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¿ESTAREMOS ANTE EL FIN DE LA ERA DEL PETRÓLEO? Imprimir E-Mail
Escrito por José Bellver Soroa   
domingo, 15 de julio de 2007

    En el último mes de abril de 2006 hemos podido ver como el precio del petróleo llegaba a batir cifras históricas, por encima incluso de los 75 dólares por barril de crudo. No se trata de un fenómeno nuevo; lleva ocurriendo los dos últimos años, y los precios han superado hace mucho los que se llegaron a alcanzar en la famosa crisis del petróleo. Este es el motivo por el cual ha saltado la alarma a nivel internacional; aunque sin embargo, parece que de momento seguimos lejos de atravesar una crisis de la envergadura de la del 73, y ello, según el Fondo Monetario Internacional, se explica básicamente por la integración que existe hoy en día en los mercados financieros internacionales. A pesar de todo, poco a poco los mercados nacionales se resienten, especialmente en los precios de los carburantes, derivados del crudo, y consecuentemente en los precios de los bienes y servicios.

No es la primera vez que oímos hablar tanto de petróleo en los medios de comunicación en los últimos tiempos. El oro negro no deja de estar presente; recordemos la catástrofe del Prestige hace tres años en Galicia, o la fuerte relación que casi unánimemente resaltaban los ciudadanos entre el crudo y la Guerra de Irak. Efectivamente, muchas de las guerras del último siglo y del principio de éste están directa o indirectamente en relación con la escasez de los recursos, especialmente de los recursos finitos o más limitados como son los combustibles fósiles. Esto hace que hoy esté en boca de muchos la necesidad de cambiar nuestro modelo energético, ya no sólo porque se es cada vez más consciente de la escasez de recursos ante el incremento de la demanda mundial, sino ya simplemente por cuestiones de supervivencia a medio o largo plazo de nuestro ecosistema, y a corto plazo incluso de nuestra propia salud y la de nuestros hijos. El mismo presidente de los Estados Unidos, George Bush, hacía el 1 de Febrero de 2006, en el discurso del Estado de la unión, unas sorprendentes declaraciones reconociendo la “petroadicción” de EEUU, y destacando la implacable necesidad de investigación en hidrógeno y en energías renovables como el bioetanol para el futuro del país.


 

 

 

 

En el año 2003 el consumo mundial de energía llegó a superar los 10.500 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtep), los cuales procedían de las siguientes fuentes energéticas: 3.600 Mtep de petróleo, 2.400 Mtep de carbón,  2.300 Mtep de gas natural, 610 Mtep de nuclear, 590 Mtep de hidroeléctrica y cerca de 950 Mtep de biomasa, en su mayoría leña, y cantidades aún pequeñas de geotermia, solar y eólica. La importancia del petróleo es por tanto innegable al representar este un tercio del consumo energético mundial además de ser el sustento de una gran parte de la industria moderna,  ya que vivimos en sociedades conformadas de derivados del petróleo como textiles, medicamentos, plásticos, etc. El petróleo supone además entre un 9% y un 18% del comercio mundial. Esto hace que sea considerado, entre todas las materias primas comerciales, como un material estratégico; algo tan vital para el bienestar de la economía de un país, que para muchos hace que el uso de la fuerza para asegurar su disponibilidad esté plenamente legitimado. Para Estados Unidos el uso de la fuerza militar en defensa de los yacimientos petrolíferos, especialmente de Oriente Próximo, que según se estima poseen el 65% de las reservas mundiales de petróleo, lleva siendo política oficial del país desde la famosa Doctrina Carter resultante de las declaraciones del presidente americano el 23 de enero de 1980 en las que decía: “Todo intento externo de control de la región del golfo Pérsico será considerado un ataque contra los intereses vitales de Estados Unidos, y ese ataque será respondido con todos los medios necesarios, incluida la fuerza militar”. Cuatro décadas antes, durante la Segunda Guerra Mundial, conseguir petróleo extranjero resultó ser además un factor muy significativo.

 

 

Hace cincuenta años el mundo consumía 4.000 millones de barriles de petróleo por año y la tasa media de descubrimientos (el porcentaje de nuevos campos petrolíferos no descubiertos antes) era de 30.000 millones de barriles al año. Sin embargo, según los datos que presentaba la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su World Energy Outlook 2004, en lo que va del siglo XXI, el consumo de petróleo a escala mundial se ha incrementado cada año: en 2001, 77.3 millones de barriles diarios (Mb/d); 77.9 Mb/d en 2002; 79.8 Mb/d en 2003; 82.5 Mb/d en 2004. Anualmente consumimos hoy más de 30.000 millones de barriles y los descubrimientos han caído a 4.000 millones de barriles anuales. En el mismo informe citado de la AIE, ésta prevé que en 2030 la demanda mundial de petróleo será de 121 millones de barriles anuales, lo que requerirá incrementar la producción en 37 Mb/d durante los próximos 25 años, de los cuales 25 Mb/d deberían proceder de yacimientos que tienen que ser descubiertos. Pero parece estar ya muy generalizada la opinión de que el punto culminante de los descubrimientos a nivel global fue alcanzado durante la década de los años 60. El gran descubrimiento de campos petrolíferos más reciente fue en el Mar del Norte, en 1969, que contiene unos 60.000 millones de barriles. En 1999, la producción del Mar del Norte alcanzó su máximo con 6 mb/d. Según lo que acabamos de calcular para los próximos 25 años, deberían de descubrirse cuatro nuevos yacimientos del tamaño del Mar del Norte. Sin embargo, hoy en día sólo se descubre un barril de petróleo por cada tres o cuatro consumidos.

 

Otro problema relevante es la antigüedad de los yacimientos; la experiencia de los yacimientos existentes sugiere que éstos alcanzan la producción máxima de 25 a 45 años después de su descubrimiento y a partir de ese momento la producción tiende a caer, como lo hace hoy en día con una extracción menor de aproximadamente un 5% cada año. No está de más señalar también que actualmente la mayor parte del petróleo que consumimos procede de campos de extracción que tienen más de treinta años de existencia. El catedrático de física en la Universidad de Uppsala (Suecia) y presidente de la Asociación para el Estudio del Cenit del Petróleo y del Gas Natural (ASPO), Kjell Aleklett, añade sobre este tema que “excluyendo los campos petrolíferos de aguas marinas profundas, la extracción está disminuyendo en 54 de los 65 grandes países productores de petróleo del mundo. Indonesia, país miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), no sólo no puede producir suficiente petróleo para cubrir su cuota de producción, sino que ya ni siquiera puede extraer lo suficiente para su consumo doméstico. Indonesia es hoy un país importador de petróleo. Dentro de seis años, otros cinco países alcanzarán el cenit. Solo unos pocos países –Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Kazajistán y Bolivia– tienen potencial para extraer más petróleo que antes. En 2010, la extracción de estos países y de los campos en aguas marinas profundas tendrá que compensar la disminución en 59 países y el aumento de la demanda en el resto del mundo”. Son estos hechos, además de lo citado anteriormente acerca del incremento del consumo y de la disminución de los descubrimientos de nuevos yacimientos petrolíferos, así como la imparable emergencia de países en vías de desarrollo en la economía global, como son China y la India, los que han hecho que salte la voz de alarma sobre la posible cercanía del cenit del petróleo. Todo ello se ha visto claramente reflejado en el alza de los precios del crudo durante los últimos años, lo cual también ha contribuido a aumentar esa inquietud, especialmente tras declaraciones como las de los analistas de Goldmann Sachs, sugiriendo que el precio del barril de crudo podría llegar a alcanzar valores superiores a los 100 dólares el barril en un futuro no muy lejano.

 

 

                Como con cualquier otro asunto, existen acerca del cenit del petróleo opiniones muy diversas, pero la opinión predominante entre los expertos es que estamos relativamente cerca de que la producción petrolífera mundial alcance su máximo y comience a descender, dándose así el fin definitivo del petróleo barato y en abundancia como solía haber durante los años 60 del siglo XX. No es tampoco la primera vez que se habla de cenit del petróleo; el primero en hablar de ello, o al menos el primero en hacer famosa la noción del cenit petrolífero, fue el geólogo M. King Hubbert, quien a mediados del siglo XX logró pronosticar el cenit petrolífero de los Estados Unidos mediante una curva en forma de campana que reflejaba la vida de un yacimiento o incluso de la producción de petróleo de un país; sube la producción, llega a una meseta y luego cae inevitablemente hasta que deja de extraerse el recurso. Sin embargo, Hubbert se equivocó al pronosticar que el cenit mundial llegaría en la década de los 90 debido a que su metodología ignoró la subida del precio del barril de crudo durante los años 70 y 80, que redujo los efectos de agotamiento del recurso. Unos años más tarde, concretamente en marzo de 1998, la revista Scientific American publicaba un artículo con el título “El final del petróleo barato”, en el que os geólogos Colin Campbell y Jean Laherrère advirtieron: “El mundo no se está quedando sin petróleo – al menos aún no –. Lo que nuestras sociedades encararán, y pronto, es el fin del petróleo abundante y barato del que dependen todas las naciones industriales”.

 

 

 

Existen también muchas opiniones divergentes como la de Red Cavaney, presidente del American Petroleum Institute, una organización empresarial del sector, quien a pesar de reconocer que el petróleo es un recurso finito, recuerda que desde finales del siglo XIX se han pronosticado sucesivos desabastecimientos del crudo y sin embargo siempre han sido erróneos por no considerar las mejoras tecnológicas posteriores en la extracción del recurso. Por ello, Cavaney considera que la escasez que se prevé tan cerca temporalmente no sería tal con mayores mejoras tecnológicas de extracción aumentando así su eficiencia, que facilitarían a su vez los descubrimientos de nuevos yacimientos. En referencia al informe World Petroleum Assessment del año 2000 del Centro Geológico de EE UU (USGS), señala que “puesto que el petróleo es la fuente más importante desde hace cerca de 100 años, se han extraído 539.000 millones de barriles de petróleo fuera de Estados Unidos. El USGS estima que hay otros 649.000 millones de barriles de petróleo sin descubrir y técnicamente recuperables fuera de Estados Unidos. Pero, y lo más importante, el USGS también estima que hay otros 612.000 millones de barriles adicionales por el “aumento de las reservas en los yacimientos conocidos”, cifra que casi iguala a los recursos sin descubrir”. Para Cavaney, y algunos otros más, el cenit del petróleo no es más que un mito recurrente. Pero estos argumentos parecen desvanecerse cuando una empresa como el gigante petrolero Chevron Corporation ha emprendido desde hace un año en Estados Unidos una campaña publicitaria titulada “Will you join us?” (“¿Quieres unirte a nosotros?”), en cuyos anuncios se puede leer claramente: “Una cosa está clara: la era del petróleo fácil ha terminado. Así que comencemos el debate: ¿cómo cubriremos la demanda del mundo entero en este siglo y el siguiente”.

 

 

¿Cuándo ocurrirá el cenit del petróleo? Según la Asociación para el Estudio del Cenit del Petróleo y el Gas (ASPO), creada en el año 2000 por Campbell, ocurrirá antes de 2010. En palabras del actual presidente del ASPO, el anteriormente mencionado Aleklett, “El año exacto del máximo apogeo del petróleo dependerá mucho de la futura demanda y no sabremos cuándo hemos alcanzado el cenit hasta que hayamos cruzado el umbral. Ocurrirá indudablemente antes de 2020”. En palabras de Robert K. Kaufmann, catedrático del Center for Energy & Environmental Studies de la Universidad de Boston, y consultor de la Japan National Oil Corporation, el Banco Central Europeo y el gobierno de EE UU, “las estimaciones optimistas sobre la cantidad de petróleo que queda sólo posponen el cenit ligeramente. Dado este hecho, puedo decir con confianza que el cenit de la producción petrolífera mundial ocurrirá durante el curso de mi vida (tengo 48 años)”. Lo trascendente sin embargo está mucho más allá de la fecha; ocurra cuando ocurra, parece más que probable que llegará un momento no muy lejano a partir del cual la producción de petróleo ya no va a poder incrementarse de forma significativa, y en cualquier caso la tendencia esperada para los próximos años es que comience a disminuir. Si así fuera, el planeta se encontraría entonces a las puertas de un fenómeno que podría provocar un cambio económico y social sin precedentes

               

 

En cualquier caso, lo que sí es indiscutible es el hecho de que se está produciendo un intenso proceso de integración progresiva en la economía mundial por parte de ciertos países en vías de desarrollo, cuyas economías están creciendo a la par que su consumo energético y por lo tanto, en mayor o menor medida, en su consumo de petróleo. Es el caso de China, país en vías de desarrollo con una población de más de 1300 millones, el equivalente a prácticamente una cuarta parte de la población mundial. La economía china ha experimentado un crecimiento medio anual del PIB en torno al 9 por ciento durante la última década y se estima que seguirá creciendo de la misma forma durante los próximos años, empezando por el hecho de que el objetivo del gobierno chino es obtener un crecimiento medio anual del PIB del 7,5 por ciento durante los próximos cinco años. Actualmente la economía China está creciendo con una tasa del 10% y consume 6,7 millones de barriles diarios, lo cual supone un 8% del petróleo mundial, y el gobierno chino considera que es justo, en términos de porcentaje poblacional mundial, que llegue a alcanzar el 21%, es decir 17,6 millones de barriles diarios; es importante señalar que Estados Unidos, con únicamente el 5% de la población mundial, consume el 25% del petróleo. Además, China ya importa 3 millones de barriles diarios y se estima que estas importaciones se incrementarán en un 100% a partir del 2009, y todo esto a pesar de estar construyendo la mayor presa hidroeléctrica del mundo. Habiendo eclipsado recientemente el consumo de petróleo de Japón, China se erige ahora en segundo lugar solamente por detrás de Estados Unidos, a quien está afectando más directamente el crecimiento chino en su balanza comercial.

 

Resulta también interesante recordar, con respecto a este asunto lo que ocurrió el año pasado cuando la Chinese National Offshore Oil Corporation (CNOOC), propiedad en un 70% del gobierno Chino, realizó una oferta de 18,5 miles de millones de dólares por la adquisición de la Union Oil Company de California, compañía propietaria de sustanciosas reservas de petróleo y gas en Asia, establecida en Estados Unidos y actualmente denominada Unocal. La oferta superó la realizada por la poderosa americana Chevron. Ambos hechos resultaron altamente significativos en términos político-económicos; tanto que provocó un intenso debate y una fuerte resistencia en Washington, especialmente por parte de los conservadores americanos, quienes convirtieron el tema en un asunto de seguridad nacional en tanto y en cuanto se corría el riesgo de perder control sobre una materia prima vital para funcionamiento del país. “China esta siguiendo una estrategia nacional de dominación de los mercados energéticos y dominio estratégico de oeste del Pacifico” aseguró el antiguo Director de la CIA R. James Woolsey ante el Comité de Defensa del Senado en julio 2005, argumentando posteriormente que dicha política se vería reforzada por la adquisición de Unocal por parte de CNOOC. De esta forma la Cámara de Representantes adoptó una resolución declarando que la absorción de Unocal por parte de CNOOC podía “perjudicar la seguridad nacional de EE.UU.” y por esta razón debía ser prohibida por el Presidente bajo los términos del Acto de Producción de Defensa de 1950, una ley diseñada durante la Guerra Fría para evitar la afluencia de tecnologías avanzadas a la Unión Soviética y sus aliados.

 

 

¿Qué ocurrirá entonces? Si tal como lo llevan prediciendo los expertos, el petróleo empieza a escasear cada vez más, lo primero que nos viene a la mente, por principios básicos de economía, es que el barril de crudo será cada día más caro. En los últimos dos años hemos podido ir observando como el precio del barril de petróleo ha ido incrementándose de forma algo preocupante, especialmente en estos últimos meses en los cual el precio del barril de crudo ha ido batiendo sus propios record, llegando a alcanzar máximos históricos por encima de los 75 dólares el barril. En este caso, sin embargo, más que a una escasez inmediata de los recursos, las causas han sido una serie de circunstancias como la tensión generada entre Irán y la comunidad internacional por el programa nuclear iraní, debido a los rumores sobre un posible bombardeo selectivo de los Estados Unidos contra Irán, cuarto productor mundial de crudo y segundo de la OPEP, pudiendo así causar problemas de desabastecimiento de los mercados, y por el recorte de alrededor del 20 por ciento de la producción diaria de petróleo en Nigeria, principal exportador de Africa y octavo productor mundial, a causa de los reiterados ataques a instalaciones en el Delta del Níger desde comienzos de año. El precio se vio por tanto afectado por la previsión futura de dicha escasez; pero de la misma forma ocurrió durante la crisis del 73 y se produjo un fuerte estancamiento de la producción en general, sumado a un notable incremento de la inflación, conociéndose este fenómeno como estanflación. En la situación actual, el Fondo Monetario Internacional (FMI) señala en su World Economic Outlook (Perspectivas de la Economía Mundial) de abril de 2006 que el impacto del encarecimiento de los hidrocarburos en la economía mundial ha sido más leve, en gran parte gracias al afianzamiento de la credibilidad y de los marcos monetarios, lo cual ha evitado tales subidas de los tipos de interés, sumado a una mayor integración financiera que permite que los países exportadores de petróleo almacenen gran liquidez en los mercados financieros internacionales compensando en parte los desequilibrios, y en general gracias a la mayor competencia existente en los mercados hoy en día. Sin embargo, no se puede negar la gran correlación positiva existente entre el precio del petróleo y los precios de los bienes y servicios. El 70 por ciento del consumo de petróleo proviene del transporte, desde el transporte de mercancías, ya sean materias primas, productos en curso o finalizados, hasta el transporte público o individual. Por ello no es de extrañar que entre finales de 2004 y principios de 2005 algunos países experimentaran ya complicaciones económicas e incluso sociopolíticas por el aumento del costo del hidrocarburo. Es el caso de Alemania, Italia y Japón, los cuales tuvieron que destinar más recursos para importar crudo, lo que al combinarse con un bajo nivel de consumo interno y creación de empleos provocó una contracción económica en el cuarto trimestre de 2004. En cuanto a la economía española, el pasado 19 de abril de 2006, el ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, señalaba que la subida del precio internacional del petróleo es dañina para la economía española, tanto en términos de inflación como de crecimiento. Esto nos lleva a pensar que por mucho que desde el FMI se asegure que el impacto actual del incremento del coste de los hidrocarburos sea más leve, no parece que la economía mundial pueda soportar el mantenimiento al alza o el incremento de dichos precios durante mucho tiempo.

 

Es también de destacar la descripción del momento del cénit que el catedrático de Estudios sobre Paz y Seguridad Mundial en el Colegio Hampshire, Michael T. Klare, el cual afirma que “experimentaremos ese pico de producción como algo más parecido a una meseta rocosa, un amplio periodo de tiempo, quizás varias décadas, durante las cuales la producción de petróleo mundial permanecerá a los mismos o parecidos niveles actuales, pero que no logrará conseguir la elevada producción estimada necesaria para satisfacer las futuras demandas mundiales. Los resultados serán altos precios permanentes, intensa competición internacional por los suministros disponibles, y escasez periódica causada por tensiones políticas y sociales en los países productores”. No hace falta ser experto en la materia ni catedrático de universidad para percibir un cierto símil entre esta descripción y nuestra realidad diaria, aunque se trataría en este caso de un notable agravamiento de la situación. Sin embargo debemos de ir un poco más allá  del qué e indagar un poco más en el porqué. El petróleo es un recurso que se extrae y se refina fácilmente, lo cual hace que genere un gran excedente energético, es decir una importante diferencia entre la energía obtenida y la energía consumida para obtenerla. Y es este excedente de energía el que “acciona los sectores no energéticos de la economía, como las mercancías que se importan y se exportan a bajo coste adicional, las personas que pueden vivir lejos del lugar de trabajo, y una fracción muy pequeña de la fuerza de trabajo puede alimentar a los que producen las mercancías y los servicios que asociamos con la modernidad”, como señala el ya citado Kaufmann. Tras el cenit de la producción de petróleo todo esto cambiará, cada barril de crudo que se extraiga requerirá más energía, dejando menos excedente al resto de sectores de la economía.

 

Finalmente, no podemos, ni deberíamos, tratar el problema de la energía sin hablar de medioambiente, empezando por el simple hecho de que los distintos tipos de energía que utilizamos provienen directa o indirectamente de los recursos naturales existentes en nuestro planeta. Tanto el petróleo como el gas natural y el carbón, son todos ellos combustibles fósiles; mezclas de compuestos orgánicos que se extraen del subsuelo con el objeto de producir energía por combustión y que son finitos y no renovables ya que necesitan de millones de años para formarse. Según un gran número de informes emitidos por numerosos científicos pertenecientes a esta área del conocimiento, la utilización de combustibles fósiles es responsable del aumento de emisión a la atmósfera de dióxido de carbono, gas que contribuye al aumento del efecto invernadero y al calentamiento global. Para José Santamarta, director y fundador de la revista Gaia, especializada en temas ambientales, y de la edición en español de la revista World Watch, en vistas al incremento constante del consumo de energía, en un 80% procedente de combustibles fósiles, afirma que “la producción, transformación y consumo final de tal cantidad de energía es la causa principal de la degradación ambiental”. Señala además que “el consumo está muy desigualmente repartido, pues los países de la OCDE, con el 15% de la población mundial, consumen el 60% de la energía, factor este último a tener en cuenta a la hora de repartir responsabilidades de la crisis ambiental”.

 

 

 

               

 Gráfico: Producción mundial de petróleo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conclusión

 

 

                El petróleo se ha convertido para nuestra sociedad en una droga desde el momento en que lo descubrimos, siendo sus efectos satisfactorios su cualidad energética que nos permite producir en grandes cantidades, calentar nuestros hogares en invierno, así como enfriarlos en verano, la que nos permite no tener que vivir en el mismo lugar que nuestro lugar de trabajo, y explorar nuevos horizontes, etc. Sin embargo, como toda droga tiene también efectos secundarios, siendo el más grave la fuerte dependencia que nos crea, además de los efectos nocivos que produce sobre nuestra salud; en este caso la salud de nuestro planeta. Hoy no sólo corre peligro nuestra atmósfera, sino todo lo que nos rodea, nuestro ecosistema, e incluso nosotros mismos ya no solo en lo que a nuestra salud se refiere, sino en cuanto a la beligerancia que nuestra adicción conlleva.

 

Ahora nos tenemos que enfrentar al hecho de que esta “droga” se acaba; por ello, aunque sólo sea por nuestra adicción, debemos de encontrar un sustituto. Es necesario encontrar un modelo energético basado en unos recursos más baratos y accesibles a todas las poblaciones del planeta, que no genere tantos problemas en la gobernabilidad de los Estados ni distorsione constantemente las relaciones internacionales; pero tan eficiente, en términos de excedentes energéticos, como el petróleo. Sin embargo, debemos abogar por un modelo energético basado en energías sostenibles en términos medioambientales y no dependientes de recursos limitados, evitando así los conflictos que se puedan derivar de su escasez. Por lo tanto, la alternativa que parece más viable en este sentido es la combinación de energías renovables, principalmente la solar y la eólica, y la producción de hidrógeno. Resulta fundamental que en los próximos años, y antes de que pueda llegar el cenit global de la producción petrolífera, los gobiernos hagan una apuesta férrea por esta vía. Mientras tanto, el ahorro energético nos dará un mayor margen, tanto para la investigación como para nuestro entorno.


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