Correo  

Alameda, 5. 2º Izda. Madrid   28014 Teléfono:  91 420 13 88 Fax: 91 420 20 04     

No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

Viejos republicanos, nuevos monárquicos

 

Mikel Casado *

 

 

 

 

Deía 27 de Noviembre de 2007

 

 

En el número 33 del nuevo rotativo Público, el pasado 28 de octubre, apareció una entrevista exclusiva con Alfonso Guerra, presidente de la Comisión Constitucional del Congreso. Al entrevistador parece resultarle sorprendente que el viejo republicano estuviera presente en la recepción en el Palacio Real del 12 de octubre y desea saber si ello significa un apoyo a la Monarquía en estos tiempos difíciles para la Corona española.

Creo esencial analizar la contestación del señor Guerra pues muestra claramente cuál puede ser la deriva hacia posiciones más acomodaticias de aquéllos que en la pugna por el poder, olvidan los principios una vez alcanzado el objetivo. Veamos sus argumentos y busquemos si existe algún resquicio para la crítica, aunque sólo sea desde el punto de vista pedagógico.

El señor Guerra dice que intelectualmente, "los mecanismos de representación de los estados parecen más lúcidos y claros por elección que por herencia". "Por tanto -continúa- mejor república que monarquía". Aquí creo conveniente desvelar la floja convicción intelectual, de alguien que se dice republicano, que se manifiesta en la palabras "parecen más lúcidos y claros". La cuestión no es de opinión, de apariencia, sino de fundamentos lógicos, de legitimidad. Digo "fundamentos lógicos" y "legitimidad" porque los principios que hoy en día fundamentan, por lo menos teóricamente, la democracia, son los de la forma de elección del gobierno.

Que yo sepa (por ignorancia no conozco otro caso), el filósofo Locke, en el Essay concerning the true original, extent and end of civil government decía con rotundidad que Adán no tenía, ni por derecho paternal ni por donación directa de Dios, ninguna autoridad sobre sus hijos ni dominio sobre el mundo. Que si lo tuvo -seguía diciendo-, sus herederos no lo tuvieron. Que si lo tuvieron, no existe ley natural alguna ni divina que determine quién tiene derecho a la sucesión y además, aunque lo hubiera habido no hay quien sepa cuál es la línea sucesoria de Adán. Por tanto -continuaba diciendo Locke- hay que buscar otra forma de legitimar el poder político y de darse leyes, a saber, la democracia por elección.

Entonces, si se ha aceptado que la legitimidad del gobierno de hoy en día viene dada por la forma democrática en que se elige al gobernador, a saber, por elección de todos los ciudadanos, por definición, que no porque parezca más lúcido o más claro, la monarquía no es legítima. Y creo que hay que añadir, ni se puede legitimar. Pues incluso aunque repentinamente la totalidad de los ciudadanos de un estado sintieran o creyeran desear, e incluso votar, por que les gobierne un rey más o menos democrático o antidemocrático, bueno o malo, simpático o antipático, alto o bajo, guapo o feo, listo o estúpido, mujeriego o no, tal gobierno no sería legítimo pues ni siquiera la unanimidad podría hipotecar la forma de gobierno y sucesión de las siguientes generaciones. Ello sería como someter a votación un sistema dictatorial vitalicio.

Además, "monarquía sometida a elección democrática" es una contradicción en términos. Un rey, si quiere gobernar, puede presentarse a elecciones de la república como candidato a presidente con mandato expirable, con fecha de caducidad, como cualquier otro ciudadano, no como rey.

Es conveniente tener en cuenta estas condiciones a priori pues, siguiendo con la entrevista del señor Guerra, parece que él pone condiciones a posteriori, es decir, hay que esperar a ver si el rey se gana la legitimidad. Pues sigue diciendo el señor Guerra que en realidad, el PSOE, en su origen, no era republicano sino accidentalista. Dependía de la actitud del rey ante situaciones críticas, como por ejemplo, la de un golpe de estado. Dice que Alfonso XIII se deslegitimó por apoyar el golpe de Primo de Rivera, es decir, por actuar en contra de la democracia y libertad. Sin embargo -dice- éste no es el caso con Juan Carlos. De modo que según Guerra se debe esperar a ver si el monarca de turno merece serlo. ¿Y si sale malo?

Además, da por sentado el señor Guerra que la actitud de este monarca fue contraria al intento de golpe del 23F. No todos piensan así. Pero creo que esto no es lo importante, no es cuestión de que la monarquía sea -como dice Guerra- un accidente siempre y cuando, a posteriori, se respete la democracia y libertad. El caso es que no importa lo virtuoso o querido que sea un monarca, no importa cuán democrático sea. Su gobierno -como se ha argumentado más arriba- no lo legitima ni Dios. Pues virtuosos y virtuosas, queridos y queridas hay muchos en todos los países y no por ello tienen derecho a tener un puesto en el trono como jefes de estado por herencia. Ni aunque no recibieran ni un céntimo del pueblo.

Por ello parece racional pensar que el señor Guerra es, por acomodo o por cambio ideológico, más que republicano, monárquico o cuando menos, juancarlista. Y si acude a las recepciones del Rey, cortesano. Quizá fue siempre y sigue siendo, un accidentalista, que viene a ser lo mismo, como muchos otros pseudorepublicanos. Su pensamiento parece ser el siguiente: Bueno, aunque ilegítimamente nos impusieron un rey, por temor a la posible reacción violenta del antiguo régimen, no queramos removerlo, asumámoslo pues, además, parece haber resultado simpático y prodemocrático, que la verdad no descubra la mentira de la pseudotransición. Sin embargo, independientemente de la aquiescencia de los accidentalistas e incluso del pueblo con la monarquía, debemos no olvidar que desde el punto de vista estrictamente democrático, la monarquía se sitúa fuera del mundo, los sentimientos a favor y las simpatías, por ser subjetivos, no la pueden legitimar.

* Es licenciado en Filosofía

 

 

 

  Página de inicio 

 

 

Webstats4U - Web site estadísticas gratuito El contador para sitios web particulares