monarcas cómplices de los regímenes dictatoriales se les
debe mantener alejados de lo público.
Exijamos la inmediata derogación de
las leyes franquistas, las antidemocráticas y en general, aquellas que
sean contrarias al espíritu o la letra de la
Declaración Universal de los Derechos
Humanos, empezando por la imposición seudo constitucional de 1978: una
Carta Magna alumbrada con la aquiescencia del aparato de la dictadura,
aprobada mediante un proceso electoral marcado por el miedo y sin el menor
respeto por las garantías propias de un Estado democrático y de Derecho.
Aquel texto, fruto de unas circunstancias muy particulares, quizá
resultara útil para algunos, pero de lo que no hay duda es que en nuestros
días, su vigencia ha prescrito.
Propiciemos el inicio de un proceso
constituyente: participativo, fraterno, democrático y por supuesto: desde
cero.
Atrevámonos a denunciar las paradojas de la
ausencia de separación de poderes: respondamos a los desmanes judiciales
con recusaciones y querellas por prevaricación. Pongamos al Sistema contra
las cuerdas del Derecho: señalemos a los magistrados que hacen gala de su
adscripción política partidista, hasta lograr su expulsión de la carrera
judicial. Cuestionemos el sometimiento de la Fiscalía a la voluntad del
Ejecutivo. Protestemos, porque hay actitudes que se perciben como si
fueran normales, cuando en realidad se trata de aberraciones jurídicas.
Acudamos a la prensa, a instancias judiciales de orden superior,
mantengámonos firmes porque nuestra determinación será la mejor disuasión
contra la tentación de dictar resoluciones injustas a sabiendas.
Preparados para una etapa de cambios
No estamos en los años 30 y tampoco lo
pretendemos, por eso, debemos ser capaces de recuperar el espíritu de la
República y adecuarlo a los nuevos tiempos: debemos unir el pragmatismo
con la utopía; debemos recuperar la ilusión de los poetas y el ejemplo de
las luchadoras sufragistas; tomar ejemplo de aquella fiebre por la
cultura; retomar lo mejor de nuestro Estado, en el lugar donde lo dejaron
nuestros mayores, asesinados por algo tan sencillo como su lealtad a las
decisiones de la mayoría.
¡Fundemos periódicos y asociaciones!
¡Tejamos redes de ayuda! ¡Preparémonos ante la reacción! ¡Cultivemos
nuestra insolencia! No importa cuan cerca estemos de restablecer el orden
constitucional, cada pequeño paso en el buen sentido, será un acto de
dignidad.
No todo es fiesta: en la medida en la que
atinemos a "dar en hueso" la represión se hará selectiva y premeditada.
Por eso, debemos permanecer firmes y unidos, cultos e informados… debemos
aprender a dudar y a cuestionarlo todo, cultivar nuestro propio criterio,
practicar la solidaridad, la tolerancia, el gusto por la lectura, saber
escuchar y mantener siempre la dignidad.
No cabe duda de que en Ferraz, como en
Génova, y en el CNI como en la real Casa
disponen de sus propios planes de contingencia para hacer frente a los
hechos que se avecinan. Buena parte de esos planes serán reservados, pero
lo sí escapa del terreno de la especulación es que ante la cercanía de
hitos como la sucesión en la jefatura del Estado, cualquier detalle estará
previsto de antemano. Llegado el momento, todo el mundo tendrá un plan, en
todos ellos la principal variable será la actitud del pueblo. Ahí será
cuando se verá si somos un rebaño de corderos o un pueblo responsable.
Habrá que unir esfuerzos para romper los efectos del formidable aparato
propagandístico puesto al servicio de quienes temen a unos cambios que
quizá no puedan controlar.
Por eso es tan importante nuestro papel en
las fechas que rodeen el "hecho biológico inevitable". La Libertad no se
improvisa, ninguna República vino porque sí… y todo indica que la Tercera
no será una excepción… sin nuestra participación, nada cambiará. El
reconocimiento de nuevos derechos jamás fue una concesión gratuita.
Deberemos hacer presión en todos los frentes… con el único límite de
nuestra inquebrantable renuncia a la violencia.
Podemos y debemos vencer:
¡Expulsemos la tiranía de nuestras vidas!
¿Tiene el Capital un plan alternativo
a este "franquismo sin franco" para gestionar situaciones venideras? Por
supuesto que sí. ¿Tienen previsto –PP y PSOE– cómo desenvolverse ante la
eclosión de un marco constitucional distinto? Sí –otra vez–, por supuesto.
Es más, seguro que incluso habrán llegado a pactar un articulado de
consenso, listo para ser impuesto al resto de fuerzas políticas cuando sea
menester. ¿Os imagináis a Felipe VI como inmediato superior de nuestro
máximo representante electo, un nuevo monarca vitalicio y hereditario,
mandato irrevocable, ajeno a la jurisdicción penal, con presupuesto opaco
y mando supremo sobre las Fuerzas Armadas? Yo
tampoco. Y no lo hará por una razón muy simple: parafraseando a don Manuel
Azaña, "España ha dejado de ser monárquica".
El futuro es ya. Trabajemos por ello.
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