1.- La simbiosis entre capitalismo, militarismo y otros ismos.
Mientras el mundo entero se descompone, ejércitos de multinacionales - de coches, de armas, de medios de comunicación, de ADN´s, de informática...- siguen lanzando consignas de estabilidad, prosperidad y seguridad. Muchas veces nos hemos preguntado aquello de ¿estabilidad para quién?, y otras tantas veces hemos dado las respuestas. Pero la realidad sigue destrozando un montón de vidas humanas, de ilusiones, de experiencias sometidas al imperio del dinero. La socialización del miedo ha conseguido paralizar cualquier anhelo de transformación de este mundo inhumano, a la vez que se ha convertido en un valor al alza: el miedo cotiza en bolsa. Aquí, en Tokio, Nueva York y Londres, el miedo tiene los mismos componentes: el beneficio y la sumisión. Nuestros verdugos se presentan como nuestros salvadores. Nuestro miedo es su victoria. Nuestros enemigos impuestos, nuestra paranoia colectiva es la base de su existencia, es su negocio. La inversión de la realidad nos convence de las maravillas de este mundo virtual y señala a los más débiles, a quienes pueden alterar su orden, como el sindicato del crimen, de quienes nos protegen y de quienes nos gusta que nos protejan. Acabamos adorando a quienes generan nuestra miseria. Su beneficio nos reduce a cosas en un mundo de personas-cosas.
Aunque hayamos repetido hasta la saciedad que el sistema económico actual genera unas desigualdades sociales y que esas desigualdades son reguladas mediante mecanismos de control militares, paramilitares, policiales, etc. para evitar las explosiones de "desorden", creemos necesario remarcarlo y darle la importancia que se merece. Este es uno de los objetivos de este trabajo: vincular que las estructuras militares se adaptan a las necesidades de un determinado sistema económico-político, y que por las propias características de estos sistemas, los ejércitos son un baluarte fundamental del mantenimiento del estatus definido por el mismo. Se produce así la simbiosis entre ambas. Como bien señala la Plataforma Cívica por los Derechos Sociales de Madrid, en un documento sobre la OTAN, "la nueva OTAN se despliega en base a las necesidades de los procesos de la globalización capitalista, uno de los cuales es la Europa de Maastricht. Estos procesos generan una creciente desigualdad dentro de cada país y entre los diferentes países, y producen constantemente inestabilidad y conflictos".
Esta evidencia pierde peso en algunos análisis de parte del movimiento antimilitarista y de Investigadores por la Paz, que a veces hemos tenido la tendencia a hacerlo de forma que parezca que todo mal viene impuesto por lo que hemos dado en llamar militarismo, lo que generalmente analizamos desde una perspectiva segregacionista, separada de otro montón de realidades complejas. Un buen ejemplo nos viene dado de mano de Vicenç Fisas, que en su libro "El Poder Militar en España", hace una definición de militarismo que en numerosas ocasiones hemos asumido como propia: "Tendencia de los aparatos militares de las naciones (entendiéndolos como el conjunto de las Fuerzas Armadas, fuerzas paramilitares, inteligencia y agencias burocráticas), a asumir un sobrecontrol en la vida y en el comportamiento de los ciudadanos, ya sea a través de los llamados " objetivos militares" (preparación de la Guerra, compra de armamentos, fortalecimiento de la Industria Bélica, etc.) o por medio de los llamados "valores militares" ( jerarquización, centralismo, disciplina, conformidad, valor, etc.), instrumentos todos ellos aptos para conseguir un dominio sobre la cultura, la educación, los medios de comunicación, la religión, la política y la economía, mediante la utilización de las instituciones, no sólo militares sino sobre todo las civiles. El militarismo, pues, puede concebirse como una condición dinámica caracterizada por la progresiva expansión de la esfera militar sobre la civil".
A partir de aquí se crea un marco conceptual exclusivamente "antimilitarista" en el que se considera que todo mal viene dado por las estructuras militares y toda alternativa, por tanto, debe ser articulada desde el movimiento antimilitarista. Esta conclusión que a priori puede ser precipitada, aparece en un artículo de la revista "Viejo Topo" escrito por el Colectivo Utopía Contagiosa, en el que hablando de la posible respuesta de la sociedad al modelo de "defensa" militar al que se quiere llegar, señalan: "al difundir el movimiento pacifista, durante los próximos años, alternativas de defensa y campos de trabajo ajenos a lo militar, la sociedad va a tomar opciones que entrarán en contradicción con las propuestas, más o menos maquilladas de los militares". La "sociedad" lleva tiempo tomando opciones "antimilitaristas", en campos como las cárceles, los derechos sociales, la vivienda. Algunas experiencias sociales llevan tiempo trabajando por construir alternativas enmarcadas en lo que se ha definido como "defensa popular noviolenta", término que dicho sea de paso sólo es acuñado por el reducto antimilitarista.
El aislamiento en que muchas veces hemos venido trabajando los movimientos sociales transformadores nos ha llevado al error de analizar la globalidad social, política, económica y humana reduciéndola a los parámetros centrales de nuestro discurso, a nuestro microcosmos particular. Esto nos niega la posibilidad de percibir otras realidades que encajan perfectamente en nuestro esquema de proyección, y nos obliga a plantearlas dentro del mundo de los deseos y de las utopías, cuando son prácticas sociopolíticas con solera y en muchos aspectos con aportes mucho más positivos de los que se dan desde el antimilitarismo conocido en nuestro días.
No pretendemos generar un nuevo discurso, entre otras cosas porque nos parece bastante poco probable; tampoco queremos llevar la razón. Unícamente pretendemos aportar un análisis a cuestiones de la convivencia cotidiana de realidades que no se conocen, que no actúan en común, que no se aprenden mutuamente, por la simplificación de la política de bloques que nosotr@s mism@s nos imponemos. Con esto tampoco queremos decir que toda expresión tenga que estar localizada desde un único vértice. Creemos en la diversidad y en los contenidos propios de cada colectivo-realidad. La colaboración entre movimientos sociales debe ir más allá de un montón de siglas que aparecen juntas a la hora de convocar un acto concreto, a la hora de aparecer en un cartel. Tenemos que aprender a articular numerosos discursos que nos permitan tener una visión más global de lo que sucede a nuestro alrededor. Tener un desarrollo teórico enriquecido nos puede llevar a realizar una práctica política más imaginativa. La complejidad del mundo, de los seres humanos, es tal que reducir los análisis de las cosas a espectros ideológicos homogéneos y guetarizados es la simplificación más absurda que podemos hacer. Las consecuencias que vivimos no son sólo económicas, ni son sólo provocadas por la existencia de los ejércitos, ni por la de los medios de comunicación y ni siquiera, por la oveja Dolly.