|
Peter Viertel,
fue un verdadero amante del cine
Leopoldo Villarello Cervantes

Filmweb
30 de noviembre de 2007
En “Cazador blanco, corazón
negro” (White hunter, Black heart, 1990), la película de Clint Eastwood
acerca del rodaje de “La reina africana” (1951, dirigida por John Huston),
Jeff Fahey personifica a quien retocaba el guión durante la producción,
ahí llamado Pete Verrill. Este nombre disfraza el de Peter Viertel, autor
de la novela adaptada por Eastwood, cuyas experiencias aguantadas durante
el rodaje en tierras del continente negro plasmó en su libro.
Viertel no tiene su nombre en los créditos de “La reina africana”, aunque
se le ha mencionado como “el salvador” del filme, o “un ángel” en ese
infierno de egos y demonios. La adaptación de la novela de C. S. Forester
es de James Agee y John Huston, por la cual fueron nominados al Oscar en
1951. Pese a esa lección y al retrato crudo que haría del director Huston
en su libro, reincidiría en contribuir en otro guión para él, –de nuevo
sin aparecer en los créditos –, en “La burla del diablo” (Beat the devil,
1953), cinta aún de más culto que la anterior, tanto por lo sucedido
delante como detrás de las cámaras, donde Truman Capote, principalmente,
inventaba día tras día las escenas a filmar, Bogart repetía francachelas
con Huston, y entre los tres enloquecían a Robert Morley. Había entrado a
la órbita de Huston como guionista con “Rompiendo las cadenas” (We were
strangers, 1949), ubicada en Cuba, sobre un grupo de revolucionarios en
preparativos para un atentado al tirano dictador que regía la isla. Ahí
tienen importantes papeles los mexicanos Pedro Armendáriz, Gilbert Roland
y Ramón Novarro. Las implicaciones políticas del argumento se deben
principalmente a Viertel.
Publicó unas memorias en 1992 tituladas “Dangerous friends. At large with
Hemingway and Huston in the fifties” (Amigos peligrosos, a lo largo de los
cincuenta con Hemingway y Huston), donde narra varias de sus aventuras y
desencuentros con el realizador; y como el título denota, la amistad,
parrandas y vivencias con el escritor (una “influencia más física que
literaria”), con quien compartiría su amor por España, la adaptación y
filmación de “Fiesta / Y ahora brilla el sol” (The sun also rises, 1957,
de Henry King), en parte rodada en México; y la de “El viejo y el mar”
(1958, de John Sturges). En 1971 había aparecido la primera parte de esas
memorias, “Una bicicleta en la playa”, en las cuales volteaba hacia la
década de los treinta, a su juventud, al contacto con el cine a través de
los actores y celebridades con quienes departió, al ambiente previo a la
guerra, su etapa de estudiante, su afición por el surf –que mantendría
hasta edad avanzada-.
Peter Viertel había sido joven prodigio. Su primera novela (“The canyon”)
fue publicada cuando tenía dieciocho años. El guión con el cual incursionó
en el cine fue para Alfred Hitchcock, “Saboteador” (1942), esfuerzo en
tiempos de guerra con premisas hitchcockianas, hombre acusado
equivocadamente de un sabotaje y el famoso final en la Estatua de la
Libertad, con Robert Cummings dentro de la diadema estirando el brazo para
evitar caiga el villano.
Su siguiente guión fue un melodrama sobre dos hermanas, “Ida Lupina y Joan
Leslie” (The hard way, en 1943), dirigida por Vincent Sherman. En 1951
escribió el que consideraba fue su mejor guión: “Decisión antes del
amanecer” (Decision before dawn, de Anatole Litvak), espionaje en los días
finales de la 2da. Guerra mundial. Antes, en 1949, un cuento corto suyo
sirvió de base para “Sin contemplaciones”, (Roughshod, 1949, de Mark
Robson).
Su filmografía oficial de argumentista / guionista fue corta. Parte por
culpa del Macarthysmo y la cacería de brujas, si bien Viertel no fue
indiciado ni condenado, desde su juventud universitaria anduvo entre
quienes apoyaron a los republicanos españoles en la guerra civil y tenían
ideas socialistas, lo cual les marcaría en la posguerra y de por vida,
andanzas que con el tiempo darían la anécdota de que el personaje de
Robert Redford en “Nuestros años felices” (The way we were, 1973, de
Sydney Pollack) fue modelado en él.
En Europa sólo se ocuparía en dos producciones: “Les bijoutiers du clair
de lune /The night heaven fell” (1958), segunda reunión de Roger Vadim con
Brigitte Bardot, de tentación virginal en la España rural, y “Viaje hacia
la medianoche” (Le couteau dans la plaie, 1962, de Anatole Litvak). En
ambas para pulir los textos, darles retoques, revisar diálogos y
situaciones. Viertel era lo que se conoce como “doctor de guiones”, y como
tantos literatos, afirmaba aceptar encargos de guiones como vehículo para
poder continuar escribiendo sus novelas. En una entrevista, Viertel dijo
que él había hecho sólo dos películas buenas y cincuenta malas,
exactamente lo contrario a (su esposa) Deborah Kerr (y sólo nos queda
sospechar si asistió y metió mano en alguna película de ella). Contaba
también que en los años cincuenta, le había sugerido a John Huston “El
hombre que sería Rey”, y empezó a escribir el guión –el que se supone
protagonizarían Humphrey Bogart y Clark Gable-, idea que se estancó (Huston
la filmaría en 1975 y sería una de sus obras mayúsculas), pero bastaría
para ponerle veladoras ante su retrato.

Había nacido en Alemania el 16 de noviembre de 1920. Emigró a los Estados
Unidos con sus padres. Formó parte de esa estirpe de europeos trasterrados
debido al nazismo. El salón de reuniones en Hollywood de su madre, Salka
Viertel, le funcionó como una especie de aula cultural donde se reunían
personalidades como Bertold Brecht, Thomas Mann, Hans Eisler, Aldous
Huxley; literatos y personalidades del cine. Ella misma escribió varias
películas para Greta Garbo (“La Reina Cristina” y “Anna Karenina”, entre
otras), y eran tan íntimas que se divulgó hubo una relación más cercana de
las dos.
Tras su etapa californiana y surfista, impulsado por Hemingway, quien le
“forzó intelectualmente a irse a Europa”, vendría la “auténtica locura”
que fue convertirse en un verdadero novelista. Entonces su esposa era
Virginia Ray. En 1960 se casaría con Deborah Kerr, con quien al iniciar el
1970 iría a residir a Marbella, congregando sus pasiones: ella, España y
el surf. Ahí permanecerían hasta la muerte, que les dio pasaje con pocos
días de distancia. Deborah Kerr murió el 16 de octubre del 2007, Viertel
el 4 de noviembre, a punto de cumplir 87 años.
Página
de inicio
|