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LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS DE LA AMPLIACIÓN DE 15 A 25 Imprimir E-Mail
Escrito por José Bellver Soroa   
lunes, 30 de julio de 2007

Las consecuencias económicas de la última ampliación de la Unión Europea son notables tanto para los recién llegados, como para los socios más antiguos. Los primeros se enfrentan al doble desafío de tener que modernizar sus sistemas productivos y sus estructuras empresariales, además de tener que homologar sus regulaciones nacionales a las comunitarias. Para los segundos ésta es sin duda la más compleja de las ampliaciones realizadas hasta el momento, empezando por el destacado número de países entrantes, pero fundamentalmente debido al bajo nivel de renta per cápita de los últimos –existe una gran distancia en cuanto a capacidad económica entre nuevos y antiguos miembros de la UE– y el débil crecimiento europeo en los últimos tiempos. Sin embargo, un mercado más grande y más integrado impulsará el crecimiento económico tanto para los nuevos miembros como para los actuales Estados miembros. La actividad  empresarial en la Unión Europea ampliada también se beneficiará de las mejoras en el entorno reglamentario y legal en los nuevos Estados miembros a medida que adaptan su legislación a la de la Unión y aplican sus normas sobre protección de patentes y de diseños. La supresión de estos obstáculos no arancelarios al comercio entre miembros antiguos y nuevos aumentará la dimensión del mercado único en más de 75 millones de consumidores. De esta forma, se prevé que el mercado único ampliado proporcione a las empresas competitivas de la Unión Europea mayores oportunidades de negocio, cree más puestos de trabajo y se aumente la recaudación tributaria, que los Gobiernos podrán invertir en programas prioritarios.

La experiencia de Irlanda, Portugal, España y Grecia ha demostrado que para las economías débiles la adhesión puede suponer un impulso al crecimiento. La integración de los nuevos Estados miembros ya ha empezado, pero en este caso los términos financieros de la incorporación han sido menos generosos que los que beneficiaron anteriormente a otros candidatos. Los nuevos socios de 2004 tuvieron que ajustarse desde el primer momento a sus obligaciones al respecto, sin las exenciones que en su momento se aplicaron, durante cinco años, a Grecia, o de las que obsequiaron durante seis años a España y Portugal. A pesar de todo, con los acuerdos comerciales destinados a preparar el camino de la adhesión se suprimieron la mayor parte de restricciones, tales como aranceles y contingentes, en sus exportaciones a la Unión, pasando a ser esta su principal socio comercial con mucha diferencia respecto a los demás países. El comercio bilateral por lo tanto ha aumentado y la Unión Europea presentaba en 2002 un superávit de 18 000 millones de euros. Como veremos más adelante, los nuevos miembros se han beneficiado de una oleada de inversiones, como en  por parte de empresas de la Unión Europea en los sectores de automoción, distribución, banca, energía y telecomunicaciones. Por ejemplo, Volkswagen de Alemania ha adquirido el grupo Skoda en la República Checa; France Télécom es accionista del operador polaco TPSA; las cadenas de venta minorista basadas principalmente en Francia, Alemania, Reino Unido, Bélgica y Países Bajos han establecido supermercados en toda Europa Central y Oriental. Por esto último también se entiende el miedo que existe a las deslocalizaciones entre la población de la UE de los quince; veremos pues hasta que punto esto también puede ser un riesgo.

 

Punto de partida

 

Los sistemas de planificación centralizada de los que provenían los países que han pasado a formar parte de la UE desde mayo de 2004 surgieron históricamente como una alternativa al desarrollo económico capitalista. La mayoría de los países donde tomaron el poder los partidos comunistas tras la Segunda Guerra Mundial –con las excepciones de Checoslovaquia y la República Democrática Alemana– mostraban en aquellos años una situación económica de atraso, con estructuras económicas predominantemente agrarias. Por ello, los regímenes comunistas impulsaron fuertes estrategias orientadas a la industrialización, imitando esencialmente el modelo llevado a cabo en la Unión Soviética (URSS). Con este tipo de políticas, estos países modificaron de forma sustancial sus estructuras económicas y sociales; crecieron enormemente las industrias pesadas de bienes de equipo y los grandes conglomerados productivos. Por otro lado, al igual que ha ocurrido con todo proceso de industrialización, surgieron grandes procesos migratorios que aceleraron los procesos de urbanización en las ciudades. El crecimiento económico de aquella época en esos países fue intenso, sin embargo no llegó a superar la brecha que existía a nivel tecnológico y productivo entre los países del Este y las economías capitalistas desarrolladas; en algunos casos esta brecha tendió incluso a incrementarse en esos años de planificación burocrática.

 

En 1989,  la desintegración de los sistemas de planificación centralizada, bloque que lideraba la URSS, seguida, en 1991, de la desaparición de la Unión Soviética, puso de manifiesto el atraso tecnológico de los países procedentes de la órbita comunista, a pesar del considerable esfuerzo inversor que estos países hicieron durante varias décadas. Si este atraso se mantuviera, podría comprometer la actual dinámica de crecimiento económico y de convergencia con los países más desarrollados de la UE. Además del atraso tecnológico, los sistemas de planificación centralizada dejaron una estructura productiva desequilibrada y envejecida, bajos niveles de productividad, mercados domésticos deficientemente atendidos, tanto en cantidad como en calidad, y muy dependiente del mercado soviético.

 

En las décadas posteriores, el objetivo primordial de los gobiernos reformistas de dichos países ha sido el de lograr acercar sus economías al nivel productivo y social de los países capitalistas desarrollados. Para ello, estos países se han visto sometidos a severas reformas económicas las cuales en algunos casos incluso se han calificado muy ilustrativamente de terapias de choque. En la mayor parte de los casos, estas medidas encaminadas a desmantelar los ya mencionados sistemas de planificación central, se han traducido en rebajas en cuanto al nivel de vida de buena parte de la población en tanto y en cuanto el porcentaje de ésta por debajo del umbral de la pobreza se fue incrementando durante los años de transición. Además la intención por parte de estos países a integrarse en la Unión Económica y Monetaria llevará a nuevos esfuerzos cuyos efectos podrían acumularse a los anteriores.

 

En términos de ingresos por habitante, la situación es actualmente más complicada que en 1986 con las incorporaciones de España y Portugal a la por entonces Comunidad Económica Europea. Basta con recordar que según datos de Eurostat, en 2003 el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita, sobre la base de 100 en la UE de los quince, era de 76 en Chipre, 69 en Eslovenia y Malta, 62 en la República Checa, 53 en Hungría, 47 en Eslovenia, 41 en Polonia, 40 en Estonia, 39 en Lituania, 35 en Letonia, 27 en Rumanía y 26 en Bulgaria. En 1997, la propia Comisión Europea, concluía en el suplemento nº 5 del Boletín de la Unión Europea que como término medio, el PIB per cápita de los candidatos, incluyendo a Rumanía y Bulgaria, no superaba el 32% de la media comunitaria, la mitad de lo que presentaban España y Portugal en 1986. En los siguientes gráficos, con datos del 2005, podemos ver como entre los 8 países continentales que ingresaron en la UE en 2004 juntos, estos no llegan al PIB español, así como su PIB per cápita apenas supera la mitad del nuestro.

 

 

 

 

En cuanto a desempleo se refiere, en la etapa 1999-2001 las tasas correspondientes eran de un 18,1% de la población activa en Eslovaquia, un 15,7% en Polonia, un 14,1% en Lituania, un 13,7% en Letonia, un 12,4% en Estonia, un 8,4% en la República Checa, un 6,6% en Eslovenia, un 6,4% en Hungría, un 6,3% en Malta y un 4,9% en Chipre. Los salarios, finalmente, oscilaban entre un 30% -según el Banco Mundial- y un 40% -según Eurostat- de los salarios comunes en la UE de los quince.

 

Debemos también recordar algo de lo que no se suele hablar mucho, y sin embargo es un problema relevante en este análisis: este es “la extrema debilidad de las relaciones entre los propios candidatos a incorporarse a la Unión Europea” como bien señalaba el profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid, Carlos Taibo, antes de la ampliación. Según el mismo, “tras la crisis de 1989-1991 se verificó una gran reducción, tan exagerada como explicable, en el comercio entre esos países al tiempo que se acrecentaban los flujos de relación con la mitad occidental del continente”. Añade también, en su libro Crítica a la Unión Europea, que siendo comprensible el propósito de estos países de cancelar todas las imposiciones de la URSS, esa mutación en las relaciones comerciales “exhibió dimensiones excesivas y provocó el desaprovechamiento de eventuales ventajas comparativas: muchos de los productos  que no tenían acogida en la UE habrían podido encontrarla, en cambio, en la propia Europa central y oriental”.

 

Con el escenario que acabamos de describir, si analizamos el tiempo de convergencia real entre los nuevos miembros de la UE, adheridos en 2004, y los anteriores integrantes de la unión, registrando pautas similares a las de anteriores ampliaciones -lo cual sería un análisis optimista- la convergencia tomaría como mínimo tres decenios. Según la estimación realizada por The Economist (22 de noviembre de 2003), más pesimista, la convergencia real podría demorarse hasta 80 años en el caso de Rumanía, 63 en el de Bulgaria y 56 en el de los 8 nuevos miembros centroeuropeos.

 

 

Las empresas multinacionales y la Inversión Extranjera Directa en los países de la ampliación.

 

Después de un arduo proceso de negociaciones entre la Comisión Europea y los candidatos a la UE, un numeroso grupo de país de la Europa central y oriental (también conocidos como los PECO) se incorporaron formalmente a la UE en mayo de 2004. A pesar de ello, estos países estaban ya bastante integrados tanto en lo comercial como en lo financiero y en lo productivo en los mercados comunitarios. Esto se debe fundamentalmente a la actuación de las empresas multinacionales (EMN), las cuales permanecieron muy atentas durante la caída de los regímenes comunistas, o de planificación centralizada, y a las posteriores reformas económicas en esos países. Este era el momento perfecto para poder aplicar las estrategias corporativas, que anteriormente eran bloqueadas por estrictas regulaciones estatales, por parte de las EMN en los nuevos capitalismos emergentes, precariamente abastecidos y con altos potenciales de crecimiento, y cuyos nuevos gobiernos a su vez contaban con estas empresas para modernizar y dinamizar sus economías. Así pues, en esta confluencia de intereses, en los diferentes momentos del proceso de privatización, los gobiernos reformistas de estos países favorecieron la intervención de las EMN, convirtiéndolo en uno de los pilares centrales de las estrategias de transición hacia el mercado, y en muy poco tiempo se incrementaron notablemente las inversiones extranjeras directas (IED) dirigidas hacia los PECO. Los PECO han triplicado así su cuota del mercado europeo de las IED entrantes, reduciendo así la cuota de mercado de los antiguos miembros de la UE. Más del 80% de las IED en los PECO procede de la UE ampliada (UE-15 + PECO), lo cual implica la existencia de inversiones intraeuropeas de proximidad. La envergadura de la IED en los PECO se puede ver en el siguiente recuadro, extraído del artículo La inversión directa en la Europa Ampliada de Alain Henriot. Para el Responsable de la División de Análisis y Previsión del Centre d’Observation Economique, Chambre de Commerce et d’Industrie de Paris, “los PECO han adquirido un peso nada despreciable en los flujos de IED realizados en Europa, sin embargo, este aumento de su peso económico no se traduce en un desplazamiento de la UE-15 como países de acogida de las inversiones. Las perspectivas de IED en Europa indican que los PECO van a continuar recibiendo importantes cantidades y las empresas multinacionales podrían, además, privilegiar a partir de ahora las inversiones greenfield, teniendo en cuenta el avanzado estado de los procesos de privatización en numerosos países. Esto no debería significar, sin embargo, una relocalización masiva de actividades económicas, en particular industriales, del oeste hacia el este de Europa, en primer lugar, porque la tasa de IED es ya muy elevada en ciertos PECO y, en segundo lugar, porque la UE-15 mantiene un atractivo bastante grande en numerosos aspectos (tamaño de los mercados, cualificación de la mano de obra, etcétera)”.

 

 

 

 

Fuente: United Nations Conference on Trade and Development.

Por el contrario, Madeleine Andreff, profesora de la Université de Marne la Vallée, y Wladimir Andreff,  profesor de la Université de Paris 1 Panthéon Sorbonne y director del laboratorio de investigaciones del CNRS (CSIC francés) para las economías en transición, cuentan que “la IED saliente de los PECO es todavía un fenómeno incipiente, no representando una amenaza para las empresas de la UE que invierten en el extranjero. Sí han aparecido, sin embargo, las primeras inversiones cruzadas (entrantes y salientes) entre los PECO, e incluso entre algunos PECO y los países de la UE”.

 

Todo esto ha ocurrido además en un contexto global caracterizado por la caída de los flujos mundiales de inversión. Los países de la última ampliación han continuado absorbiendo un volumen muy significativo de capital extranjero, y este proceso se ha visto claramente alentado por su adhesión a la UE. Se trata pues de un grupo de países que sin duda han tenido éxito a la hora de atraer a las empresas multinacionales hacia sus mercados y donde el proceso de internacionalización ha adquirido ya un cariz similar al de las economías comunitarias. Por tanto es de esperar que sean también beneficiarios de dicha internacionalización. Así lo señalan los profesores Fernando Luengo y Gabriel Flores los cuales añaden que “la atracción de IED no sólo se ha realizado a través de la privatización de empresas de titularidad pública. Ésta ha sido sin duda la vía de penetración más importante en la primera oleada de reformas. Especialmente en los últimos años, cuando ya habían sido transferidos a la iniciativa privada buena parte de los establecimientos estatales más rentables y con más potencial de crecimiento, las inversiones de nueva planta han tomado su relevo hasta convertirse en el modo predominante de entrada de capital extranjero”.

 

La entrada de las EMN ha provocado por lo tanto cambios sustanciales en el escenario que antes hemos descrito en los países de la última ampliación de la UE. Es destacable el mayor protagonismo que han adquirido las actividades de mayor nivel tecnológico, como es el caso de la automoción y de la electrónica. Son precisamente estos últimos sectores los que han recibido una mayor proporción de las IED destinadas a la industria. Son también los sectores que aportan a estos países una mayor cantidad de divisas en concepto de exportaciones, lo cual resulta imprescindible a la hora de financiar el inevitable déficit comercial y por cuenta corriente. A pesar de todo, como bien señala Xavier Richet, según el cual todavía importantes reestructuraciones son necesarias en estas economías tanto en vistas al acervo comunitario como a la competencia con las industrias de la Europa occidental, “la historia se mantiene incompleta” en tanto y en cuanto debemos esperar a ver los factores y las consecuencias de dichas reestructuraciones.

 

En cuanto a España se refiere, se ha observado la apertura y posterior adhesión a la UE por parte de los PECO con cierta preocupación principalmente debido a las deslocalizaciones (o relocalizaciones) por un lado y a la inmigración por otro. En el caso de las deslocalizaciones la preocupación está justificada, pues buena parte de la IDE recibida en los países de la ampliación ha sido consecuencia del cierre de plantas y fábricas en España (y otros miembros de la UE  de los quince), sin embargo veremos que la inmigración no es una amenaza en el caso español ya que su modelo de crecimiento se ha basado en el crecimiento del factor trabajo más que en el aumento de productividad. Por otro lado, las empresas españolas tampoco han sabido aprovechar, al contrario de las alemanas o las austriacas, una oportunidad de negocio histórica, principalmente por los reducidos costes laborales de estas economías, que se abrió hace tiempo para las empresas comunitarias, y puede que ya sea demasiado tarde. El abandono por parte de las empresas españolas de estos mercados se comprueba de forma fehaciente cuando se analiza la procedencia de los elevados stocks de capital extranjero que poseen los  nuevos socios y candidatos de la UE. Así, como vemos en el siguiente gráfico, una proporción mayoritaria del stock de capital extranjero recibido por estos países corresponde a la UE. Sin embargo, podemos ver notables diferencias entre los antiguos miembros; Alemania es claramente en principal inversor en la zona, seguida de Holanda, Francia y Austria. Las inversiones directas españolas resultan, al contrario, totalmente insignificantes con una cuota de participación en el stock de capital extranjero acumulado por los PECO era sólo de un 0,5% en 2001.

 

 

 

 

En lo relativo a los principales destinos de nuestras empresas multinacionales dentro de este amplio mercado que constituye los PECO, destacan Polonia, Hungría y la República Checa (cuadro 2). Existen distintas razones para la elección de estos últimos. En primer lugar, estos países fueron los primeros en iniciar las transiciones a economías de mercado o capitalistas, además de ser los primeros en firmar los Acuerdos de Asociación que llevaron  a la práctica liberalización de todos los flujos de inversión extranjera directa. Por otro lado, el tamaño de estas economías así como su nivel medio de desarrollo y su estabilidad económica, también han jugado un importante papel. Además, muchas empresas han acudido a estos mercados por su proximidad geográfica a los principales mercados de consumo europeos, lo cual supone un ahorro de costes en lo que a distribución de productos se refiere. A pesar de todo, como ya hemos señalado, el nivel de inversión en estos países no es comparable al de la mayoría de nuestros socios de la UE.

 

 

Ante los datos que hemos analizado hasta ahora y teniendo en cuenta que España ha sido claramente incapaz de aprovechar las oportunidades que se le han brindado al abrirse estos nuevos mercados, los nuevos países de la UE procedentes de Europa central y oriental podrían ser una potencial amenaza para la economía española; veamos pues si esto es cierto, y si lo es, en que medida.

 

 

La economía española en la nueva Europa

 

                A primera vista puede parecer exagerado preocuparse por la potencial amenaza de los países de la ampliación, incluso por la situación de la economía española. Los países de la ampliación, aunque poblados y grandes en su extensión geográfica, tienen un PIB per cápita entre los ocho del continente que apenas supera el español, como ya hemos señalado. Esto además en un contexto en el que la economía española parece marchar muy bien. Por tanto, la amenaza no parece tal en términos agregados; pero esto no es así cuando la miramos en términos no agregados. Así pues si observamos en primer lugar lo que producen estos países, como podemos ver en el siguiente gráfico, entre los años 1995 y 2001, han reducido la producción de intensidad tecnológica baja (ej: agricultura) y media-baja (ej: siderurgia) igualando los niveles de la economía española, mientras que por otro lado su producción de intensidad tecnológica media-alta (ej: automoción) y alta (ej: industria farmacéutica) se ha visto incrementada hasta el punto en que ésta iguala a la española en cuanto a la media-alta se refiere e incluso llega a superarla en el caso de la producción de intensidad tecnológica alta. Por lo tanto la estructura de la producción industrial de los nuevos miembros del Este es prácticamente igual a la nuestra, y su tendencia es la de mejorarla en el sentido en que evoluciona hacia sectores de mayor demanda como son los de intensidad tecnológica media-alta y alta, mientras que nuestra economía avanza mucho más lentamente sólo pasando de la baja a la media-baja.

 

Si observamos ahora las exportaciones de los PECO en comparación con las de la media de la UE y las de España, en el siguiente gráfico vemos de nuevo como la tendencia hacia la exportación de un mayor número de productos de demanda media-alta/alta en detrimento de los de demanda baja/media-baja, superando además a la economía española. Esto se explica primordialmente por la existencia un gran número de multinacionales que utiliza estos países como plataforma de producción/exportación.

 

Finalmente, hemos analizado ya anteriormente los stocks de IDE de las nuevas economías de la UE los cuales son parecidos o superiores al de España, así que simplemente señalaremos aquí los  principales sectores receptores de IDE en ambos casos, lo cual es bastante ilustrativo de la situación:

 

En España:

 

          Material de transporte

          Químico

 

En los PECO:

 

          Material de transporte

          Material electrónico

          Equipos informáticos

 

 

Veamos ahora el porqué de esta situación. Para ello es imprescindible ver en primer lugar cual es el modelo de crecimiento español.

 

Como podemos observar en este último gráfico en el que se compara la evolución de la tasa de empleo con la de la productividad en España desde 1971 hasta el año 2005, la tendencia de los últimos años ha sido la de un crecimiento del empleo a la par que una disminución de la productividad.

 

Desde el pionero trabajo de Robert Solow en 1957, la teoría y los estudios empíricos sugieren que el crecimiento económico en el largo plazo está asociado a dos tipos de factores: el aumento de los factores productivos (capital o trabajo), y los incrementos en la eficiencia o en la productividad con que se utilizan los factores productivos (mediante innovaciones técnicas y mejoras en los procedimientos). El caso de España ha sido claramente el primero mediante el aumento del factor trabajo con el incremento de la población de los últimos años que se ha dado debido a la inmigración. Sin embargo, la productividad de nuestra economía ha disminuido drásticamente como hemos visto en el gráfico anterior, pero la pregunta que nos podemos hacer es: ¿en qué se basa concretamente esta disminución de la productividad de la economía española?

 

                Existen fundamentalmente tres determinantes del crecimiento de la  productividad a largo plazo, estos son: el capital tecnológico, el capital humano y el capital físico. En los siguientes gráficos veremos la situación de la economía española en comparación con el resto de la UE. Especialmente en los casos del capital tecnológico, en términos de gasto porcentual en I+D del PIB, y del capital humano, tanto en porcentaje del PIB en gastos de educación como en términos de calificaciones medias en la enseñanza intermedia, destaca la situación precaria de España no sólo en comparación con nuestros antiguos socios y otras economías desarrolladas, como vemos en el cuadro del informe de la OCDE, sino también con respecto a los nuevos miembros de la UE tras la ampliación del año 2004, lo cual resulta más preocupante.

 

               

 

 

 

 

 

 

 

1º) El capital tecnológico

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2º) El capital humano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

               

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3º) El capital físico

 

 

 

 

 

Conclusión

 

El problema fundamental por lo tanto reside en el modelo de crecimiento de la economía española, el cual se ha basado en un aumento de la actividad a través de un aumento de los factores y más concretamente del empleo, es decir del factor humano. Sin embargo no se ha dado un verdadero aumento de la productividad, a diferencia de lo que ha ocurrido en las nuevas economías de la UE. Y es evidente que la vía de crecimiento utilizada por nuestra economía tiene, principalmente, limitaciones demográficas, al contrario que la de la productividad; por lo tanto la situación actual no es sostenible. A pesar de esto, la productividad de la economía española se ha alejado en los últimos años de la media europea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conclusiones finales

 

           

La ampliación de la Unión Europea de 15 a 25 países es indudablemente un acontecimiento que va a marcar la historia de la Unión, pero el sentido en que lo pueda hacer es todavía hoy algo bastante impredecible. En primer lugar, en lo que a la UE se refiere, esta ampliación se ha dado en un marco de cierta inestablididad, determinado por varias circunstancias que obligan a calificar la situación de delicada. De entre éstas resalta para empezar la paralización del Tratado por el cual se establece una Constitución Europea. Además, esta ampliación ha tenido lugar prácticamente de forma simultánea con la implantación del Euro y los consecuentes problemas surgidos de la reducción de las posibilidades de planificación económica por parte de los Estados miembros de la Unión Monetaria. Por otro lado, otro determinante es la incertidumbre que rodea a las transiciones de los sistemas de planificación centralizada a economías capitalistas, que podemos calificar cuanto menos  de conflictivas. En términos generales, la situación macroeconómica de los PECO, incluyendo también aquí a Bulgaria, Rumanía y Turquía, es todavía frágil y algunos de sus mercados tienen todavía un funcionamiento deficiente, además de la debilidad institucional que reflejan todavía dichos países. A pesar de ello, las perspectivas de crecimiento en los próximos años han crecido en algunos países de la región y se observan signos alentadores como la recuperación de la inversión productiva, esencialmente motivada por el incremento de los stocks de IDE, siendo precisamente estos países las potenciales amenazas a medio y largo plazo para la economía española. Sin embargo, volviendo al análisis en términos generales, los PECO están aún lejos de garantizar un crecimiento sostenido necesario para alcanzar la situación económica media de la Unión.

 

No es de extrañar por tanto que surgieran en su momento muchas reticencias hacia esta ampliación, al igual que las hay frente a la ampliación del 2007 y posibles futuras adhesiones, como la de Turquía. La deslocalización empresarial o el riesgo de flujos migratorios masivos en dirección este-oeste forman parte de las mayores preocupaciones de la población europea ante la ampliación de la UE. Otras voces identifican un grave riesgo de desnaturalización del proyecto europeo. También se suele señalar el problema que puede suponer el ámbito civilizatorio del que proceden unos y otros. Las reticencias además no sólo proceden de los antiguos miembros, sino también de los nuevos, los cuales ven en su adhesión una nueva pérdida de soberanía cuando hace muy poco que la habían perdido al estar bajo la tutela de la Unión Soviética.

 

Es posible que muchas de estas opiniones no hayan sido tomadas demasiado en cuenta, y es difícil saber cual es la opinión mayoritaria, pero el hecho es que diez nuevos países se han incorporado ya la Unión Europea en el año 2004 y que otros dos lo harán en 2007 y ello supone un gran reto tanto los antiguos como los nuevos miembros; pero en cualquier caso no se evitará la existencia de una Europa de dos velocidades sin  la solidaridad, y las consecuentes ayudas económicas por parte de los antiguos miembros de la UE –probablemente mayores que las actuales–.

 

 

 

 

 

 

Bibliografía:

 

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  11. TURRIÓN SÁNCHEZ, J. Y VELÁZQUEZ ANGONA, F.J. Presencia empresarial de España en los países de la ampliación: ¿una oportunidad perdida?
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