Alameda,
5. 2º Izda. Madrid 28014 Teléfono:
91 420 13 88 Fax: 91 420 20 04
|
|
Conciencia Republicana
Francisco Javier Maestro
No
cabe la menor duda de que en la sociedad española actual, el ideal republicano,
subyace, latente, en multitud de conciencias. El debate, a pesar de los
innumerables intentos por silenciarlo, orquestado desde los centros de poder
oficial, -el “establishment” que dirían los eruditos-, está en la calle, o
por lo menos en el subconsciente individual de todos aquellos que se niegan a la
alienación dirigida.
Y
ello es así, porque el momento histórico actual, como no podía ser de otro
modo, propicia el replanteamiento de unas bases, que si bien fueron oportunas en
su contexto político, originando un consenso irrenunciable que posibilitó una
transición definida como modélica, devienen en la actualidad como
excesivamente frágiles una vez alcanzada la madurez democrática.
La
monarquía parlamentaria actual, innegable sucesora del régimen franquista,
aunque refrendada su legalidad, -que no legitimidad- en referéndum por el
pueblo español, en un momento concreto como única alternativa viable de
superación de un régimen dictatorial de casi cuarenta años, constituye hoy,
un anacronismo histórico, tanto desde el punto de vista teleológico como
historiográfico, a pesar de que sus supuestas bondades pretendan dotarla de un
envoltorio de presunta necesidad, del que se ha alimentado desde su advenimiento
y que fue su única razón de nacimiento.
La
sociedad española, en su diversidad nacional, ha alcanzado su mayoría de edad
y nadie puede negar que los ideales democráticos se encuentran fuertemente
consolidados. Por ello, se cuestiona la oportunidad de una segunda transición,
entendida como culminación de una tarea inacabada, a realizar con el reposo y
la tranquilidad que supone saber que ya no existe ruido de sables, a pesar de
que ciertos elementos intenten artificialmente hacerlos sonar, sin saber que su
esfuerzo resulta a todas luces ridículo.
Ya
que no se hizo en la transición a la democracia, ahora debemos culminar el
proceso y para ello debemos, en primer lugar, recordar y estudiar lo que ocurrió,
con objetiva serenidad, pero sin esconder esa pretendida objetividad en teorías
justificativas de la “proporcionalidad” que equiparan e igualan atrocidades,
amparadas por el mal superior que constituye una guerra civil, o peor aún, en
aviesas tergiversaciones (mal)intencionadas de la realidad, que sin duda beben
de fuentes revisionistas neofranquistas de la historia cuyas motivaciones
resultan patentes para cualquier historiador serio e imparcial.
Así,
todas las iniciativas, legislativas y judiciales incluidas, encaminadas a
recuperar la memoria histórica, lejos de reabrir heridas, deberán cerrarlas
definitivamente, mediante un ejercicio de justicia, inaplazable aunque tardía,
con los represaliados por el franquismo, defensores de la legalidad y
Sin
embargo, y a pesar de ese necesario recuerdo de la trágicamente frustrada II
República, no debe caerse en la nostalgia improductiva, sabiendo buscar y
encontrar referentes de actualidad y futuro que cimienten el camino, ya sin
retorno, hacia la consolidación de la inevitable y necesaria III República
Española. Si bien aprendiendo y extrayendo de nuestra historia los modelos, que
una vez actualizados y presididos por esos referentes, consigan el objetivo
pretendido. Tal es el caso del Pacto de San Sebastián de 1930, acto político
cuyo fin fue realizar una concreción perfectamente definida de la unidad republicana
y un verdadero pacto de acción contra la monarquía de Alfonso XIII, hacia
la convocatoria de unas Cortes Constituyentes republicanas. Esa colaboración de
las fuerzas políticas de la época, debiera servirnos de modelo, para la
consecución de la necesaria unidad de todos los republicanos, con independencia
de matices ideológicos, o incluso posturas diametralmente opuestas que
encuentran su afinidad exclusivamente en ese sentimiento republicano, a la
sombra de la bandera tricolor, encarnación del respeto, admiración y recuerdo
al pasado, pero a la vez motor de futuro y de cambio, que por cierto
“difícilmente puede incitar a la
violencia, el racismo, la xenofobia o cualquier otra forma de discriminación
que atente contra la dignidad humana” tal y como expresa el Tribunal
Superior de Justicia de Madrid, en sentencia 1335/2003 de 15 de Diciembre,
considerando su exhibición un derecho reconocido por la vigente Constitución.
Los
síntomas de la importancia y realidad del movimiento iniciado son evidentes,
sin que el interesado manto de silencio logré cubrirlos. El clamor popular y
profesional que originó el secuestro de la publicación “El Jueves” y el
nombramiento por primera vez de un interventor por parte del Rey para controlar
las cuentas de su Casa Real, son dos ejemplos de los que no resulta difícil
extraer determinadas claves.
De este modo, creo que resulta necesario multiplicar los actos
conducentes a hacer aflorar ese sentimiento vivo y latente, sabiendo transmitir
el profundo convencimiento de que los ideales republicanos de libertad, igualdad
y fraternidad deben constituir la base de una sociedad si esta quiere ser
adalid de la justicia social y la paz, cimentando una convivencia pacífica que
no sea excluyente, sino integradora de culturas, pensamientos y doctrinas; y en
definitiva que
Estas líneas quieren ser mi humilde contribución…….VIVA