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La República al programa electoral de IU

Hugo Martínez Abarca

Blog III República 6 de  Noviembre de  2007

Parece claro que la República es una opción infrarrepresentada en nuestras instituciones políticas. Suponiendo que el 22% de los españoles defendiera la llegada de una III República (cifra que arrojaba una encuesta de una tal Fundación Toledo para apoyar la causa monárquica en octubre), en el Congreso debería haber 77 diputados de grupos que se declaren republicanos. Y también es sencillo percatarse de que, mientras en Izquierda Unida nos tiramos los trastos a la cabeza por todo, la aspiración republicana es un ideal que concita consensos. Encontrar en el manifiesto recientemente presentado las firmas de Marga Sanz y de Gaspar Llamazares, muestra no sólo que ellos personalmente abogan por la III República, sino que saben que su adhesión a esta causa sólo les puede generar apoyos entre los militantes en pleno proceso de primarias. De hecho, en las elecciones primarias en Izquierda Unida Llamazares ilustra su página web con los colores de la bandera republicana y MargaSanz apuesta en su manifiesto por “una reforma constitucional para llegar a una república federal y democrática”. Son síntomas de que, frente a lo que se suele presentar en la mayoría de los medios de comunicación, la cuestión republicana sí interesa a amplios sectores sociales de la izquierda. Los dirigentes políticos lo saben y lo muestran cuando tienen que granjearse apoyos en sus bases.

Si en una situación de silencio, de ausencia de debate, lo que se presenta como neutro (la monarquía) sólo recoge tres apoyos (un 67 % según la citada y sospechosa encuesta) por cada apoyo de lo que aparece como radical, ¿qué ocurriría si los republicanos lográsemos colocar la cuestión “Monarquía Vs República” en el debate político? ¿Cómo conseguirían los monárquicos sostener que, entre quienes defienden una magistratura vitalicia y hereditaria y quienes preferimos la elección democrática y periódica de todos los cargos políticos, los extremistas son estos últimos?

Izquierda Unida anda necesitada de dos elementos claves de cara a las elecciones generales de 2008. Las elecciones primarias que tanto agradecemos quienes defendemos la democracia interna también pueden ser un escaparate de las eternas fracturas que nunca somos capaces de resolver de forma pacífica. Por ello, uno de los elementos que necesitamos son puntos en los que haya consensos entre las distintas opciones internas. El otro factor imprescindible es lograr la visibilidad mediática que sistemáticamente se nos es negada y que sólo conseguiremos si presentamos propuestas audaces, integradoras y novedosas.

Pues bien, ambos problemas podrían ser corregidos si incluimos en el próximo programa electoral la promesa de convocar un referendo que preguntara a los españoles su preferencia sobre la cuestión de la forma de gobierno: monárquica o republicana. Tal promesa es plenamente legal. Los referendos son competencia estatal, y además no son vinculantes, por lo que tal promesa no se podría interpretar como un inicio de reforma constitucional, sino sólo como una toma de temperatura. Evidentemente un resultado desfavorable a la Monarquía forzaría la reforma constitucional, pero el referendo en cuestión no formaría parte del proceso constituyente (blindado en la Constitución de 1978) sino que sería una forma de conocer si los españoles quieren vivir bajo una Monarquía o prefieren dar paso a una República.

La convocatoria por parte del Gobierno central de un referendo sobre la Monarquía es, pues, plenamente legal y las descalificaciones que Izquierda Unida recibiera por parte de los monárquicos por esta promesa mostrarían su temor ante la opinión de la ciudadanía y, cuanto más feroces sean tales descalificaciones, más legitimarán la propuesta. Recordemos que el secuestro de El Jueves ha generado una serie de respuestas que explican el nerviosismo de los monárquicos y que llevó a Juan Carlos de Borbón a, por primera vez en 30 años, justificar en público la necesidad de su magistratura.

Tomemos la palabra, seamos protagonistas y unamos a la izquierda en torno a una idea que concita las mayores adhesiones entre nuestras bases. Si con esta promesa Izquierda Unida consiguiera el voto de sólo la mitad de quienes se declaraban republicanos en la citada encuesta, habríamos alcanzado resultados equiparables a los de nuestro mayor auge electoral. La propuesta, además de justa, es rentable

 

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