|
|
|
|
ARGENTINA
COMO TEMA FILOSÓFICO
Las banderas de la multitud
[Aparecida
en el diaría argentino Página 12, el 16 de agosto de 2003]
Descubierto
recientemente por las editoriales argentinas, hay tres libros del italiano
Paolo Virno en las librerías que proponen, en conjunto, una manera
de entender las relaciones entre acontecimiento político e historia.
POR
VERÓNICA GAGO
¿Cuáles
son los modos de historizar la experiencia? Podría decirse que
ésta es la pregunta del libro El recuerdo del presente. Ensayo
sobre el tiempo histórico (Paidós, 2003) del filósofo
italiano Paolo Virno. La intervención de Virno es precisa: se propone
dialogar, incluso, con el debate argentino sobre los modos de historizar
la experiencia abierta tras el 19 y 20 de diciembre de 2001 reclamando,
para ello, un lector (argentino) capaz de interesarse igualmente por la
Historia de la eternidad de Borges como por el
destino de los piqueteros.
La polémica disparada por las jornadas de diciembre enfrentó
dos bandos: de un lado, las sensibilidades que enfatizaron las continuidades
por sobre las rupturas, y se aferraron a los modos establecidos del adormecido
pensar crítico local (historicistas) vs. aquellos que festejaron
la novedad de los sucesos argentinos, y hallando inspiración en
una lectura algo rápida de los textos de la filosofía contemporánea,
particularmente francesa e italiana (acontecimentalistas).
Más allá de los tonos caricaturales que adquirió
por momentos, la polémica tuvo el inesperado valor de tornar visible
una problemática común: la busca de aquellas claves que
constituyen la densidad del presente.
El tono filosófico de Paolo Virno recientemente descubierto
por las editoriales argentinas, sin embargo, resulta incompatible
con este esquematismo, y obliga a considerar con más serenidad
un pensar tramado en una biografía militante que gira
alrededor de la naturaleza del tiempo histórico y las posibilidades
actuales de la experiencia política.
Lector atento de Bergson y de Benjamin, Virno encuentra que la inteligibilidad
del presente requiere de una interrogación profunda del pasado,
cuyo liderazgo (sobre el presente y el futuro) lo convierte
en fuente privilegiada del pensar. En efecto, el pasado, en su imagen
espacializada, es el tiempo tal como queda atrás:
lo ya ocurrido. El tiempo cronológico que registra
a partir del calendario. Este pasado es de una linealidad
incontestable: la de la sucesión de los actos realizados. Pero
detrás de nosotros, dice Virno, hay otro pasado que, sin embargo,
no ocurrió jamás: se trata del pasado como potencia (indeterminada
y contingente) que, a diferencia de lo que suponen los aristotélicos,
no se realizará en acto.
Dos pasados, dos presentes: la duplicidad preocupa cuando tiene como efecto
el olvido de la diferencia entre potencia y acto, desencuentro éste
que, en su aparente disfuncionalidad, sin embargo, es el mecanismo encargado
de producir historicidad. Lo que preocupa, entonces, no es la duplicidad
en sí misma sino el olvido de esta brecha por efecto del sentimiento
del fin de la historia, experiencia posmoderna que Virno asocia
con la imagen de un déjà vu público en el que todo
parece repetirse como parte de un guión fijado de antemano, y donde
la práctica humana queda reducida a pura reiteración.
La potencia (dynamis) es, para Virno, plural, se trata de potencias: la
memoria (poder-recordar), pero también la facultad de lenguaje
(poder-decir), la fuerza de trabajo (poder-hacer), el intelecto y la disposición
indiferenciada al placer. Todas facultades genéricas, infraccionables
y no pasibles de realización. Por esto mismo, la potencia no está
ubicada en el tiempo: no es un acto latente o una acción hipotética;
la potencia, dice Virno, es un pasado no cronológico.
Si el acto no realiza la potencia, la actualiza, la hace presente.
La lengua como facultad o potencia se hace presente en el
acto de habla, pero sin realizarse. La brecha permanente o el desfasaje
constituye de este modo una diferencia entre la realización específica
y la facultad que la hace posible fundando la historicidad de la experiencia.
Así, la tesis se despliega: en el posfordismo se pone de
relieve la misma historicidad de la experiencia. ¿Por qué?
Porque sostiene Virno en nuestra época lo propio de
la práctica histórica (coexistencia y discrepancia entre
potencia y acto) deviene dispositivo público: Hoy no hay
tarea que no requiera, para su propia realización puntual, la exhibición
de aquellas aptitudes psicofísicas genéricas inherentes
a la capacidad de producir que siempre exceden la tarea misma. No hay
hoy discurso pertinente y eficaz que, además de comunicar algo,
no deba ostentar aquel poder-decir (la lengua) que excede siempre el contenido
ocasional de la comunicación.
La especificidad del capitalismo es la de ser la primera forma de organización
social que se basa en comprar una facultad indeterminada,
una potencia: la fuerza de trabajo. Potencia que no se compra materializada
en un producto sino en lo que funciona como su sustrato: el cuerpo viviente
del trabajador. La paradoja vuelve a enunciarse así: en el capitalismo,
las condiciones de posibilidad de la historia devienen un recurso productivo
(significado exacto que Virno da a la noción de biopolítica).
Es sobre esta trama que puede entenderse el enhebrado minucioso de los
artículos de Virno compilados en otro libro de reciente aparición:
Virtuosismo y revolución. La acción política en la
era del desencanto (Traficantes de Sueños, 2003), donde se vuelve
una y otra vez sobre las características del posfordismo mucho
mas allá del discurso de la economía política, y
su caracterización de los métodos de organización
científica del trabajo. Posfordismo como el nombre de una
constelación sentimental del presente que hunde sus raíces
en la destrucción de la esfera laboral como ámbito privilegiado
de socialización y de elaboración de identidades políticas.
Aquí es preciso aclarar que cuando Virno habla de superación
de la sociedad del trabajo, no supone un impacto tecnológico
universal ni, menos aún, un simple fin o emancipación
del trabajo. Éstas han sido, en parte, las sospechas más
frecuentes con que se han minimizado entre nosotros algunas de las tesis
más generales de la así llamada autonomía italiana,
y muy particularmente la compleja categoría de multitud
(Gramática de la multitud, Colihue, 2003), empleada por el italiano
en el contexto del debate contemporáneo para señalar el
abandono (éxodo, según sus palabras) de las
modalidades y organizaciones tradicionales de la acción pública.
Virno, a través de categorías como las de ambivalencia
del desencanto, destierra cualquier optimismo fácil (no sería
comprensible, de otra manera, su teorización sobre el fascismo
posmoderno incorporada en este volumen), a la vez que historiza
las condiciones en que estas formas políticas, sociales, vitales
de nuestro presente se han constituido.
Política
de la inteligencia colectiva
[Aparecida
en el Babelia, el día 13 de septiembre de 2003.]
Todo el mundo
lo sabe: las democracias parlamentarias viven desde hace ya tiempo instaladas
en una crisis de representatividad. Unos lo achacan a las corruptelas
políticas, que deslegitiman aquí y allá las formas
efectivas de la democracia. Otros opinan que son los mismos ciudadanos
los que no están a la altura del envite democrático, embobados
ante el televisor y los escaparates de los centros comerciales. Y todos
parecen pensar que con un poco de esfuerzo y educación cívica
(y quizá con un buen enemigo "totalitario" frente al
que hacer piña), se puede colmar la brecha entre gobernantes y
gobernados.
Paolo Virno no quiere suturar de ningún modo esa herida, cuya explicación
por lo demás encuentra en causas bien distintas, sino fundar otro
cuerpo político, radicalmente democrático. Este filósofo
y militante napolitano, hijo de la herejía operaista y de una generación
"invisible" (como a otros muchos, un disparate judicial le llevó
a prisión, desde 1979 hasta 1987), parte más bien de la
irrepresentabilidad de la fuerza de trabajo posfordista como "eje
constitucional" para imaginar "instancias inéditas de
transformación de lo existente". Las componentes más
audaces y radicales (que van a la raíz, quiero decir) de los movimientos
globales que sacuden la estructura del mundo desde Seattle hasta el 15
de febrero deletrean un léxico intelectual y político que
Virno ha contribuido como pocos otros más a forjar: éxodo,
multitud, desobediencia, etc.
Esta época, dice Virno, no sólo ha puesto a trabajar nuestra
fuerza física, como hizo el fordismo, sino también (y sobre
todo, en cierto sentido) nuestras cualidades comunicativas e informativas,
nuestros saberes, nuestra disposición al aprendizaje y nuestra
misma facultad de lenguaje. En el trabajo se explota una "intelectualidad
de masas" que se produce fuera de los muros de la fábrica
y la oficina: en la escuela, navegando por la red, haciendo experiencia
de la ciudad, en la acción política, etc. Su "valor"
es literalmente "incalculable", "desmesurado" con
respecto al criterio de medición capitalista por excelencia: el
tiempo de trabajo. Por tanto, el salario basado en ese tiempo de trabajo
sólo es una caricatura de retribución y urge desvincular
en lo posible vida y trabajo por medio de reivindicaciones como la "renta
de ciudadanía" o instituciones como la "empresa política
autónoma".
La "intelectualidad de masas" se expresa como "multitud
que desordena las bases mismas de la representación política":
rechaza toda figura de unidad coercitiva (fábrica, Estado-nación),
confunde los ámbitos de la vida que cierta tradición filosófica
ha distinguido (acción, trabajo, pensamiento), agujerea la identidad
trabajo/democracia/Estado del Welfare, etc. La multitud es ambivalente:
si bien es proclive al cinismo, al oportunismo y al miedo, según
describe Virno en un texto genial sobre las "tonalidades emotivas
del posfordismo", nunca se organiza políticamente en partidos
para tomar el poder del Estado por medio de una guerra civil entre bandos
homogéneos. Más bien práctica el éxodo y crea
instituciones que permiten el despliegue de la "exuberancia de posibilidades"
que la habitan. Soviets de la multitud, "que traducen en praxis republicana,
es decir, en cuidado de los asuntos comunes, los mismos recursos de base
-saber, comunicación, relación con la "presencia del
otro"- que se ponen a la venta en la producción posfordista.
Emancipan a la cooperación virtuosa de los lazos actuales con el
trabajo asalariado, mostrando mediante acciones positivas cómo
una excede y contradice al otro".
Esto último es verdaderamente importante cuando los fanáticos
del petróleo y los fanáticos del Islam amenazan con destruirse
recíprocamente y llevarse el mundo por delante. La rebeldía
que escape a la lógica de guerra partirá indefectiblemente
de una riqueza latente, de un sentimiento de abundancia, de la alegría
de la fraternidad clamorosa y las oportunidades infinitas, de la jubilosa
apetencia de cambio. Nos rebelaremos "sólo si tenemos algo
que perder más que las propias cadenas (una forma de vivir, de
comunicar, e incluso de producir)".
Amador Fernández-Savater
|
|
|
|