J.M. Álvarez
Kaos en la Red 9
de Agosto de 2007
Madrid, 09/08/07- Parece
que la monarquía española pasa por un mal momento que coincide con un
relativo cuestionamiento de la misma. No se trata, todavía, de una ofensiva
general antimonárquica, pues los cortesanos palaciegos continúan zurciendo,
cada vez con mayor dificultad, unos rotos borbónicos que están alcanzando el
tamaño de agujeros negros. Pero el régimen puede estar considerando que el
actual ordenamiento basado en la Corona, atraviesa una crisis insuperable y
quizás se esté planteando la posibilidad de utilizar-otra vez- la clásica
trampa de cambiar algo para que no cambie nada, lo que le permitiría dilatar
la existencia del “franquismo democrático”.
No hace mucho, asistimos
a la polémica levantada en torno a la revista humorística “El
Jueves”, por la publicación de una caricatura principesca. La
orden de secuestrar la revista provocó opiniones diversas, que aún no se habían
apaciguado cuando el senador Iñaki Anasagasti (de profesión,
vivir del cuento político) echó más leña al fuego, efectuando unas
objetivas críticas sobre la Familia Real que sentaron bastante mal en las
filas de un Partido Socialista (PSOE) que, con las elecciones
a la vuelta de la esquina, pugna por superar en conservadurismo al Partido
Popular (PP), reactivando la represión y endureciendo las
condiciones carcelarias de los presos, como lo demuestran las medidas
adoptadas contra Iñaki de Juana Chaos.
El año pasado, los medios
de información calificaron de error la ausencia de los Reyes en la ceremonia
de entrega de medallas del campeonato mundial de baloncesto, donde España
alcanzó el oro. El lapsus fue utilizado para matizar que si España es una
monarquía (lo de impuesta por Franco nunca lo dicen), eso no significa que
quienes la representan sean sagrados. Y apostillaron que, si molesta que la
diferencia jerárquica la determine nacer en cuna regia, habrá que pensar en
abolir la monarquía. Otros medios filtran que la entrada del yernísimo Duque
de Lugo, en el grupo de empresas que gestiona los complejos La
Vaguada y Plaza Norte de Madrid, o Gran Vía
de Barcelona, ha duplicado los beneficios de la empresa por arte de
magia. Magia real, porque el presidente del grupo es íntimo amigo del
rey. Incluso alguna televisión ha mostrado la última foto de familia de
Juan Carlos, subrayando con cierta ironía, que si antes sus
integrantes eran cinco, ahora ya van por dieciséis.
Esas noticias se compensan
con otras, en las que siempre está presente un empalagoso culto a la
personalidad, unido a una férrea censura que filtra cualquier información
“improcedente”, sobre el Borbón y su parentela. En cierta ocasión, Antonio
Burgos, (palmero exaltador de la monarquía franquista, cuyas
aportaciones a la literatura nacional incluyen un buen número de letrillas
carnavalescas y alguna canción), enojado porque una cámara indiscreta captó
al monarca tomando el sol en pelotas, se apresuró a escribir una loa en la
que ensalzaba las excelencias de la entrepierna de su majestad. El colmo del
servilismo: un baboso chiquilicuatro rindiendo pleitesía en público a los
testículos regios. Por otro lado, el juez ultra, Grande-Marlaska
ha activado una querella por un delito de injurias al rey, a causa de un
fotomontaje publicado ¡el año pasado! en un suplemento del diario vasco, Deia.
La embaucadora estrategia
de dar una de cal y otra de arena, acerca de las actividades borbónicas,
parece dirigida a crear un movimiento de opinión en torno a la dualidad
monarquía-república. Incluso se habla de restaurar la república, en un
futuro más o menos próximo, dependiendo de las circunstancias. Recientemente
Javier Arenas, dirigente del PP, se posicionó en contra de
la iniciativa promovida por Izquierda Unida (IU) que junto a
una comisión constituida por los alcaldes de once ayuntamientos andaluces,
quieren convocar un referéndum para que los ciudadanos se pronuncien sobre la
III República.
A pesar de que Javier
Arenas manifestó su desacuerdo con la iniciativa, el miembro de IU, Antonio
Romero confirmó que mantuvieron una conversación, en la que aquel
le aseguró que en el PP apenas existen monárquicos (para nadie es un secreto
que Aznar siempre receló de la institución monárquica), lo
que denota una cierta comunión de ideas, en términos generales, sobre el
tema. Eso nos hace sospechar que se podría estar trabajando en la dirección
de una república que trate de mantener los privilegios de la clase oligárquica,
con lo que poco cambiaría el estado actual de cosas. Por poner un ejemplo- y
de confirmarse nuestras sospechas- el presidente de la futura república,
elegido por sufragio universal, al cesar en su cargo seguiría integrándose
en cualquier Consejo de Administración, daría conferencias en inglés, a
cambio de sustanciosos emolumentos, o se retiraría a una lujosa mansión con
un sueldo vitalicio, o sea, más de lo mismo.
Una cosa es evidente: Si el
sistema llega a plantear un debate república-monarquía será porque se
sienta débil; por tanto, cuanto más se debilite, más se fortalecerá la
causa obrera. No debemos acatar una república basada en la explotación del
ser humano, hay que aspirar, como mínimo a que se comprometa en destruir el
sistema que entronó a Franco y después a Juan Carlos. Esta
nueva transición, de producirse según la planean, prolongaría, tras algunos
retoques, la existencia del mismo régimen, con sus privilegios y prebendas.
En el pasado reciente,
posiciones conciliadoras, derivadas de actitudes infames, desembocaron en el
vigente estatus social. Desoigamos los cantos de sirena que pretende imponer
una república ajena a los intereses de los trabajadores.
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