La vieja idea de que el espacio es libre puede haber llegado a su fin con la nueva Política Nacional del Espacio que ha aprobado el Gobierno de George W. Bush. En ella somete las actividades espaciales a su política de seguridad nacional, reservándose el derecho a negar el acceso a cualquiera que resulte «hostil a los intereses de EE UU».
En Washington, donde la mayor parte de los funcionarios los viernes pasan de puntillas por las oficinas, los anuncios que se quieren deslizar inadvertidamente se llevan a cabo ese día por la tarde. La revisión sobre política espacial se firmó sin anuncio público el pasado viernes -en medio del puente del 12 de octubre- lo que explica que hasta que lo desenterró ayer el diario ’The Washington Post’ no tuvo ningún eco. La razón de tan bajo perfil es que para algunos expertos la nueva política empuja una delicada puerta: la de la militarización del espacio.
Nadie disputa la ventaja estadounidense en el desarrollo de tecnología espacial, pero con la propiedad de satélites y aparatos sensibles ha llegado también la sensación de que haya que protegerlos. La inteligencia, las estrategias militares y hasta las comunicaciones civiles dependen cada vez más de los satélites que muchos creen vulnerables a ataques enemigos.
Esa preocupación aumentó el mes pasado cuando el director de la oficina Nacional de Reconocimiento, Donald Kerr, dijo a la prensa que China había iluminado un satélite estadounidense con láser. La semana pasada, el Pentágono, que dirige Donald Rumsfeld, se declaró incapaz de determinar cuáles eran las intenciones, pero una de las sospechas es que tratase de alterar su funcionamiento.
La directora del Centro de Información de Defensa, Teresa Hitchens, observó durante una entrevista en la radio de ’The Washington Post’ que hay una serie de opciones no militares, como la de encriptar las señales u otras medidas tecnológicas que protegerían los satélites sin necesidad de desatar una carrera armamentista. Algo muy delicado que, según advirtió, llenaría el espacio de basura cuyo impacto puede ser aún más peligroso que el de las armas.
Recelos internacionales
El Gobierno estadounidense es rotundo a la hora de negar que la nueva política tenga que ver con el desarrollo o despliegue de armas nucleares. Pero los analistas consideran que desatará sospechas internacionales y alentará a otros países a seguirle si creen que está realizando pruebas para el despliegue de armamento espacial.
En el documento, que también incentiva a la empresa privada para conquistar el espacio, se prohíben futuros acuerdos armamentísticos que puedan limitar la flexibilidad estadounidense en la galaxia. «La libertad de acción en el espacio es tan importante para EE UU como su poder aéreo o naval», recoge el documento. Según el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, Frederik Jones, el texto «refleja el hecho de que el espacio se ha convertido en un componente, incluso más importante de lo que era, para la economía y la seguridad estadounidense».
Algunos expertos creen que fue el Gobierno de Bill Clinton hace diez años el que abrió la puerta a la militarización espacial, con la política que ahora se actualiza. Sin embargo, ’The Washington Post’ señala que entonces los objetivos se establecían como «mejorar el conocimiento de la Tierra, el sistema solar y el universo a través de la exploración humana y robótica» así como «fortalecer y mantener la seguridad nacional de Estados Unidos».
Por contra, la meta que se establece esta vez es «fortalecer el liderazgo de la nación en el espacio y asegurarse de que las capacidades espaciales están disponibles a tiempo para ayudar a los objetivos de política exterior, Seguridad Nacional y Seguridad Doméstica», así como «permitir operaciones destrabadas en y a través del espacio para defender nuestros intereses allí».
(Noticia aparecida en el diario "La Verdad")
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