Vaya
por delante mi condena sin paliativos a todo atentado
contra la libertad de expresión, y concretamente a todo
abuso por parte del Estado contra quien manifiesta su
opinión, sea cual sea el modo, si es de manera pacífica.
La represión, por parte de la policía, de los
republicanos que gritan a favor de la República al paso
de reyes o principes, el secuestro de una revista por
una caricatura de unos supuestos Letizia y Felipe, o
incluso la posible condena de quienes muestran su
rechazo a la Monarquía con la quema de una fotografía
de Juan Carlos Borbón no tienen cabida en una sociedad
que pretende ser libre y democrática. Sin embargo, cuidémonos
de meter todas estas acciones en el mismo saco, porque
nada tienen que ver. Lanzar un "Viva la República",
escribir un artículo o participar una tertulia
republicana no es lo mismo que quemar una bandera. Sea
cual sea. Muchos de los que queman la bandera rojigualda
y las fotos del rey no dudarían en quemar la tricolor
republicana o la foto del Presidente de la Republica
Española, si se diese el caso.
No
seré yo quien condene la quema de una foto del rey,
pero tampoco quien la queme. Pienso que el único
republicanismo que puede llegar a buen puerto en este
pais es el constructor de una sociedad nueva. El
tolerante e integrador. El republicanismo culto y político.
Ni los arrebatos nacionalistas catalanes, vascos o españoles
serán los constructores de la Tercera República, y en
su caso, serían tambien sus enterradores.
Nací
en un pueblo de Ciudad Real, después viví muchos años
en Valencia y ahora mis zapatos pisan Madrid. No mataría
ni me dejaría matar por una bandera, ni por una patria,
ni manchega, ni madrileña, ni valenciana, ni española.
Mi modesta lucha nunca será otra que la de poner mi
granito de arena en construir una sociedad nueva, culta,
integradora, democrática, libre y - si somos capaces -
socialista, se llame como se llame.
Desgraciadamente
aún muchos caen en la trampa cuando las distintas
burguesias nacionales agitan a sus activistas patrios,
disfrazados de izquierdistas o ultraderechistas,
llamandolos a la defensa u ofensa de banderas y símbolos.
¿Acaso esos "superrepublicanos" se sentarán
con muchos de nosotros a construir un nuevo marco de
convivencia? Sería fantástico que entre todos construyésemos
la República haciendo política, y que nos dejasen
hacerlo. Más nos vale que empecemos a construir y a
debatir nuestra propuesta republicana cuanto antes, a
que nos respetemos en el diálogo, por que si no, una mañana
la derecha se despertará republicana e impondrá su
modelo, mientras nosotros seguimos a golpes. Además, no
hay nada tan dañino para la Monarquía que una
propuesta republicana elaborada y debatida, ni el hecho
de conseguir meter en la agenda política la cuestión
republicana. Por el contrario, no hay nada que le haga
tanto bien al Rey como presentar al movimiento
republicano como un movimiento radical e
independentista, de lo cual ya se preocupan los medios
del régimen. No creo que haya que facilitarles las
cosas. Hagamos política.
La
política es algo maravilloso cuando se hace bien. Es
por ello que el día 26 de Julio decidí apoyar con
entusiasmo, en todo aquello en lo que pudiera ser útil,
una de las iniciativas políticas más importantes de
los últimos años, y la apuesta más importante a favor
de la República desde 1931. En Andalucía, un número
creciente de ayuntamientos y cargos públicos comenzó
exigir la apertura de un proceso constituyente. No lo
hizo con ruidos estridentes, sino con la palabra, el diálogo
y la política. Haciendo sangrar las contradicciones de
fuerzas políticas que albergan en su seno a millones de
republicanos obligados a callar. La iniciativa obliga a
pronunciarse, a debatir, a posicionarse, dando la
batalla en el campo de las ideas y efectuando un
movimiento político al que las fuerzas políticas
republicanas, la ciudadanía y el mundo de la cultura,
pueden imprimir una fuerza que desemboque en un proceso
Constituyente. Debemos tener claro que los poderes fácticos
consideran la República como un probable escenario a
medio plazo, y sin duda apostarán por ésta en la
medida que le permita mantener sus privilegios. Por eso
es imprescindible que la ciudadanía asuma el
protagonismo en la lucha por la República y lidere un
movimiento de regeneración política y social.
Ese
es el camino: el de construir. Los republicanos de hoy,
con el espíritu de quienes defendieron hasta la última
trinchera la República de ayer, deben anteponer una
sociedad más justa y más democrática a cualquier
patria. Debemos aprender la lección que nos dieron
quienes en 1936 "vinieron de muy lejos", las
Brigadas Internacionales, que no murieron y lucharon por
patrias, sino por la libertad, la democracia y por una
sociedad más justa. Es la gran lección que muchos,
entre ellos los "superrepublicanos", aún no
han entendido.