Respondiendo a:
6 de diciembre de 2011
Ustedes imagínense que están en la llanura de Balaclava, con el regimiento formado ante infinitos enemigos, y se llega el general hasta ustedes, y les pide valor y sacrificio, y a continuación se pone a sollozar. ¿Qué dirían ustedes en el trance? Pues evidentemente que, «¡Ay madre!, ¡de esta no salgo! Llegó mi hora.». Que el jefe pierda los nervios ante la tropa es de pésimo efecto, porque muestra no solo que es un pusilánime con más miedo que vergüenza, sino que la orden es dura, suicida e (...)