Trasversales
Benjamín Lajo Cosido

Siempre mueren los mismos

Revista Trasversales número 16, otoño 2008

Textos del autor en Trasversales


Este es el título con el que designamos el compositor e intérprete Manolo Solvy y quien escribe al poema número 13 de nuestro trabajo músico-poético “Almas Peregrinas” en 1998. Ambos fuimos trabajadores de astilleros en Valencia. Con este tema, pretendimos rendir un sentido homenaje a nuestros compañeros muertos en la deflagración del buque Proof Spirit en Unión Naval de Levante el 7 de Julio de 1997. Fue una tragedia silenciada en su momento que a muchos nos acompañará mientras vivamos. Un amargo recuerdo que nunca se borrará de nuestros corazones.
Pero hoy, desgraciadamente, se suma otra tragedia más que también se ha cebado con mis antiguos compañeros de la que quiero hablarle,. Que se está produciendo en estos momentos y la sufren ellos, sus familias, sus amigos... Son la que padecen los afectados por la exposición al Amianto.
Hace unas semanas estaba en Massamagrell de visita familiar cuando me encontré en la calle con un jubilado de Unión Naval de Levante. Cuando hablamos, habiendo pasado también, por distintas razones, por sesiones de quimioterapia para combatir a un linfoma que tuve tiempo atrás y que, afortunadamente, superé, me percaté de inmediato que está atravesando por un trance parecido al que yo sufrí. La quimioterapia, como casi todos saben, nos cambia el aspecto. Nuestro organismo es alterado agresivamente para luchar contra el cáncer con sesiones muy duras y dolorosas. Con desvelos e incertidumbres físicas y psíquicas. Estuvimos conversando y le dije que pocos días atrás, en un informativo de Canal 9, emitieron una noticia que me dejó perplejo. Hacía referencia al proceso por el que atraviesan en la Asociación en Defensa de Afectados Víctimas del Amianto de Valencia y que llegó hasta los tribunales. En esta ocasión la Justicia sentenció en favor de los afectados por considerar que fueron expuestos los trabajadores a este venenoso material cuando las normativas ya prohibían su manipulación en el primer proceso. El fiscal solicita 48 años de cárcel al considerar que una empleada técnica de la empresa y tres jefes de seguridad son los responsables de la muerte de 20 trabajadores y 39 lesionados que fueron indemnizados hasta el momento. Aquellos que denunciaron y posteriormente demuestren que el fallecimiento o la lesión es por causa de la exposición al amianto serán también indemnizados. Dichos imputados ignoraron las condiciones que debían realizar para manipular el material (amianto) que se recogen en una Orden Ministerial de 1982, como la posterior orden de prohibición de 1984. Según el ministerio público “Incumplieron las obligaciones sabiendo que de esta manera perjudicaban gravemente la salud de los trabajadores, puesto que los acusados sabían que antes y después de esas fechas la empresa había utilizado amianto en la construcción y reparación de buques y que, por tanto, algunos de los trabajadores habían sufrido exposición directa e indirecta a ese contaminante”.
Los responsables de la empresa eran conscientes del peligro y, aun así, hicieron oídos sordos a la legislación haciendo trabajar a los operarios con el peligroso material sobrante almacenado. Este hecho ya se ha cobrado 20 muertes y arrastra a doscientos afectados que están siendo sometidos a un Protocolo de Seguimiento por la enfermedad en los últimos años.
Cuando solicité información a los compañeros que están luchando por defender sus derechos y exigir responsabilidades, no esperaba lo que pude leer en los informes del caso y en las referencias aparecidas en prensa. Perdido entre los nombres de las enfermedades relacionadas por la exposición al amianto como: Asbestosis, Enfermedad Pleural, Mesotelioma Maligno y Neoplasma Broncopulmonar, imaginé conmocionado a los afectados que han muerto por tal negligencia, en la penosa situación que dejan a sus familias. Que sufren la desgracia por ganarse el pan honradamente. En los miserables que dieron por bueno saltarse las normativas vigentes, y, vuelvo a repetir, conscientemente, tomaron la decisión de permitir que ocurriera la tragedia.
Hablar de indemnizaciones o de valorar una vida con dinero es cuando menos repugnante; pero es lo que les pertenece para no dejarles desamparados, además de que la Ley aplique una condena ejemplar a los culpables de tan lamentables hechos. Y más aberrante es tener que soportar y justificar lo que ha ocurrido siendo evidente, y pasar el trago al que están siendo sometidos los afectados cuando han de explicar ante los jueces su desgracia. Probablemente los responsables lo estarán pasando mal. Pero peor lo está pasando quien sufre su incompetencia demostrada y su premeditación. Los familiares, que se preguntan: ¿Por qué? Lo que ha sido de sus vidas y lo que ya nunca será. Las condenas son sólo tiempo. Los que han muerto, lo han perdido para siempre. Y los que vivirán lo harán con sus vidas destrozadas por su inaceptable decisión.
El Boletín Oficial del Estado del 10 de Noviembre de 2001 reconoce que el Real Decreto 1406/1989 “supuso una serie de limitaciones a la comercialización y al uso de determinadas sustancias y preparados peligrosos y fue dictado en base, a la Normativa de la Unión Europea, que regula esta materia, constituida por la Directiva de Consejo 76/769/CEE, de 27 de julio...” Según el Boletín Oficial del Estado, este Real Decreto sufrió varias modificaciones. La Directiva 1999/77/CE de 26 de julio, “por la que se adapta al progreso técnico por sexta vez el anexo I de la Directiva 76/769 CEE, establece que la exposición al amianto, al liberar sus fibras, está asociada con la Asbestosis, Mesotelioma y cáncer de pulmón. Con el fin de proteger la salud humana es necesario prohibir la utilización del amianto y los productos que los contengan...”.
Este Real Decreto implicó que se modificara de forma parcial el anexo del I Real Decreto 1406/1989 del 10 de Noviembre. Pero para mi sorpresa, se incluye en él una “prórroga de seis meses”. Entró en vigor seis meses después. El 7 de diciembre de 2001. El propio Boletín Oficial del Estado reconoce que: “...se adapta al progreso técnico por sexta vez...”. Lo que yo, ignorante de a pie, interpreto como una dilatación en las resoluciones pertinentes para ilegalizar el uso de amianto y los materiales relacionados con él. Interpreto que esta desidia institucional ha dado margen de acción a desaprensivos y a comerciantes sin escrúpulos. Que ahora se lo expliquen ellos a los afectados y a sus familias; al Estado, que se supone los debía proteger.
Varias entrevistas estremecedoras realizadas a los trabajadores afectados me han conmocionado por su contenido, hasta un punto, que durante días me ha sido imposible plasmar en la hoja en blanco su contenido. He seleccionado algunas de ellas para que el lector se haga una idea de la crudeza de esta terrible realidad.
“Yo en casa no cuento nada por no alarmar ni asustar a la familia, aprendes a llevarlo solo, aunque somos muchos. El día que me muera será cuando se enteren”. “Nosotros somos muertos vivos, el día que esto despierte y vaya para adelante, duras dos días”. “Recuerdo en los sitios cerrados, cuando se instalaba el amianto, se formaba una nube de polvo que había que respirarlo, más que respirarlo tragarlo, y así muchos años”. “A veces cuando entraba la luz del sol por algún hueco se veían miles de fibras flotando por el aire”. “Cuando el barco estaba en construcción encontrabas amianto por todas partes, y cuando venían a reparaciones era mucho peor, porque quitábamos el viejo y poníamos otra vez más smianto nuevo”. “Almorzábamos encima de los sacos de amianto, comíamos smianto”.
Las injusticias siempre se alían con los más desprotegidos. Vivimos en un mundo que nos viene grande en cuestiones tan simples como respirar. Un proceso peligroso de ejercer si, como en este caso, estás en el lugar y en el momento inadecuado. O si tienes cerca la desgracia y existen individuos que te la adjudican si con ello ganan algo.
Pero compañeros, nos estáis solos. Para mí y para muchos, tenéis nombre y rostro. He compartido con vosotros mis mejores años laborables, inolvidables, en los astilleros valencianos. Vuestras vidas son parte de mí vida, y vuestras muertes, también.




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