Entrevista al descubridor de la primera vacuna química contra la malaria - Lunes.9 de octubre de 2006 - 2 comentario(s)

Manuel Elkin Patarroyo es el descubridor de la primera vacuna química de la malaria (ver artículo sobre el tema en Tortuga), fórmula en la que ahora trabaja para perfeccionarla. Su trayectoria profesional le valió, en 1994, el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica. Pero por encima del médico, del investigador, está el ser humano. Patarroyo cita constantemente a sus padres y cómo estos le empujaron a cumplir siempre con sus sueños. «Pueden si creen que pueden», dice. Ha estado tres veces nominado para el Premio Nobel. Los que lo conocen, aunque sea sólo de una sola charla, no dudan en asegurar: «Conseguirá la vacuna y el Nobel».

- Su carrera, su trabajo, son amplísimos.

- Lo que le queda a uno es lo que logró hacer, esa satisfacción. Dejar un mundo mejor siempre ha sido mi bandera. Y hay tanto odio... que no tiene lógica. Debe surgir un movimiento de gente que trabaje por el respeto, la paz... Un movimiento social. Como decía Gandhi: Ojo por ojo y el mundo acabará ciego. Hay que evitar la teoría del ojo por ojo. Ningún argumento económico, ni social ni político justifica la muerte de una persona. Ese ha sido mi lema. Debemos tratar de dejar a nuestros descendientes un mundo mejor. En mi país me piden que dé conferencias en los colegios y los padres, a la salida, me dicen que quieren que sus hijos sean como yo, y yo pienso: «¿Empecemos por ustedes!». Es que hay que predicar con el ejemplo.

- Para lograr ese cambio, ese movimiento social para dejar esa herencia, ¿el camino es estudiar?

- Sí, mucho. Sólo duermo cuatro horas. Me despierto a las tres y media de la madrugada y estudio hasta las seis y media y a las siete y media me voy al instituto, a trabajar. Disciplina de trabajo, estudio y pensamiento. Ese es el trípode. Eso es lo que hago. Termino de trabajar a las nueve y media de la noche y me voy a casa y sigo leyendo y sobre las once y media me acuesto.

- ¿Ese trabajo es el que le llevó a lograr la primera vacuna química de la malaria?

- Desde los 8 añitos ya supe que quería encontrar vacunas. Lo que se debe hacer siempre es seguir el camino de sus sueños, luchar por ellos y realizarlos. Mis padres me regalaron unos tebeos y el primero era de Luis Pasteur y cuando me vieron entusiasmado con la lectura me regalaron más. Entonces ya tenía claro que quería ser científico para hacer vacunas. Se forjó mi imaginación infantil. Me volví el mejor estudiante del colegio, destacaba en toda la parte de ciencia y eso me ayudó a organizar una estructura de personalidad. Sabía, además, que debía estar preparado también físicamente para aguantar la paliza que se me venía si conseguía lo que me proponía. Y no me equivoqué.

- Usted recorre el mundo y hoy (por ayer) ha parado en Alicante.

- Estoy en unos quince días que son todo un periplo, dando conferencias. Todos quieren hablar conmigo y hay que hablar con todos y eso tiene una función sensibilizadora, de acercar la ciencia. Aprovecho para expresar mi gratitud a Alicante, muy especialmente a Rosa Ana Cremades. Es muy significativo que un político esté en los actos científicos.

- La ciencia ha evolucionado mucho, hoy en día...

- El mundo es tan competitivo... Todo tiene un componente histórico gestado hace cuatro siglos con la reforma religiosa. Se empujó todo aquello que cuestionaba el oscurantismo de la Iglesia y mira dónde hemos llegado. El acceso al conocimiento hoy es tan inmediato que va a permitir que se equilibre la balanza. En una universidad ya no hace falta que haya una gran biblioteca, sino muchos ordenadores para que todos los alumnos puedan acceder a ella.

- ¿Ha sido difícil su camino, su carrera?

- Cuando tienes claridad de ideas, el éxito está a la vuelta de la esquina, casi te tropiezas con la solución. ¿Problemas e inconvenientes? Todos, pero angustia, no, porque no dudé nunca. Tiene que haber obstáculos porque uno sabrá después que sí luchó. Así, la segunda norma en casa es: «Lucha hijo, todo es legítimo mientras no se haga daño a nadie». La satisfacción es lo que queda.

- ¿Qué está haciendo ahora?

- (Ríe) No paro, sigo. Estamos tratando en llevar la nueva vacuna de la malaria a más del 95% de efectividad en una sola dosis. La primera funcionó del 30% al 50% en personas mayores de un año, porque antes el sistema está inmaduro. Estamos en proceso de experimentación muy bueno y queremos lograr defensas o anticuerpos por un largo tiempo. Por ejemplo, se vacuna a una mujer embarazada de seis meses y nace el bebé protegido hasta los seis meses a través de la placenta. No creo que lo pueda resolver rápido pero soy optimista.

-¿Está trabajando en más vacunas?

- Sí. Vacunas para la tuberculosis, también para el cáncer de útero y para el cáncer del sistema linfático. Pero lo más importante es encontrar un marco conceptual nuevo para desarrollar cualquier vacuna. Es una revolución absoluta. Hay que buscar una manera racional lógica. Nosotros podemos generar nuevas ideas que puedan revolucionar el mundo.

- Por la calle se ve a niños absortos en su videojuegos portátiles, no es alentador, ¿qué está pasando?

- Toca trabajar desde los niños, mira mi caso. Me propuse desde los 11 años desarrollar vacunas químicamente. Mis padres me generaron el vicio de la lectura. Te quiero decir que hay que estar atentos a los niños y dirigir sus reflejos. La educación es en casa y la instrucción, en el colegio. En casa se inculcan los principios, los valores y las actitudes, no en el colegio. En casa se nutren los sueños. Yo eso lo tuve en casa en exceso y mis padres me lo nutrieron.

- Sus padres despertaron en usted algo, el germen de una carrera que iba a ser exitosa.

- Vengo de una familia humilde, éramos once hijos, de los que diez somos doctores, cinco en Medicina: «Pueden porque creen que pueden». Pero es más fácil fracasar, porque para eso siempre hay explicaciones. Las reglas del éxito no son difíciles: tener una idea clara, buenas intenciones y luchar. Estuve tres veces propuesto para el premio Nobel, pero no creo tener una neurona más que otros. Conozco a los genios de este siglo y no les he visto hacer ninguna genialidad. Lo que hacen es trabajar y luchar. No hay más y eso es lo que toca enseñar a los niños.

- Pero hay personas que tienen un talento especial para hacer ciertas cosas.

- El talento está distribuido en todos los seres humanos, lo que varían son las circunstancias, las condiciones para desarrollar ese talento. Yo no tengo ningún don. Es simplista decir: «Patarroyo es un genio», quien lo dice lo hace para él no hacer nada. No es una cuestión de coeficiente intelectual. Todos somos genéticamente diferentes, cada uno tiene unos legítimos sueños.

(Entrevista aparecida en el diario "La Verdad")

Comentar este artículo
Nota: los comentarios podran ser eliminados segun nuestros criterios de moderacion