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Hugo Martínez Abarca
Blog III República 1 de Septiembre 2007
Suelo reiterar una broma según la cual el día que se proclame la III República tendré que crear un nuevo blog que se llame IV República. Es una broma que encierra algo de verdad, porque no concibo ningún paraíso terrenal (ni extraterrenal, claro, pero ésa es otra historia) y todo proyecto político realizable siempre será perfectible. Además toda utopía responde a una realidad histórica, no hay utopías definitivas: los proyectos que hoy pudiéramos imaginar para superar el capitalismo, la monarquía o los sistemas representativos responden a las ideas de personas que hablan aquí, en un país europeo, con nuestra Historia y nuestras tecnologías concretas y ahora, en 2007, caído el muro de Berlín y con un cierto desierto ideológico en la izquierda, entre otros infinitos factores.
El jueves me criticaba un lector (1) por dos cosas: la primera decía que él leía un blog como éste porque esperaba “ver cosas imaginativas sobre la III República“, y la segunda, ligada a la primera, por centrarme en temas demasiado coyunturales, por escribir demasiado sobre la actualidad. Sobre la primera crítica me remito parcialmente al primer párrafo: no soy muy amigo de imaginar mundos alternativos posibles, sino de combatir aquellas cosas actuales que me disgustan, algunas de las cuales no son resolubles sin un cambio profundo (¿se puede decir ‘radical’?). De hecho no sé si existen otros mundos posibles pero tampoco me preocupa demasiado; en todo caso estamos ya en un mundo que es imposible. No conozco ninguna utopía que se haya llevado a cabo plenamente: ni los ideales de los comunistas, ni de los liberales se concretaron de acuerdo con los planes previos con el triunfo de sus revoluciones. La utopía sirve para caminar, pero no para conocer el futuro. El futuro se construye al caminar. O al permanecer quieto.
Pero además discrepo enormemente de la idea según la cual debamos centrar la oposición a lo que hay sin tener demasiado en cuenta lo coyuntural. En general trato de utilizar cuestiones concretas del día a día como excusa para exponer ideas más generales (no siempre: alguna vez simplemente para dar a conocer cosas concretas a las que no prestan atención los medios de masas). Pero de cualquier forma la Historia nos muestra que rara vez se producen cambios importantes si no es por la crítica al entorno concreto que propició la reacción, el hartazgo, el levantamiento. Por no salir del sistema de gobierno: en Europa, salvo en España, hay monarquías allí donde los monarcas llegaron a un pacto con los parlamentos aceptando en un momento concreto un recorte de su poder. Es lo que sucedió en los reinos escandinavos y en Inglaterra. En España las dos repúblicas vinieron fruto de la alianza (coyuntural) de las monarquías con los poderes más reaccionarios: se puede entender así el origen del sexenio revolucionario en el que tuvo lugar la Primera República, fruto del conservadurismo de Isabel II (y de la coyuntura revolucionaria europea) y no sería entendible el 14 de abril sin los errores de Alfonso XIII y su implicación en la dictadura de Primo de Rivera. Ayer mismo decía The Times que el secuestro de El Jueves está permitiendo que en España se hable por primera vez de los chanchullos económicos y el estilo de vida de Juan Carlos de Borbón (2). Más coyuntural y chusco que esto…
Ningún cambio importante es entendible sin la coyuntura en la que surge; ni sin los que en su momento la criticaron. Lo concreto, lo coyuntural también sirve para caminar: para caminar huyendo hacia el horizonte.
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(1) El comentario de “Eduardo” está aquí. También se pregunta qué estatus correspondería a la Iglesia en un Estado laico. Escribí hace un tiempo al respecto: en un estado profundamente laico, en el que se fuera tan exigente con la Iglesia como con cualquier otra asociación (a las que se les exige, por ejemplo, igualdad entre hombres y mujeres y estructura democrática) la Iglesia tendría que transformarse profundamente o pasar a ser ilegal. En aquel texto está argumentado así que trato de no repetirme…
(2) The Times comentado en El Plural