J.A. CONCA. 27.03.2008
Kiko Martínez trató de internarse en el cuartel general de la OTAN.
Fue detenido y esposado durante seis horas.
El Grupo Tortuga de Elche, al que pertenece Martínez, es el único que queda en la provincia.
A su vuelta de Bruselas, el ilicitano Kiko Martínez destaca por encima de todo un detalle de su reciente experiencia: “el nivel de organización que hemos visto”. Cerca de un millar de manifestantes, entre los que se encontraba Martínez, se congregaron en la capital belga a fin de internarse pacíficamente en las instalaciones del cuartel general de la OTAN y durante esos días no faltaron “los seminarios, debates y comidas a precios especiales, también aquellas veganas dispuestas para el que lo quisiera”.
Posibilidad de hasta 5 años de cárcel
Pero aún más preparados que los protestantes estaban las fuerzas del orden que cumplieron con la misión de impedir su acceso al enorme recinto militar. “En la zona a la que acudimos los españoles la policía se empleó muy violentamente”, señala Martínez, quien fue detenido y esposado durante seis horas. Aún así estuvo tranquilo, la organización de la protesta había previsto la defensa legal: “tribunales europeos han determinado que si la acción impide un mal mayor, como la instalación de armas nucleares, nuestra protesta no constituye delito”. Sin embargo, también es cierto que un veredicto contrario podría saldarse con 1 a 5 años de cárcel.
A fin de detener la invasión antimilitarista, la policía belga se valió de perros adiestrados y cañones de agua, además de emplearse contundentemente contra aquellos que había conseguido situar escaleras en la verja de protección y alfombras sobre las alambradas. Finalmente fueron cerca de un centenar los detenidos, aunque no se tiene constancia de que se vayan a emprender acciones punitivas contra ellos. Eso sí, el objetivo mediático se ha logrado y la protesta ha abierto portadas y telediarios de “Bélgica, Alemania y Luxemburgo”.
Estas manifestaciones, muy espectaculares y controvertidas, son seguramente la acción más llamativa de las que emplean los integrantes del ilicitano Grupo Tortuga , el único colectivo antimilitarista que ha quedado en la provincia tras la desaparición o adaptación de los MOC, Movimientos de Objeción de Conciencia, que en las décadas pasadas presionaron hasta lograr la desaparición del Servicio Militar obligatorio.
Más cercanas que la protesta de este fin de semana, que a los españoles costó “más de veinte horas de trayecto en coche”, han sido las concentraciones en IFA con motivo de la presencia de las Fuerzas Armadas en la feria EducaEmpleo o las acciones a favor de la “desmilitarización del territorio”, en especial referencia a la implantación de bases de la OTAN en Bétera (Valencia) o del Eurocopter en Albacete. Igualmente el Grupo Tortuga es organizador de las marchas hacia la estación de radares de Aitana, instalación alicantina cuyo futuro uso civil está siendo planteado en estos días por las administraciones públicas.
Otra de las medidas más difundidas, tal y como nos cuenta el activista Paco Muñoz, es “la de objeción fiscal” por la que alrededor de un 10,5% del impuesto de la Renta “lo ingresamos directamente en ONGs a fin de que no sea destinado a la financiación militar”. Estas y otras iniciativas son difundidas por los integrantes del colectivo en su web y, cuando son reclamados, en centros educativos de Elche y otras localidades cercanas, unas charlas a las que ahora también se podrá sumar la experiencia vivida por Kiko.
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