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En estos últimos años,
y en especial, desde las movilizaciones contra la guerra que inundaron nuestras
calles de banderas republicanas, apreciamos, con nitidez y con no menos
esperanza, un imparable auge del movimiento republicano. Así, si
ya la instauración de la manifestación anual contra la monarquía y por la III
República, el 6 de diciembre supuso un
impulso del movimiento republicano, con la incesante constitución de ateneos,
asociaciones y colectivos republicanos a todo lo largo y ancho del Estado,
o mediante la proliferación de medios digitales de información de índole
republicana, así como por los innumerables actos y convocatorias que con
motivo del 75 aniversario de la II República se
han realizado en todo el Estado, además de la encomiable labor que
vienen desarrollando las organizaciones republicanas en cuanto a la recuperación
de la memoria son, en suma, ejemplos incuestionables de que el movimiento
republicano avanza.
Pero
para que la República sea una realidad, de manera natural y democrática,
es preceptivo que todos aquellos que propugnamos la República, seamos más;
que haya más republicanas y más republicanos, que exista una masa social
republicana fuerte y activa que incida en todos los ámbitos de la sociedad, en
lo político, en lo social y en lo cultural, que la vaya impregnado de los
valores que han significado el modelo republicano y que, en la medida de su
fortaleza y razón democrática, sean asumidos por los partidos políticos de raíz
republicana rompiendo, sin ambages y con valentía, las ataduras
y silencios mediáticos que impuso la transición. Al respecto, el
movimiento republicano, desde la independencia y la diversidad que le
caracteriza, tiene una labor importante a desarrollar en adelante: CONSTRUIR
LA REPUBLICA. Labor ingente, sin duda, pero a todas luces gratificante.
Construir la República significa intensificar nuestra denuncia de la
monarquía impuesta por el franquismo y de la constitución de 1978 que la
sustenta, dado que, por simple razón democrática, es toda una contradicción
con la República que demandamos y con la misma Democracia.
En este sentido, manifestamos nuestro rechazo a la vigente
constitución de 1978 porque otorga
al soberano y a la institución monárquica, privilegios tales que conculcan la Declaración
Universal de los Derechos Humanos de NN. UU. de 1948 y 1966 -suscrita
por España- y los más elementales ordenamientos jurídicos y democráticos en
todo lo referente a la igualdad y no discriminación ante la Ley; ya en el caso
de la sucesión a la Jefatura del Estado, ya al considerar a la monarquía
como “inviolable”, por encima de toda Ley; ya asignándola -vía
Presupuestos del Estado- una cantidad que distribuye libremente y sin
obligación de declarar IRPF ni patrimonio (art. 65); ya al declarar al rey no
responsable de sus actos), es decir, que no puede ser juzgado en caso de
delito (art. 56.3). Constitución que, a su vez, confiere a la monarquía
poderes anacrónicos y antidemocráticos como son el “hacer guardar” la
propia Constitución (art. 61); el de ejercer el “mando supremo”
de las Fuerzas Armadas (art. 62 h) y que, al tiempo, tienen la no menos
preocupante misión de “defender el ordenamiento constitucional” y de
“defender la integridad territorial de España ” (art. 8). Aspectos, éstos
que se utilizan como espantajo ante las demandas de un mayor autogobierno por
parte de las nacionalidades del Estado Español.
De ahí que ante la reforma constitucional que nos vienen anunciando, la
posición de los republicanos no puede ser otra que la de superar el actual régimen
monárquico, mediante la exigencia de la
convocatoria de un referéndum entre Monarquía y República que propicie la ruptura
democrática y el inicio de un proceso constituyente.
Construir la República es, asimismo, promover las iniciativas
necesarias que sirvan para reparar la injusticia del olvido de nuestro pasado. A
los treinta años de la muerte del dictador, la democracia española está en la
obligación de avanzar en la reconciliación que obligatoriamente conlleva
el agradecimiento, el reconocimiento oficial
y la reparación moral y
jurídica por los daños sufridos a
todos aquellos que, defendiendo la
legalidad republicana,
la democracia,
la
libertad
y el progreso en España, fueron por ello represaliados durante la guerra civil,
sufrieron el exilio, el expolio o padecieron la represión durante la larga
noche del franquismo.
Así, si la transición pactada, de la dictadura franquista al régimen
actual de libertades, no restituyó la legalidad y legitimidad de
la II República, si, al tiempo,“equiparó” la dictadura con la II
República y si en la práctica supuso una “Ley de punto final”
para los golpistas no resolviendo los derechos de las víctimas y afectados por
el golpe de estado, la guerra y la dictadura, ni tampoco a los de los
republicanos reprimidos por los nazis. Si aún hoy más de 35.000 asesinados se
encuentran enterrados en cunetas y campos; si todavía en pueblos y ciudades de
nuestro país las denominaciones de miles de calles y plazas hacen referencia
al pasado régimen franquista y a hechos de relevancia antidemocrática, es
por lo que los
republicanos, cuando por fin el Gobierno ha enviado al
Parlamento el tan esperado Proyecto de ley :”
por el que se reconocen y amplían derechos y establecen medidas a favor de
quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”
–título inadecuado, incorrecto,
injusto e insuficiente- hacemos un llamamiento para una amplia movilización
ciudadana, social y política para que en el trámite parlamentario se plateen
las modificaciones necesarias que permitan la aprobación de una Ley
de Memoria Histórica Integral que
recoja las propuestas que, a instancias de organizaciones políticas y sociales
republicanas, fueron presentadas recientemente:
“Los trece puntos mínimos” y
que se concretan en: la condena
del régimen franquista, en la nulidad de todos los procesamientos, sentencias, condenas y/o
sanciones…; en la imprescriptibilidad,
en el derecho a saber, el derecho
a la Justicia, el derecho a la reparación...,
a la obligación administrativa
a todos los niveles en las labores
de localización, identificación de las fosas o enterramientos de las víctimas
del franquismo, así como la retirada de menciones y de
toda la simbología franquista
en monumentos, calles, museos, libros de texto, etc.
No obstante, para la consecución democrática de la República,
no basta con la legítima recuperación de la memoria ni consiste ésta en un
mero cambio en la Jefatura del Estado, del Borbón por un presidente de la República,
sino mediante un proceso político y social que vaya cimentando la arquitectura
de la III República que propugnamos.
En este sentido, construir
hoy la República es contribuir a la lucha por la paz. El precedente
del artículo 6º de la Constitución Republicana de 1931: “España
renuncia a la guerra como instrumento de política nacional”, debe ser
para los republicanos una referencia de carácter imperativo. Nuestro compromiso
en la defensa de los Derechos Humanos, por la Justicia, por una cooperación
justa que favorezca el desarrollo sin agresiones ecológicas y
el bienestar económico y social, reivindicando un futuro en Paz,
Cooperación y Solidaridad con todos los países del mundo así como
la desvinculación de nuestro país de la OTAN y la supresión de las
base militares extranjeras, son los ejes que los republicanos demandamos en
cuanto a las relaciones internacionales.
Contribuir a la Paz, es, asimismo, mostrar nuestra satisfacción ante
el alto el fuego permanente determinado por ETA manifestando nuestro
apoyo a la apertura de las vías de diálogo oportunas para que esta oportunidad
no se malogre y reclamando, al tiempo, las medidas que posibiliten la adopción
de normas políticas y jurídicas que, como el acercamiento de presos y la
derogación de la Ley de Partidos, entre otras, posibiliten la superación
definitiva del estado de violencia que hemos padecido y que ha impedido
la expresión política de un amplio sector de la sociedad vasca.
En el marco del Estado Federal que
propugnamos, construir la República, significa reivindicar mayores cotas
de autogobierno de las comunidades y nacionalidades superando el actual
marco estatutario y las constantes tensiones que esta cuestión históricamente
ha producido. Siempre bajo el respeto al
principio de subsidiariedad
y desde el reconocimiento del derecho a la libre determinación
La Laicidad del Estado y de las instituciones es fundamental en la
construcción del Estado Republicano. De ahí que la separación de
las Iglesias y el Estado, la derogación de los acuerdos
con el Vaticano de 1976 y
1979, que la religión salga
fuera del currículo escolar común,
que ninguna simbología religiosa
tenga presencia institucional en los
centros escolares; y que con
dinero publico no se pague el adoctrinamiento religioso
ni se faciliten por la administración privilegios financieros, fiscales, económicos
y culturales para las Iglesias, son retos para
todos los republicanos que debemos combatir y una meta a superar con el
establecimiento de la III República.
Pero no habrá República
sin reconocimiento de los derechos sociales. La lucha por una
sociedad más justa, de pleno empleo, que erradique la precariedad
laboral, la discriminación y el racismo; que facilite el
acceso a la vivienda digna y, en especial, a los jóvenes; que proteja el
medio ambiente y combata la especulación inmobiliaria y financiera;
que mediante la protección social plena salvaguarde las pensiones;
que garantice una enseñanza laica, no discriminatoria, pública,
de calidad y gratuita a todos los niveles; que recupere, extienda y dignifique
la Cultura como derecho esencial que
es; y, en definitiva, que se preserven y mejoren los servicios públicos,
en vez de privatizarlos. Todos ellos, son retos
que el actual ordenamiento constitucional y las políticas neoconservadoras
propiciadas por todos los gobiernos desde la transición reformista han sido
incapaces de resolver y que, en suma, los republicanos no podemos eludir,
debiendo también tenerlos presentes en nuestra actividad y esfuerzos cotidianos
por la consecución de la III República.
Con
estas pautas de trabajo, con el propósito y convencimiento que el conjunto
del movimiento republicano nos hemos impuesto y por pura razón
democrática, estamos convencidos que la República llegará y será
una realidad más pronto que tarde. A todos los republicanos, sin duda, nos
espera un trabajo ingente, incluso difícil. La República no nos la regalarán,
habrá que conquistarla.
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¡Por
la convocatoria de un referéndum Monarquía-República!
¡Por
el inicio de un proceso constituyente!
¡Por
la Recuperación de la Memoria y de la Historia!
¡No
a la constitución monárquica !
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¡Viva
la III República!
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