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Isaías
Lafuente. Homenaje
a Clara Campoamor
Marta Iglesias
Revista Fusión Marzo 2007
El redactor jefe de la Cadena Ser no está dispuesto a olvidar la historia, ni a las personas que nos han llevado a ser como somos. En el baúl de los recuerdos vivía hasta hace pocos años Clara Campoamor, quien logró en la Segunda República el voto para las mujeres. A su figura dedica Lafuente su nuevo libro, 'La mujer olvidada' (Editorial Temas de Hoy), una lucha por la igualdad en la que sobresalen la dignidad, la valentía y el sacrificio de esta mujer. / Texto: Marta Iglesias
Homenaje a Clara Campoamor
Hace un par de números una compañera dedicaba su sección a Clara Campoamor e Isaías Lafuente, "por ser uno de esos hombres, que los hay, que apoyan a la mujer". Retomando su testigo comencé ojeando su anterior libro, "Agrupémonos todas", una espléndida y completa revisión de todas las mujeres que han abierto puertas para todos en nuestro país. La introducción comienza con la falta de Clara Campoamor en una enciclopedia, y la imaginación me llevó a pensar que quizás ésa fuera la razón que impulsó a Isaías Lafuente a dedicarle su próxima obra... "Las mujeres, que sois muy intuitivas, siempre tenéis la razón. Efectivamente este libro es heredero del anterior. Porque cuando fui a buscar datos de una mujer tan importante como Clara Campoamor a una buena enciclopedia que tengo en casa y vi que no figuraba, realmente pensé que algo grave estaba pasando. Una mujer como ella no podía estar sometida a esa ignorancia sobre su persona y en ese momento ya tuve ganas de empezar a escribir un libro sobre su figura".
-¿Qué
significado tiene para usted la dignidad de la que habla en el prólogo, en un
mundo donde los valores parecen trasnochados?
-Para mí la
dignidad es primero tener principios y en segundo lugar defenderlos por encima
de todos. Cuando Clara Campoamor defiende el voto ante aquellas Cortes
Republicanas, lo que se maneja allí es el criterio de oportunidad: 'no vamos a
conceder a la mujer todavía el voto porque no está preparada, porque todavía
no es una ciudadana culta, porque está sometida al marido y a los curas'.
Frente a eso ella defendió el principio democrático: 'no podemos construir una
república democrática sólo con la mitad de la población', que es lo que se
pretendía hacer entonces. Y eso lo defendió hasta el final, sabiendo que se
estaba jugando su carrera política, que para ella era muy importante.
-¿Por
qué la historia y también nosotras hemos olvidado a Clara y a otras mujeres
como ella, que lucharon por la igualdad?
-Hay un cúmulo de
factores que contribuyen a ello. Para empezar, que cuando Clara Campoamor se
marchó de España ya se fue huérfana de todo partido político. Así, cuando
llegó la transición democrática no hubo ningún partido que la considerase
miembro de sus filas para reivindicar su nombre como parte de la historia. En
segundo lugar -que a mí me parece lo más importante- porque es una mujer.
Clara Campoamor no sólo consiguió el voto para las mujeres españolas sino que
con ello logró el sufragio universal, consiguiendo que España por primera vez
en toda su historia sea una democracia plena. Si ella no está en aquel debate,
estoy convencido de que no se concede el voto a las mujeres, con lo cual la República
nunca hubiera llegado a ser una democracia plena. Si eso lo hubiera hecho un
hombre, hoy tendría un monumento de cuatro metros enfrente del Congreso de los
Diputados, y sin embargo Clara Campoamor ha sido olvidada, entre otras cosas,
sin duda por ser mujer.
La lucha inconclusa
-¿Están
las mujeres de hoy prisioneras de las conquistas que han hecho otros y otras,
pero que no han incorporado a su vida?
-Hay territorios
en los que hay igualdad legal, pero no real. Las chicas ahora mismo llegan a la
universidad y estudian en igualdad de condiciones que sus compañeros, incluso
sacan mejores notas. Pero cuando se titulan y empiezan a trabajar se dan cuenta
de que cobran menos que sus compañeros o tienen una menor proyección laboral.
El principal riesgo que pueden tener en estos momentos las mujeres de las
generaciones actuales es que se acomoden, que se crean que está todo hecho y no
perciban que queda un largo trecho por recorrer para conseguir la igualdad
plena.
-¿Cree
que aún hoy las mujeres confían en que sean la sociedad y las leyes las que
les otorguen la igualdad, como afirma la maestra feminista Benita Asas en su
libro?
-Aquel discurso
que pronunció Benita Asas hace ochenta años, por desgracia todavía tiene una
parte de vigencia. Aún me encuentro con muchos hombres que cuando les dices que
es extraño que sólo haya un cuatro por ciento de mujeres en los consejos de
administración, te responden que se irá corrigiendo con el paso del tiempo.
No, eso responde a un cáncer que tenemos ahí metido y que debemos combatir de
manera drástica, pero a veces los hombres no nos sentimos afectados por los
problemas de las mujeres. A mí me pasa como autor. Cuando escribo un libro
sobre una mujer, aunque sea tan fascinante como Clara Campoamor, ya sé que para
empezar la mitad del mercado no me va a comprar ese libro porque a los hombres
no nos interesan las historias de las mujeres. Por otro lado a veces percibo que
en algunos sectores del feminismo, no se ve con buenos ojos que los hombres nos
acerquemos a la historia de las mujeres.
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"El principal riesgo de las mujeres actuales es que se acomoden, y no perciban que queda un largo trecho por recorrer para conseguir la igualdad plena" |
-¿Por
dónde hay que continuar hoy la lucha que inició Clara en pos de la igualdad?
¿Cuál es el compromiso que debe asumir la mujer ahora?
-Creo que habría
que lograr que esta igualdad legal se convierta en igualdad real, para corregir
las estadísticas que nos dicen que las mujeres en general todavía cobran menos
que los hombres o que el número de rectoras en las universidades es irrisorio.
Yo me imagino a Clara Campoamor en estos momentos luchando por la república y
en segundo lugar peleando para eliminar de la Constitución española los
preceptos que contienen una discriminación favorable al hombre respecto a la
mujer, como sucede con la sucesión de la infanta Leonor. Un debate que ahora no
se está produciendo porque se apoya en los criterios de oportunidad.
-La
vida de Clara está marcada por la soledad. ¿Es así como viven siempre los que
abren nuevos caminos para los demás, los que apuestan por nuevos conceptos?
-Pues sí, porque
casi siempre suelen ser luchas que se vislumbran en solitario y que al final se
tienen que combatir en soledad porque es muy difícil que toda la sociedad de
repente vea claro que un determinado avance se tiene que producir. Eso lo
aprecia solamente la gente de mirada más abierta, o que tienen que luchar
contra prejuicios que están muy instalados. Romper esas posiciones tan
instaladas en cada persona, en cada grupo social, en cada país, supone a menudo
enfrentarse a todos, con lo cual al final uno siempre se queda solo.
El hombre que apoya a la mujer
-Con
su libro reivindica un personaje femenino trascendente en nuestra historia, algo
que hasta ahora parecía corresponderle a las mujeres. ¿Tenemos la obligación
de rescatar juntos nuestro pasado?
-Sin duda. No sé
cómo habrá sido el resultado final de mi acercamiento a Clara Campoamor, pero
los defectos no dependen de que yo sea hombre, sino de mi sensibilidad, de si he
sabido captar determinadas cosas o expresarlas con las palabras más precisas.
Puede haber un fracaso como escritor pero desde luego no como persona.
-¿En
qué facetas de su vida se siente próximo a la lucha que ella realizó?
-No me acerco ni
al talón de Clara Campoamor, pero sí me parezco un poco en la forma de vivir
la vida, defendiendo los cuatro o cinco principios claros que tengo. En segundo
lugar me siento identificado con ella en el sentido común, como todo lo que
ella defendió en aquel memorable discurso.
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"Clara
Campoamor no sólo consiguió el voto para las mujeres españolas sino
que con ello logró el sufragio universal, consiguiendo que España
por primera vez en toda su historia |
-¿Es
usted de los que, cuando busca modelos en la vida, no diferencia entre hombres y
mujeres?
-Para nada. El
gran paso que nos queda todavía es intentar descubrir a cada hombre y a cada
mujer. A mí el sexo de las personas me importa poco, excepto en los casos en
los que forma parte sustancial de su historia. Por eso el hecho de que en una época
en la que la mujer era poco más que un cero a la izquierda, conseguir lo que
Clara Campoamor logró creo que le da más valor histórico a lo que ella hizo
en aquel momento. ∆
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75 años de una lucha olvidada Cada vez que una mujer deposita un voto en una urna, se convierte en heredera directa de la lucha que Clara Campoamor realizó contra viento y marea. De hecho, su destino como hija de modista y oficinista le reservaba otro futuro. Pero los ideales de Clara y su tenacidad le condujeron por otro camino, pese a que tuvo que dejar de estudiar a los trece años debido a la muerte de su padre. Así que mientras trabaja, retoma sus estudios y se convierte en abogada. Republicana convencida, tras la proclamación de la Segunda República consigue una plaza política desde la que defenderá el derecho al voto de la mujer, enfrentándose incluso a miembros de su propio partido. Lo logró en 1931, pero su satisfacción duró poco. El franquismo la obligó a exiliarse, muriendo en Lausana (Suiza) sin ver su derecho reconquistado por la democracia. Su lucha es un camino abierto del que todavía quedan pasos por recorrer, pero su espíritu acompaña a todos los que quieren ir un poco más allá de los tiempos que les ha tocado vivir, a los que desean reescribir su propia historia a través de la dignidad, el valor y el sacrificio. ∆ |